Salud

Raquel Jiménez, psicóloga: “Si tuviera depresión y quisieras ayudarme, necesitaría que me dijeras esto”

La autora y formadora ha dedicado un vídeo a través de redes sociales para explicar el tacto que se debe tener con las personas que padecen depresión.

Redactor de Tikitakas
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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En materia de salud mental, y allí donde se extienden los campos de la psicología, debe saber el lector que las formas son importantes y que el ‘cómo’ es tan importante como el ‘qué’. En ello ha querido hacer especial hincapié la psicóloga y formadora Raquel Jiménez, autora de Hasta la vista, narcisista y divulgadora de su propio canal de TikTok, donde dedica consejos relativos a la materia que domina en forma de vídeos cortos.

En una reciente publicación ha hablado acerca de qué debe hacer una persona que quiera ayudar a otra que padece depresión. “Si yo tuviera depresión y tú quisieras ayudarme, esto es lo que necesitaría”, ha iniciado, dando pie a una enumeración de recomendaciones rápidas y eficaces que ha despachado con admirable calma y asertividad.

“A veces lo que cura no son las palabras”

“No me digas ‘anímate’, no puedo”, dice, antes de avanzar el siguiente: “No intentes darme soluciones rápidas porque no tengo fuerzas para aplicarlas”. En línea con los anteriores, “no me digas que todo está en mi cabeza, mi cuerpo también lo sufre”, y “no me juzgues por estar tumbada, tal vez levantarme sea mi mayor logro del día”.

Según explica, uno debe escuchar “sin juzgar, sin comparar, sin minimizar lo que siento” y, en ocasiones, solo tiene que permanecer: “Quédate a mi lado, aunque no hable ni haga nada. Tu presencia ya es un alivio”. Tampoco debe caer uno en el error de halagar constantemente al afectado: “No me recuerdes todo lo bueno que tengo. Lo veo, pero no puedo sentirlo; ayúdame con lo básico: una comida, un paseo corto”.

Lo que sí se debe hacer es recordarle a la persona en cuestión que no está sola. “Hazme sentir que no soy una carga, que sigo teniendo valor aunque no pueda dar nada ahora”, insiste, rechazando que, por el contrario, se le intente sacar a la fuerza de su zona porque “lo único que necesito es que me acompañes en mi oscuridad”. Y, en definitiva, “recuérdame con paciencia que esto no me define, que soy más que mi depresión”.

La síntesis es clara. “Detrás de cada sonrisa, de cada ‘estoy bien’, puede haber una persona librando una oscura batalla”, revela, invitando a la empatía y la solidaridad, que no es sino la única llave para combatir un mal que afecta, al menos potencialmente, a toda la población: “Nadie está exento de tener una depresión. La diferencia está en acompañar con empatía y compasión”.

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Y el silencio, que es sanador. “Recuerda que a veces lo que cura no son las palabras, sino la compañía y el amor sin condiciones”, sentencia. De nuevo, no tanto el ‘qué’, sino el ‘cómo’.

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