Elena Sánchez Escobar, psicóloga: “Es importante diferenciar entre tristeza adaptativa y un problema de salud mental”
La experta en psicología de Yees! Analiza el verdadero impacto del Blue Monday, el día más triste del año, que en 2026 es mañana, el 19 de enero.
El llamado Blue Monday se ha popularizado como “el día más triste del año”, una etiqueta que cada enero reaparece en medios de comunicación y redes sociales. Pero ¿qué hay realmente detrás de este concepto desde el punto de vista de la psicología? Analizar este fenómeno con mirada psicológica permite desmontar mitos, comprender mejor nuestras emociones y promover una relación más saludable con los altibajos del estado de ánimo.
Para la psicóloga Elena Sánchez Escobar, directora clínica y de operaciones de Yees!, el Blue Monday, que este año tiene lugar mañana, 19 de enero, esconde detrás una estrategia de marketing para fomentar el consumo: “Desde un punto de vista psicológico, la relevancia que se le otorga es desproporcionada y carente de rigor científico. Se trata de un concepto que surge en 2005 como una campaña publicitaria, no como el resultado de una investigación psicológica válida. La supuesta fórmula que lo sustenta nunca ha sido publicada en revistas científicas ni cumple con los criterios metodológicos necesarios para considerarse evidencia”.
“El problema no es solo su origen, sino el uso que se hace del mensaje en medios y publicidad. Cuando se difunde la idea de que existe el día más triste del año, se transmite una visión simplista del malestar emocional y se refuerza la creencia de que las emociones están determinadas por una fecha concreta. Esto va en contra de una comprensión saludable de la salud mental, que entiende las emociones como procesos dinámicos, influenciados por múltiples factores y sobre los que las personas pueden intervenir. En lugar de promover una educación emocional basada en la comprensión y el autocuidado, el Blue Monday tiende a banalizar el malestar psicológico y a convertirlo en un producto de consumo, restándole profundidad y complejidad a algo tan importante como la salud mental”, agrega.
Sin embargo, reconoce que escuchar este tipo de mensajes puede tener un impacto en la salud: “Este está relacionado con el poder de las creencias y las expectativas sobre el estado de ánimo. Cuando una persona interioriza la idea de que un día concreto toca estar triste, puede activarse un fenómeno conocido como profecía autocumplida: se interpreta cualquier malestar cotidiano bajo esa etiqueta y se amplifica la atención hacia las sensaciones negativas. Esto puede traducirse en una actitud más pesimista, en la atribución de cualquier experiencia desagradable al propio Blue Monday y en el uso de estrategias de afrontamiento más pasivas o evitativas, como reducir la actividad, aislarse o renunciar a planes bajo la idea de que el ánimo no acompaña. A largo plazo, este tipo de mensajes puede disminuir la percepción de control personal sobre las emociones, algo que en psicología trabajamos precisamente para fortalecerla. Desde la práctica clínica, el objetivo es ayudar a las personas a entender sus emociones como señales que pueden escucharse, comprenderse y regularse, no como estados impuestos por una fecha o un factor externo inamovible”.
Más tristes en esta época del año
Lejos de la falacia del Blue Monday, sí es cierto que en esta época del año estamos más tristes: “Tiene sentido que algunas personas experimenten más tristeza o apatía en esta época, y esto sí está respaldado por la investigación. Aunque el Blue Monday no tenga base científica, no significa que sea extraño que, en esta época del año, algunas personas se sientan más apagadas o vulnerables emocionalmente. Los meses de invierno pueden asociarse a cambios en el estado de ánimo. Uno de los factores más estudiados es la disminución de la luz solar, que influye en los ritmos circadianos y en neurotransmisores relacionados con el bienestar emocional, como la serotonina. A esto se suman cambios en las rutinas tras el periodo navideño, un aumento de las exigencias laborales, la reducción de actividades gratificantes y una mayor tendencia a la autoevaluación y al balance vital al inicio del año. Todo ello puede generar una sensación transitoria de tristeza, apatía o desmotivación que, en la mayoría de los casos, entra dentro de una respuesta emocional normal y adaptativa”.
“Es importante diferenciar entre tristeza adaptativa y un problema de salud mental. Desde el punto de vista clínico, hay señales claras que indican que no estamos ante una tristeza puntual y que sería recomendable consultar con un profesional de la salud mental. Entre ellas destacan la persistencia del bajo estado de ánimo durante varias semanas, la pérdida de interés o placer por actividades que antes resultaban satisfactorias, alteraciones significativas del sueño o del apetito, una sensación constante de cansancio, pensamientos recurrentes de culpa, inutilidad o desesperanza, así como dificultades para rendir en el trabajo, mantener relaciones sociales o disfrutar del día a día. El aislamiento progresivo y, especialmente, la aparición de pensamientos relacionados con la muerte o el deseo de no estar constituyen señales de alarma que requieren atención inmediata”, agrega.
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Por otro lado, sentirse triste en determinados momentos no solo es normal, sino también válido y necesario. “La tristeza cumple una función adaptativa: nos ayuda a procesar pérdidas, a detenernos, a reflexionar y a pedir apoyo cuando lo necesitamos. El problema es interpretar cualquier malestar como algo anómalo o patologizar emociones que forman parte de la experiencia humana. Comprender que las emociones fluctúan y que todas tienen un sentido nos permite relacionarnos con nuestro mundo emocional de una forma más sana, compasiva y consciente”, concluye.
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