Xavi Cañellas, experto en psicoinmunología: “El impacto del ayuno no depende solo del tiempo que pasamos sin comer”
Con más de 25 años de experiencia, el divulgador y terapeuta especializado en Psiconeuroinmunología Clínica charla con AS sobre microbiota y ayuno intermitente.
Con una trayectoria de más de dos décadas, Xavi Cañellas se ha consolidado como uno de los referentes en psiconeuroinmunología en España. Graduado en Fisioterapia por la Universidad de Salamanca y con un Máster Europeo en Psiconeuroinmunología Clínica y un Máster en Biología Molecular y Biomedicina por la Universidad de Girona, Cañellas ha combinado la base científica con una intensa labor divulgativa. Es cofundador de Regenera y dirige el Máster en Psiconeuroinmunología Clínica de Regenera University, además de asesorar a deportistas de élite a través de Regenera Élite.
Autor de títulos como ‘Niños santos’, ‘Alimentación prebiótica’ y ‘Tu primer cerebro’, Cañellas defiende una visión integradora de la salud en la que el sistema inmunitario, el sistema nervioso y el entorno dialogan de forma constante. En conversación con AS, profundiza en dos de los temas que más interés despiertan actualmente: el ayuno y la microbiota, analizando qué dice la evidencia científica, cuáles son sus posibles beneficios y qué errores conviene evitar.
¿Qué le llevó a explorar la psiconeuroinmunología clínica?
Me movía una inquietud muy clara: ampliar la mirada sobre la salud más allá de los enfoques tradicionales. En mi práctica clínica veía pacientes con síntomas recurrentes y sentía la necesidad de comprender mejor el porqué de esas disfunciones, no solo intervenir sobre el síntoma.
Quería entender qué estaba ocurriendo en el organismo para que ese cuerpo respondiera así y no de otra manera. La psiconeuroinmunología clínica me ofreció ese marco de comprensión más global. Un modelo que entiende la salud como la interacción continua entre sistema nervioso, sistema inmune, metabolismo, entorno y experiencia vital. No mira procesos aislados, sino cómo los sistemas del organismo se regulan entre sí. Para mí supuso pasar de preguntar ‘¿qué tiene el paciente?’ a preguntarme ‘¿por qué su organismo ha llegado a este estado?’. Y ese cambio transforma la forma de acompañar la salud.
¿Cuál es el mayor error que ve en la divulgación actual sobre salud y nutrición?
El mayor error es simplificar en exceso la biología humana. Buscamos respuestas rápidas a sistemas extremadamente complejos. Hoy la divulgación tiende a reducir la salud a mensajes aislados: un alimento concreto, un suplemento, un hábito, una estrategia universal que supuestamente sirve para todos. Pero el organismo no funciona así. La salud es contexto, adaptación y regulación continua.
Otro problema es transmitir protocolos sin enseñar a comprender el cuerpo. Se habla mucho de qué hacer, pero poco de por qué hacerlo o en qué momento tiene sentido para cada persona. La buena divulgación debería aumentar la comprensión, no solo dar instrucciones. Porque cuando entiendes cómo funciona tu biología, tomas mejores decisiones y necesitas menos recetas externas.
Desde su experiencia clínica, ¿qué ocurre realmente en el cuerpo durante un ayuno bien planteado?
Cuando el ayuno está bien planteado, el organismo activa mecanismos de adaptación metabólica que mejoran la eficiencia en el uso de la energía. El cuerpo aprende a cambiar de combustible con mayor facilidad: pasa de depender principalmente de la glucosa a utilizar grasa almacenada y cuerpos cetónicos como fuente energética.
Esto mejora lo que llamamos flexibilidad metabólica, es decir, la capacidad del organismo para gestionar mejor sus recursos y adaptarse a distintas demandas energéticas. También se optimiza la sensibilidad a la insulina y el uso de los sustratos energéticos. A nivel celular se activan procesos de reparación y reciclaje interno, y a nivel hormonal se producen ajustes que favorecen una regulación más eficiente del metabolismo. Bien aplicado, el ayuno actúa como un estímulo biológico que puede mejorar la capacidad adaptativa del organismo. Pero sus efectos dependen siempre del contexto, del estado fisiológico de la persona y de cómo se implemente.
