Psicología

Charlie Heriot-Maitland, psicólogo clínico: “La salida del ciclo de autosabotaje no pasa por más autocrítica”

En algunos casos, este proceso tiene más que ver con una función adaptativa para evitar las incertezas, como si de un mecanismo de protección se tratase.

Redactora de Tikitakas
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
Actualizado a

Desde la psicología, el autosabotaje suele describirse como ese conjunto de conductas, conscientes o no, mediante las cuales obstaculizamos nuestros propios objetivos. Postergamos, abandonamos, fallamos “por poco” o tomamos decisiones que sabemos que nos perjudican. A primera vista parece irracional. Sin embargo, cuando observamos el fenómeno desde la lógica del cerebro y su función adaptativa, el autosabotaje deja de parecer un enemigo interno y se revela como un mecanismo de protección.

El principio fundamental que explica este comportamiento es sencillo, pero profundo: el cerebro prefiere lidiar con una amenaza conocida y controlable antes que enfrentarse a una amenaza incierta, incontrolable e impredecible. Así lo ratifica el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland en su nuevo libro, Explosiones controladas en la salud mental: “Nuestro cerebro es una máquina de supervivencia. Está programado no para optimizar nuestra felicidad o bienestar, sino para mantenernos vivos. Necesita que existamos en un mundo predecible. No le gustan las sorpresas. No quiere que nos veamos sorprendidos”.

“Estar expuestos a amenazas y peligros ya es lo suficientemente malo, pero el estado más vulnerable para los humanos es estar expuestos a amenazas impredecibles. Nuestro cerebro no puede permitir esto y actúa para ofrecernos versiones más controladas y predecibles de la amenaza. Prefiere que seamos nosotros quienes manejemos nuestra propia caída antes que arriesgarnos a ser derribados por algo externo. Prefiere que estemos entrenados para enfrentar hostilidad autoinfligida que arriesgarnos a estar desprevenidos ante la hostilidad de otros”, añade el experto.

Más peligroso que el dolor conocido

Desde una perspectiva evolutiva, la incertidumbre siempre ha sido más peligrosa que el dolor conocido. Un resultado negativo predecible permite anticipación, preparación y una sensación mínima de control. En cambio, lo desconocido activa sistemas de alarma mucho más intensos. El cerebro no evalúa solo “qué es mejor”, sino “qué es más seguro”.

Noticias relacionadas

Nuestros cerebros han evolucionado para percibir amenazas, incluso cuando no existen, con el fin de desencadenar una respuesta protectora. Todos hemos heredado un sistema altamente sensible de detección y respuesta a amenazas”, aclara Heriot-Maitland.

¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Etiquetado en:

Te recomendamos en Salud

Lo más visto

Más noticias