Enrique Rojas, psiquiatra: “La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria”
El experto, auténtica eminencia de la psiquiatría, espanta la idea clásica de felicidad y señala los cuatro puntos que deben sujetar cualquier proyecto de vida.
Desde la noche de los tiempos ha habido pensamientos que han rondado la mente del humano y alimentado sus divagaciones: la política, la metafísica, la idea de Dios o la felicidad son algunos de los más recurrentes. La búsqueda de su esencia marca todavía hoy las sendas mentales de numerosos pensadores; y, quizá, de todos los citados sea la felicidad el que más ocupa la cabeza del ciudadano de a pie.
Si para Aristóteles eran la virtud y la razón, para Epicuro se encontraba en el placer tranquilo y la ausencia de dolor; dijeron los estoicos se trataba de la libertad frente a la pasión y cayó Nietzsche en que se hallaba en la superación de la resistencia y el aumento de poder. Y, según Enrique Rojas, psiquiatra, catedrático emérito de la Universidad de Extremadura y auténtica eminencia española en este campo, no es sino “tener buena salud y muy mala memoria”.
En busca del concepto
El experto concedió hace algunos meses una entrevista a ‘La Fórmula Podcast’, presentado por Mili Hadad, en la que hacía hincapié en la idea de que la felicidad es una forma más de interpretar el mundo y las vivencias de cada uno. Es decir, espanta la idea de que se encuentre la dicha en la suma de placeres, tal y como muchas personas podrían pensar, y apunta que, en esta espiral, el proceso de olvidar es absolutamente clave.
Según detalla Rojas, la felicidad necesita dos pilares básicos para mantenerse en pie: una personalidad equilibrada, que para él supone “la puerta de entrada al castillo de la felicidad”, y un proyecto de vida, que, dice, debe estar basado en el amor, la amistad, el trabajo y la cultura. De esta forma, la felicidad no se trata de un culmen, sino de un equilibrio dinámico e imperfecto. Para evitar confusiones, distingue entre felicidad puntual, que son momentos concretos de placer y los verdaderos “placeres de la vida”, y la felicidad estructural, que es la importante: se trata de un balance vital, de la evaluación que cada uno hace de los citados cuatro puntos que marcan el proyecto vital de cada uno.
La importancia de olvidar
En cuanto a la memoria, explica que la propia cabeza funciona olvidando las cosas negativas como acto de protección, de manera que la memoria, si mal gestionada, se puede convertir en una fuente de sufrimiento. En esta línea, insiste que recordar requiere de una parte activa que puede, incluso, convertirse en patológica si se enfoca hacia lo negativo: la memoria almacena, más allá de sucesos, sensaciones que, de estar ‘guardadas’ de manera caótica en el cerebro, pueden terminar por afectar al bienestar mental.
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Por todo esto insiste en que olvidar no está mal, sino todo lo contrario. No es una cuestión de olvidar la realidad, sino de gestionar que lo negativo no ocupe un espacio en la mente y se vuelva, por tanto, tóxico y dañino.
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