¿Todo el mundo debería ayunar? ¿Quién NO debería hacerlo?
No. El ayuno no es una herramienta universal ni necesaria para todo el mundo. Es un estímulo biológico que puede ser útil en algunos contextos, pero no siempre es apropiado. Hay situaciones en las que el organismo necesita estabilidad energética y no privación. Por ejemplo, durante el embarazo o la lactancia, en niños y adolescentes en fase de crecimiento, en personas con bajo peso o con trastornos de la conducta alimentaria o antecedentes de ellos.
Tampoco suele ser recomendable en personas con alteraciones importantes del sueño, desregulación hormonal marcada o en momentos de alta carga física o emocional sostenida, donde el cuerpo ya está haciendo un gran esfuerzo de adaptación. El ayuno debe individualizarse siempre. La pregunta no es si el ayuno es bueno o malo, sino si es adecuado para esa persona en ese momento concreto de su vida.
¿Qué papel juega la microbiota en el ayuno?
La microbiota no es un espectador del ayuno, participa activamente en cómo el organismo se adapta a él. Cuando dejamos de comer durante un tiempo, cambia el entorno del intestino y las bacterias intestinales modifican su comportamiento. Algunas utilizan recursos del propio organismo, como el moco intestinal, y otras aumentan la producción de compuestos clave, como los ácidos grasos de cadena corta, que regulan la inflamación, el metabolismo, la barrera intestinal e incluso el apetito.
Además, la microbiota influye directamente en la sensibilidad a la insulina, en la regulación del hambre y en la flexibilidad metabólica. Es decir, condiciona cómo de fácil o difícil resulta para una persona adaptarse al ayuno. En consulta vemos algo muy claro: cuanto mayor es la diversidad y estabilidad de la microbiota, mejor tolerancia suele existir al ayuno y mejor capacidad tiene el organismo para adaptarse al cambio metabólico. Por eso el impacto del ayuno no depende solo del tiempo que pasamos sin comer, sino del ecosistema intestinal que tiene cada persona y de sus hábitos de vida.
Ha hablado mucho sobre microbiota en tus libros. ¿Qué relación hay entre intestino y decisiones alimentarias?
El intestino y el cerebro están en comunicación constante a través del llamado eje intestino-cerebro. La microbiota participa en la producción de neurotransmisores, metabolitos y señales que influyen en el apetito, la saciedad, el estado de ánimo y la conducta alimentaria. Esto significa que nuestras decisiones al comer no dependen solo de la voluntad o del conocimiento nutricional, sino también del estado de nuestro ecosistema intestinal. Una microbiota equilibrada favorece una regulación más estable del hambre y de la respuesta a los alimentos, mientras que una microbiota alterada puede asociarse a mayor impulsividad alimentaria, más antojos o peor regulación del apetito.
También sabemos que las bacterias intestinales se adaptan a lo que comemos y, en cierto modo, condicionan nuestras preferencias alimentarias. Es un diálogo continuo: nosotros alimentamos a la microbiota y ella influye en cómo comemos.
¿El ayuno mejora o perjudica la microbiota? ¿Qué tres hábitos simples mejorarían radicalmente la salud intestinal de la población?
El ayuno no es bueno ni malo para la microbiota por sí mismo. Su efecto depende del contexto metabólico de la persona, de su alimentación habitual y del estado previo de su ecosistema intestinal. En algunos casos puede favorecer procesos de regulación y mejorar ciertos perfiles bacterianos, pero si la microbiota está empobrecida o la alimentación es deficiente, el ayuno por sí solo no va a “arreglarla”. La base siempre es el terreno previo. Si hablamos de impacto real en salud pública, hay tres hábitos mucho más determinantes:
Primero, aumentar la diversidad de alimentos vegetales. Consumir variedad de verduras, frutas, frutos secos, semillas o tubérculos alimenta distintas especies bacterianas y mejora la diversidad intestinal. Segundo, incorporar alimentos fermentados de forma regular, como yogur, kéfir, chucrut o similares, que aportan microorganismos y metabolitos beneficiosos. Y tercero, cuidar los ritmos biológicos, especialmente el descanso y los horarios regulares de comida. La microbiota también tiene ritmo circadiano y se altera cuando vivimos en desorden.
