Psicología

Yvonne Castañeda, terapeuta: “Has intentado hablar con tus padres y siempre sale mal; el perdón es complicado pero no imposible”

Las heridas que los progenitores pueden generar en sus hijos necesitan ser reconocidas o validades para que estos puedan seguir adelante.

Redactora de Tikitakas
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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Perdonar a los padres es una de las tareas emocionales más profundas y desafiantes a las que se puede enfrentar una persona. Desde la psicología, este proceso no se entiende como un acto simple ni obligatorio, sino como un camino personal que implica comprender, elaborar y, en algunos casos, transformar el vínculo con quienes nos cuidaron o no pudieron hacerlo en la infancia.

En perdón no equivale a justificar el daño, negar el dolor ni olvidar lo ocurrido. Perdonar implica reducir la carga emocional negativa asociada a una experiencia, especialmente emociones persistentes como el rencor, la ira o la culpa. Investigaciones en psicología clínica y de la salud muestran que sostener estas emociones de manera crónica puede afectar el bienestar emocional, las relaciones y hasta la salud física.

Cuando se trata de los padres, el perdón adquiere una dimensión particular porque ellos representan figuras de apego primarias. Las heridas que provienen de estas relaciones suelen ser tempranas y profundas, y pueden influir en la autoestima, la regulación emocional y la forma de vincularse en la adultez. Pero no siempre es fácil abordar estas sensaciones con los padres: “Lo que puede complicarlo aún más es cuando tienes un padre o madre que se atribuye el mérito de todos tus logros pero nunca acepta la responsabilidad de los desafíos que enfrentas ahora como adulto. Después de todo, tal vez nunca abusó físicamente de ti, nunca te faltó nada y cree que hizo lo mejor que pudo”, explica la terapeuta Yvonne Castañeda en un artículo en el portal Phychology Today.

“Y todo eso puede ser cierto, pero aun así no cancela todas las otras cosas que recuerdas, como que tus padres a menudo estaban estresados y enojados, o cómo ambos padres abusaban verbal y físicamente el uno del otro. Tal vez te usaron como peón durante su divorcio, o uno de los padres criticó abiertamente al otro y viceversa. Quizás uno de tus padres tenía cambios de humor impredecibles y aterradores que te aterrorizaban, o te gritaban constantemente por llorar. Tal vez te compararon mucho con tus hermanos o sentías que nada de lo que hacías era lo suficientemente bueno. Es posible que muchas veces hayas sentido soledad y abandono, pero te dijeron repetidamente que agradecieras la vida que tienes. ‘Hago todo por ti y he hecho muchos sacrificios para que puedas tener una vida mejor’”, agrega.

La conversación

Tener una conversación incómoda con los padres se complica en algunos casos: “Has intentado hablar con tus padres y siempre sale terriblemente mal. Niegan audazmente haber actuado mal y dan un giro a la conversación, lo que te hace sentir culpable. ‘Bien, entonces fui una madre horrible. Lo entiendo. No hice nada bien’. Desestiman tu perspectiva y niegan lo que estás diciendo. ‘Oh, no estuvo tan mal, deja de exagerar’. ‘No sé de qué estás hablando, nunca dije esas cosas’. ‘No seas ridículo, nunca hice eso, eso nunca sucedió’. Te juzgan por mencionarlo. ‘Por el amor de Dios, eso fue hace mucho tiempo. ¿No puedes simplemente superarlo? ¿Qué te pasa?’. Se disculpan pero luego se retractan. ‘Bien, lo siento, pero tú tampoco eras un ángel’. Compiten con tus experiencias. ‘No deberías quejarte, mi vida era mucho peor’”, pueden ser algunas de las reacciones de los padres, tal como relata la terapeuta.

“Has intentado varias veces mantener una conversación, pero el resultado sigue siendo el mismo. Todos te dicen que debes perdonarlos, que debes dejar de lado la ira y el resentimiento, pero no puedes. Necesitas una disculpa”, sigue. “Algunos pacientes sienten que no podrán seguir adelante a menos que sus padres vean la herida y reconozcan que ellos podrían haberla causado”.

Qué hacer

En estos casos, acudir a terapia no ayuda en el sentido de cambiar a nuestro familiar, e incluso resultará frustrante al entender que el cambio ha de hacerlo uno mismo. Para ello, es fundamental dar espacio a las emociones e identificarlas. Y, por qué no, ahondar en las de los padres y su propia historia vital, saber cómo llegaron a ese punto para empatizar y entender, lo que no significa que nuestros propios sentimientos no sean válidos.

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A veces, en estos casos, no es necesario un perdón ni una disculpa, sino que basta con reconocer la herida, cómo te lastimaron, lo que puede llevar incluso a establecer un vínculo más fuerte con ellos si cabe. “El perdón puede parecer complicado y confuso, pero no es imposible. El tiempo que te lleve llegar a un punto en el que puedas perdonar sin exigir disculpas será exclusivo de ti y depende en gran medida de su voluntad de explorar otros caminos hacia una resolución porque, al final, eres la única persona que puede liberarte de una prisión de falta de perdón”, zanja la experta.

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