Psicología

Mar de Manuel, psicóloga: “Los pensamientos automáticos pueden generar tristeza, ansiedad o preocupación”

La experta en psicología de yees! explica para AS en qué consisten estos pensamientos distorsionados que nos bloquean y angustian.

Redactora de Tikitakas
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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Los pensamientos automáticos, también llamados pensamientos distorsionados, son ideas involuntarias que aparecen de forma espontánea. Suelen basarse en interpretaciones subjetivas sobre nosotros mismos, los demás o las situaciones y, aunque a menudo son irracionales, tendemos a creerlas como ciertas. Y, aunque son necesarios, en ocasiones nos bloquean y angustian.

Así lo explica la psicóloga de yess! Mar de Manuel: “Nuestro día a día está guiado por acciones que, tras repetirlas muchas veces, se vuelven automáticas. Por ejemplo, la primera vez que conducimos, nuestra atención está al máximo: el vehículo, el volante, las marchas, los retrovisores y la carretera requieren toda nuestra concentración. Sin embargo, con la práctica, necesitamos cada vez menos esfuerzo consciente. Los movimientos se almacenan en la memoria y se interiorizan hasta convertirse en acciones automáticas. Algo similar ocurre con los pensamientos. Cuando repetimos determinados pensamientos con frecuencia, nuestro sistema nervioso los interioriza y automatiza, dando lugar a rutinas mentales. Estas no solo se manifiestan en conductas externas, como conducir, sino también en procesos internos, como pensar. Así, algunos pensamientos pueden consolidarse hasta convertirse en pensamientos automáticos”.

¿Son un problema? “En principio, no. Al contrario, resultan necesarios y nos permiten vivir de forma más eficiente. No tener que analizar cada paso al conducir facilita la tarea. El inconveniente aparece cuando desarrollamos pensamientos automáticos basados en interpretaciones negativas o erróneas sobre nosotros mismos o la realidad. En esos casos, pueden influir en nuestro estado emocional y generar tristeza, ansiedad o preocupación”, añade la experta.

Entorno laboral

Tal como explica De Manuel, el entorno laboral, que a menudo implica altas demandas y presión, “facilita la aparición de pensamientos automáticos negativos”. Algunos ejemplos frecuentes son los siguientes: “Mi jefe no cree que sea válido”, “No me responde porque odia mi idea”, “Seguro que está pensando en despedirme”, “Mis compañeros no me invitaron a comer porque no les caigo bien”, “Cometí un error en la presentación, soy un desastre”, “Nunca se me ocurren ideas creativas”, “No soy lo suficientemente válido para el ascenso”.

Aprender a no dejarse gobernar por pensamientos automáticos negativos supone ganar libertad psicológica. Es un proceso mediante el cual se adquieren herramientas para cuestionar los propios pensamientos y distinguir entre aquellos que tienen una base objetiva y aquellos que son interpretaciones distorsionadas. Las personas que trabajan en modificar sus pensamientos automáticos suelen experimentar mayor seguridad en sí mismas, bienestar emocional y capacidad de adaptación. En definitiva, desarrollan una relación más sana con su mundo interno y con el entorno que las rodea. Sin duda, es un esfuerzo que merece la pena”, agrega De Manuel.

Puerta a la rumiación

Asimismo, los pensamientos automáticos pueden ser el punto de partida de la rumiación. “Cuando uno de ellos aparece, puede activar una cadena de ideas asociadas que giran en torno al mismo tema. En lugar de cuestionarlo o dejarlo pasar, la mente comienza a analizarlo repetidamente, buscando explicaciones, anticipando consecuencias o recreando situaciones pasadas, sin lograr desprenderse de él”.

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Un pensamiento puntual se convierte en un bucle cuando dejamos de evaluarlo de forma objetiva y empezamos a darle vueltas de manera repetitiva, sin llegar a una solución ni a una conclusión útil. La rumiación no implica una reflexión productiva, sino una repetición estéril: el pensamiento regresa una y otra vez, intensifica el malestar emocional y termina generando bloqueo, indecisión y agotamiento mental”, añade la especialista.

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