Ahora bien, aunque estos hábitos pueden mejorar la salud intestinal de forma general, la clave siempre es la individualización. Cada persona tiene una microbiota distinta, un contexto distinto y necesidades diferentes, por lo que cualquier estrategia debe adaptarse a su situación concreta.
En deportistas de élite, ¿la microbiota puede marcar diferencias reales en rendimiento o estamos hablando de efectos marginales?
La microbiota puede marcar diferencias reales, especialmente en el deporte de élite, donde pequeños cambios fisiológicos pueden traducirse en grandes resultados. Sabemos que el ecosistema intestinal influye en la eficiencia energética, la inflamación, la recuperación muscular, la función inmunitaria y la tolerancia al esfuerzo. Incluso se han identificado bacterias capaces de utilizar el lactato generado durante el ejercicio y transformarlo en compuestos que pueden ser reutilizados por el organismo como fuente de energía, lo que ayuda a entender su papel en la resistencia y la adaptación al esfuerzo.
No es el único factor que determina el rendimiento, evidentemente, pero tampoco es un efecto marginal. Es una pieza más dentro del sistema fisiológico del deportista. En el alto rendimiento todo cuenta: el entrenamiento, el descanso, la nutrición, la regulación del estrés… y cada vez entendemos mejor que el ecosistema intestinal también forma parte de esa ecuación.
¿El ayuno intermitente tiene más beneficios que riesgos en el deportista, o puede comprometer el rendimiento si no se aplica correctamente?
Depende del contexto y de cómo se aplique. El ayuno intermitente puede ser una herramienta interesante en algunos deportistas porque mejora la flexibilidad metabólica, la sensibilidad a la insulina y la capacidad del organismo para utilizar distintas fuentes de energía. Pero si no se planifica bien, puede comprometer el rendimiento, la recuperación y la adaptación al entrenamiento. Una disponibilidad energética insuficiente, una mala sincronización con las cargas de entrenamiento o un contexto de alta exigencia fisiológica pueden generar el efecto contrario al buscado.
En el deporte no todo consiste en hacer más estímulos, sino en aplicarlos en el momento adecuado. El ayuno puede ser útil en ciertas fases o perfiles de deportista, pero no es una estrategia universal ni debe aplicarse de forma indiscriminada. La clave, como siempre, es la individualización y el contexto: el tipo de deporte, el momento de la temporada, la carga de entrenamiento y el estado fisiológico del deportista.
¿Cree que los clubes profesionales están infraestimando la microbiota como variable de rendimiento?
Más que infraestimarla, diría que todavía estamos en una fase temprana de comprensión y aplicación práctica. Cada vez hay más interés y más equipos incorporan estrategias relacionadas con nutrición, descanso o regulación del estrés, pero el papel del ecosistema intestinal aún no está plenamente integrado en muchos programas de rendimiento.
La evidencia científica está creciendo muy rápido y nos muestra que la microbiota influye en la inflamación, la recuperación, la función inmunitaria, el metabolismo energético y la adaptación al entrenamiento. Son variables directamente relacionadas con el rendimiento y la disponibilidad del deportista. En el deporte profesional cualquier factor que mejore la adaptación y reduzca el riesgo de lesión o fatiga tiene valor. Probablemente en los próximos años veremos cómo el cuidado del ecosistema intestinal se integra de forma más sistemática dentro de los equipos multidisciplinares.
Noticias relacionadas
El futuro del rendimiento pasa por comprender mejor la biología del deportista en su conjunto, y la microbiota es parte de esa visión más global.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí