Psicología

Víctor Amat, psicólogo: “El narcisista muchas veces no sabe que es gilipollas”

En su libro ‘Las 10 leyes para ser jodidamente irresistible’, el experto analiza las claves del narcisismo y cómo estos perfiles manipulan a las personas.

Redactora de Tikitakas
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
Actualizado a

El título del libro del psicólogo Víctor Amat, Las 10 leyes para ser jodidamente irresistible, es deliberadamente provocador, pero no busca el impacto gratuito. Para el psicólogo, lo “irresistible” no tiene que ver con caer bien ni con una versión edulcorada del carisma, sino con comprender el tipo de dinámicas que hoy gobiernan las relaciones personales, profesionales y de poder. “Estamos en un mundo donde el narcisismo está imperando”, señala en una charla con AS. “Premiamos a esta gente que parece encantadora y que es capaz de persuadirte para conseguir lo que quiere”. A partir de esa constatación surge el libro: la necesidad de mostrar “qué trucos usan estas personas que nos convierten a veces en sus propios esclavos” y aprender a reconocerlos y utilizarlos “para bien”. En ese sentido, insiste, “la idea de ser irresistible es como tener el arte de poder seducir a las personas”.

Amat se muestra especialmente crítico con la autoayuda positiva que domina el mercado editorial. A su juicio, ese discurso peca de ingenuidad y de desconexión con la realidad. “El gran problema de todo este enfoque positivo es no entender cómo están funcionando las cosas”, afirma. “Si tú crees que una persona malintencionada la vas a controlar simplemente siendo buena gente o tratando de ponerle límites, es no entender cómo funcionan las personas”. Su diagnóstico es contundente: “No puedes ponerle límites a un psicópata”. Por eso defiende que alguien tenía que “aterrizar las cosas a la realidad” y explicar cómo manejarse en un mundo donde la buena voluntad no siempre protege.

Cuando habla de “hackear la mente de los narcisistas”, Amat aclara que no se trata solo de aprender a defenderse, sino de algo mucho más amplio. “Una cosa no se puede separar de la otra”, explica. “Si tú solo aprendes a defenderte, estás siempre a la espera de lo que el otro haga”. Para ilustrarlo recurre a su experiencia en las artes marciales: “En el karate hay una frase que dice que no hay defensa sin ataque. Hasta las defensas son ataques”. En las relaciones humanas ocurre lo mismo: “Es mejor anticiparte que ser reactivo. Es mejor saber cómo el otro está intentando manipularte que no luego intentar remontarte una vez tan manipulado”.

El objetivo

Uno de los aspectos que más le sorprendió al analizar el comportamiento de los manipuladores es descubrir que no son tan ajenos como solemos pensar. “Me sorprendió ver que todos lo hacemos”, reconoce. “Lo que pasa es que no lo sabemos hacer tan bien como ellos”. Desde su punto de vista, toda comunicación persigue un objetivo: “Toda comunicación busca que alguien haga algo. Tú te comunicas con la gente para conseguir algo, y esto es desde que nacemos”. La diferencia fundamental está en el uso que se hace de esa capacidad: “Los narcisistas lo utilizan de una manera donde el beneficio será para ellos”, mientras que esas mismas herramientas pueden emplearse “para ayudar a otros o para ayudarte a ti mismo”.

Amat también distingue claramente entre narcisismo y psicopatía, sobre todo en el grado de conciencia. “Esa es una de las diferencias entre un narcisista y un psicópata”, sostiene. “El narcisista muchas veces no sabe que es gilipollas”. Como ejemplo pone a Donald Trump, al que define como “un narcisista arquetípico encantado de conocerse”. “Yo creo que no es consciente de lo gilipollas que es”, dice, mientras que en figuras como Putin percibe algo distinto: “Ahí ya raya la psicopatía, en el sentido de que él sabe muy bien lo que está haciendo”.

El narcisista: ¿nace o se hace?

Sobre si el narcisista nace o se hace, Amat evita respuestas categóricas. “Todos tenemos un punto de narcisismo. A todos nos gusta que nos miren, que nos reconozcan”, afirma. La diferencia está en la intensidad y en el desarrollo: “Hay gente que está en el nivel 100 y gente que está en el nivel 4”. Ese rasgo puede verse amplificado por factores familiares, experiencias traumáticas o, simplemente, por aprendizaje: “Porque se da cuenta de que haciendo eso consigue más cosas”.

La frontera entre persuasión y manipulación emocional, insiste, no está en la técnica sino en la intención. “Siempre es la intención”, recalca. Las herramientas son las mismas; lo que cambia es el uso. “Yo, como psicólogo, mi trabajo es persuadir. Viene gente con miedo a meterse en un avión y yo consigo que se meta en un avión hablando con él”. En ese caso, explica, la persuasión tiene un objetivo terapéutico y ético, pero la capacidad de influir exige siempre “un uso moral de la herramienta”.

Personajes públicos

Entre los ejemplos que analiza en el libro aparece José Mourinho, una figura que despierta adhesiones y rechazos a partes iguales. Para Amat, Mourinho representa a alguien que no pierde nunca de vista el objetivo. “A él le da igual cómo. Lo que quiere es ganar”. Frente a esa actitud sitúa la de Guardiola, para quien “lo importante era cómo se jugaba”. Esa diferencia ilustra dos maneras de entender la vida y el poder. “En toda discusión, el narcisista perverso nunca olvida su objetivo”, mientras que la persona bienintencionada “se sumerge en el dolor y acaba dolida”.

Algo similar ocurre con los líderes políticos que analiza, desde Trump hasta Putin o Macron. Aunque muy distintos entre sí, Amat señala un patrón común: “Si el narcisista por base es alguien que persigue el poder, lo normal es que en las altas esferas de poder el porcentaje de narcisistas sea muchísimo mayor”. A su juicio, al final no es tan relevante etiquetar como entender por qué conectan con determinadas personas: “Acabas afiliado a un líder narcisista que habla de aquello que a ti te interesa”.

Para detectar a un narcisista malintencionado, Amat ofrece una señal clara: “Nunca olvida lo que quiere”. Toda comunicación y toda acción “va centrada en que esa persona consiga lo que realmente desea”. Cuando alguien “reacciona muy mal a cualquiera de tus propuestas”, advierte, quizá sea el momento de preguntarse si se trata de un narcisismo sano o de una manipulación orientada al beneficio propio.

Noticias relacionadas

Amat concluye con una reflexión más amplia sobre la época que vivimos. “No es que ahora haya más narcisistas. Es que vivimos en la era del narcisismo”, afirma. Por eso rechaza la idea de verse como víctima: “No somos víctimas del narcisismo. Vivimos en un mundo narcisista”. En su opinión, la única opción viable es la adaptación. “O dominas los códigos que hay para vivir en esta época o vas a pringar”. Igual que ocurre con la inteligencia artificial o con los cambios educativos y sociales, luchar contra ello es una batalla perdida. “Habrá quien lo aprenda a manejar y habrá quien no”. Y precisamente ahí sitúa el sentido de su libro: ofrecer herramientas para entender y moverse con soltura en el mundo que ya existe, no en el que nos gustaría que existiera.

¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Etiquetado en:

Te recomendamos en Salud

Lo más visto

Más noticias