Filosofía

Confucio, filósofo chino: “El hombre superior tiene igualdad y tranquilidad de alma. El hombre vulgar experimenta turbación e inquietud”

El pensador del extinto Estado de Lu dejó a sus discípulos una serie de lecciones que comparten como eje temático la importancia de los valores humanos.

Redactor de Tikitakas
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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Medio milenio antes del nacimiento de Cristo hubo un hombre a quien tuvieron el bien de llamarle ‘Maestro Kong’, que nació Qufu, en el antiguo Estado de Lu —región independiente, aunque vasalla de la dinastía Zhou en el contexto de la China antigua—. Aquel hombre venía de una familia noble arruinada, fue maestro y se desempeño como carpintero en las postrimerías del período de las ‘Primaveras y Otoños’. En dicha maraña de ciudades-estado empezó a brotar el pensamiento de aquel individuo, cuyo nombre fue el de Kǒng Qiū y a quien el tiempo y las traducciones le bautizaron como Confucio.

Emplear la palabra ‘pensamiento’ no es cuestión baladí. La doctrina de Confucio ha contribuido durante cientos de años a cimentar las bases de la ideología e imaginación intelectual china, trascendiendo sus fronteras y penetrando en Europa a través Mateo Ricci, misionero católico jesuita del siglo XVI que tiene el privilegio y honor de haber pasado a la historia como la primera persona en usar el nombre del pensador chino en este lado de los Urales.

Adquirió entonces la huella de Confucio una dimensión mayor, consagrándose como uno de los padres de la filosofía. Y si se alude al ‘pensamiento’ no es por todo ello, sino porque comparte con Sócrates, uno de los precursores del arte y el estudio de la divagación en Occidente, otro diploma significativo: ninguno de los dos escribió jamás nada. Toda la filosofía de Confucio fue divulgada por sus discípulos; y por los discípulos de los discípulos. Y esta viene recogida en Lún Yǔ, obra que los jesuitas llamaron Analectas y que recopila su pensamiento. El confucianismo.

Una doctrina de influencia incalculable

La doctrina de esta filosofía china y no teísta, de aplicaciones espirituales, rituales y morales, tiene como eje temático los valores humanos —la armonía familiar y social, así como la piedad filial—: forman un sistema de normas rituales que determina cómo debe actuar un individuo para encontrarse en paz con la ley que dicta el Cielo. “El hombre superior tiene igualdad y tranquilidad de alma. El hombre vulgar experimenta sin cesar turbación e inquietud”, viene a resumir.

En esta línea, no sería raro entender el confucianismo como una especie de ética social y humanista, en tanto que centra el sistema en los seres humanos y sus relaciones. De ahí que los rituales, más allá realizarse a los espíritus o shén, se dediquen a los padres, al Estado, a los ancianos y a los aspectos de la vida que uno respira. Así lo pensaba el ‘Maestro Kong’.

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