Ignacio Sevilla, experto capilar: “El frizz no es solo una cuestión estética, sino un indicio claro de daño en el cabello”
Cuando aparece el frizz constante, significa que la cutícula se ha lesionado y el cabello ha perdido su protección natural.
Con la llegada del invierno y tras unas semanas marcadas por temporales, lluvia y muy bajas temperaturas, el cabello parece tener vida propia. El encrespamiento se convierte en uno de los problemas capilares más frecuentes de la temporada, incluso en melenas que el resto del año se mantienen disciplinadas. Pero el frizz no es solo una cuestión estética: es una señal clara de que la fibra capilar está sufriendo.
El doctor Ignacio Sevilla, director médico y experto en cirugía capilar en Svenson explica por qué el frío, la calefacción y ciertos hábitos diarios alteran la estructura del cabello y cómo actuar para protegerlo durante los meses más fríos: “El frizz puede definirse como una desalineación de las fibras capilares, lo que comúnmente conocemos como cabello encrespado. Este fenómeno aparece cuando la cutícula, la capa externa que protege el pelo, se daña y pierde su capacidad de sellado. Cuando esto ocurre, la fibra se vuelve más permeable y la humedad ambiental penetra en su interior, rompiendo los enlaces que mantienen su forma. El resultado es un cabello con aspecto esponjoso, rebelde y sin definición.”
Por qué el invierno empeora el problema
A diferencia del frizz que suele aparecer en verano, en invierno el problema tiene un origen distinto. “El aire frío del exterior y el aire caliente de los interiores con calefacción son igualmente secos”, señala Sevilla. Esta exposición continuada a ambientes con baja humedad deshidrata la fibra capilar, especialmente si la cutícula ya está dañada. En regiones con climas húmedos, como muchas zonas costeras, el frizz también puede intensificarse durante el invierno, aunque por un mecanismo diferente.
Además, el cabello seco retiene con mayor facilidad electricidad estática, una situación que se ve agravada por el roce con gorros, bufandas y abrigos. Las fibras cargadas con el mismo tipo de electricidad se repelen entre sí, creando ese efecto erizado tan característico del invierno. A esto se suma el impacto del frío sobre el cuero cabelludo: el descenso de las temperaturas provoca vasoconstricción en los capilares que lo irrigan, lo que puede reducir ligeramente el aporte de nutrientes al folículo y afectar a la calidad del cabello que crece.
Cuando el frizz es más que un problema estético
“El frizz constante no es solo una cuestión estética, sino un indicio claro de daño en la estructura del cabello”, advierte Sevilla. Un cabello sano es naturalmente hidrofóbico y repele el agua gracias a su manto lipídico protector, responsable también de su brillo. Cuando aparece el encrespamiento, significa que esta protección se ha perdido y que la integridad de la fibra capilar está comprometida.
Aunque todos los tipos de cabello pueden sufrir frizz en invierno, los cabellos rizados y ondulados son especialmente vulnerables. Su forma dificulta que el sebo natural llegue hasta las puntas y, además, los puntos de torsión del rizo tienen una cutícula más fina y frágil, lo que facilita la deshidratación.
Durante los meses fríos, algunos hábitos cotidianos pueden agravar el problema sin que seamos conscientes de ello. Lavar el cabello con agua excesivamente caliente elimina los lípidos protectores naturales, frotarlo con toallas de algodón ásperas levanta la cutícula, y el uso frecuente de secadores o planchas sin protección térmica intensifica la sequedad de la fibra.
Desde la clínica capital, se recomienda adaptar la rutina capilar al invierno, utilizando fórmulas que imiten la barrera natural del cabello. Ingredientes como ceramidas, aceites vegetales como el argán o el coco, polímeros selladores y humectantes como la glicerina o el ácido hialurónico ayudan a proteger la fibra, siempre que estén bien equilibrados para evitar la pérdida de agua. También hay pequeños gestos diarios que marcan la diferencia: lavar con agua templada, usar acondicionadores y productos selladores, secar el cabello sin fricción, evitar fibras sintéticas y optar por peines de madera o carbono, así como mantener una correcta humedad ambiental en espacios con calefacción.
La salud capilar también empieza desde dentro. Nutrientes como los ácidos grasos Omega-3, el zinc o la biotina favorecen una fibra más resistente y con una mejor cubierta lipídica. Además, el estrés y los cambios hormonales pueden alterar la producción de sebo y hacer que el cabello nazca más fino y vulnerable al encrespamiento.
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Por último, el doctor Sevilla desmonta uno de los mitos más extendidos: “Cortar las puntas no elimina el frizz”. Aunque ayuda a retirar la parte más dañada, el encrespamiento es un fenómeno que afecta a toda la fibra capilar y requiere un enfoque global. “El frizz no es solo una lesión del cabello, es una respuesta física al ambiente”, concluye. En los casos persistentes, puede ser necesario recurrir a productos con pH ácido (entre 4,5 y 5,5) que ayuden a cerrar la cutícula. No basta con hidratar: sellar es igual de importante.
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