Salud

Dietistas revelan qué le ocurre a tu cuerpo si bebes vino todos los días: “Debería ser una elección personal”

Jordan Langhough, fundadora de Jordan Langhough Nutrition & Fitness, explica las consecuencias del consumo frecuente de esta bebida alcohólica.

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Ya sea para brindar por una ocasión especial, relajarse tras una jornada agotadora o disfrutar de la clásica happy hour con amigos, el vino ocupa un lugar habitual en la vida de muchos. Con miles de variedades y regiones vitivinícolas en el mundo, para algunos incluso se ha convertido en un pasatiempo aprender sobre sus aromas, sabores y maridajes.

“Una copa de vino puede ser relajante y placentera, y debería ser una elección personal”, afirma Jordan Langhough, dietista titulada y fundadora de Jordan Langhough Nutrition & Fitness. Sin embargo, los especialistas coinciden en que, aunque beber vino puede ser una forma agradable de socializar y reducir el estrés, su consumo frecuente o excesivo puede tener consecuencias poco visibles a corto plazo, pero relevantes para la salud.

¿Qué se considera beber “en exceso”?

La gran pregunta es dónde está el límite. ¿Beber vino todos los días es una práctica segura? ¿Y qué ocurre en el cuerpo cuando el consumo se vuelve habitual? Desde el punto de vista nutricional, una persona que bebe vino a diario suele clasificarse como bebedor moderado. Históricamente, esta categoría se ha asociado con un riesgo relativamente bajo de problemas de salud. No obstante, Langhough advierte que superar una copa diaria de forma constante puede empezar a ”afectar negativamente al organismo".

David Silverman

“El alcohol impacta a varios sistemas del cuerpo”, explica. Entre ellos, el hígado, el cerebro, el intestino, el corazón y el sistema nervioso. Además, diversos estudios han vinculado el consumo regular de alcohol con un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer, especialmente el de mama y los del tracto gastrointestinal.

Los efectos silenciosos del vino diario

Más allá de los riesgos a largo plazo, el alcohol también influye en funciones cotidianas. “Afecta el juicio, la memoria y la coordinación”, señala Juliana Vocca, dietista registrada. El uso prolongado puede contribuir al deterioro cognitivo, la depresión y aumentar el riesgo de dependencia.

Otro aspecto clave es el hábito. Beber vino todos los días puede normalizar el consumo hasta el punto de perder de vista la cantidad real ingerida. Con el tiempo, esto puede traducirse en peor calidad del sueño, menor energía durante el día, aumento de peso y problemas digestivos, explica la dietista Val Warner.

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“El consumo ocasional es mucho más seguro que convertir el vino en un ritual diario”, subraya Vocca. De hecho, beber una o dos copas a la semana —o incluso hasta cuatro— supone una diferencia importante frente a tomar una o dos cada día.

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