Cristina Martínez, psicóloga: “Cuando la mente está saturada, disminuye la capacidad de cuidado del vínculo”
Es especialista en bienestar y gestión del tiempo, y doctora Cum Laude en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona.
Con San Valentín a la vuelta de la esquina, el amor vuelve a ocupar titulares, muchas veces desde una mirada romántica e idealizada. Sin embargo, las relaciones de pareja hoy evolucionan hacia modelos más diversos y flexibles, en los que la convivencia, la gestión del tiempo y el propio espacio físico juegan un papel fundamental en el bienestar emocional.
Las parejas ya no responden a un único patrón. Conviven modelos tradicionales con parejas que deciden no vivir juntas y mantener espacios propios (LAT), relaciones en segundas etapas vitales o vínculos que priorizan la autonomía sin renunciar al compromiso. Incluso la soltería, elegida como proyecto vital, convive con relaciones afectivas sin etiquetas. No se trata de una crisis del amor, sino de su adaptación a vidas personales y profesionales más complejas.
Según Cristina Martínez, psicóloga experta en bienestar y gestión del tiempo, y colaboradora de Be Casa, “la sobrecarga de responsabilidades, la gestión constante de tareas domésticas y la sensación de no llegar a todo generan agotamiento mental. Cuando la mente está saturada, disminuye la capacidad de escucha, de presencia y de cuidado del vínculo”. Para la especialista, el amor sigue siendo una necesidad psicológica esencial —de seguridad, apoyo, pertenencia—, pero su forma depende cada vez más del entorno y de las condiciones materiales en las que ese vínculo se construye.
El espacio que habitamos también influye
El lugar en el que vivimos puede convertirse en una fuente de estrés o, por el contrario, en un aliado que reduce fricciones y libera tiempo para dedicarlo a lo que realmente importa: la conexión emocional. Espacios funcionales, servicios incluidos y entornos comunitarios favorecen que las personas dispongan de energía mental para cuidar de sí mismas y de sus relaciones.
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En este contexto, modelos como Be Casa representan una manera de habitar que responde a las nuevas necesidades afectivas y vitales: un hogar que simplifica la vida cotidiana reduce la carga mental y crea un contexto donde querer —y quererse— resulta más fácil. “Porque amar requiere tiempo, presencia emocional y espacio mental. Y en un mundo acelerado, diseñar entornos que lo hagan posible es, quizá, una de las decisiones más importantes para las relaciones actuales”, reconocen desde esta innovadora propuesta de alojamientos flexibles.
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