Salud

Carol Marín, psicóloga: “La persona que se deprima es una persona muy enfadada”

La depresión, lejos de ser un episodio aislado, suele ser el resultado de un proceso largo y acumulativo que se va gestando a lo largo de la vida.

Redactora de Tikitakas
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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La depresión ha sido descrita como una enfermedad comparable a una afección física que aparece, se trata y desaparece. Sin embargo, cada vez más especialistas coinciden en que esta visión resulta simplista y poco ajustada a la experiencia real de quienes la padecen. La depresión, lejos de ser un episodio aislado, suele ser el resultado de un proceso largo y acumulativo que se va gestando a lo largo de la vida.

Desde esta perspectiva, la depresión puede entenderse como una forma de enfado profundo y persistente. No se trata de una ira evidente o expresada abiertamente, sino de una rabia contenida, dirigida tanto hacia el entorno como hacia uno mismo. Es un enfado con la vida, con las expectativas incumplidas, con las decepciones personales, con las traiciones afectivas o profesionales, y con decisiones pasadas que, con el paso del tiempo, son vividas como errores irreversibles.

Así lo explica la psicóloga Carol Martín en el pódcast Élite: “Yo siempre digo que la persona que se deprima es una persona muy enfadada, está enfadada. Enfadada con la vida, enfadada porque tiene decepción, porque la han decepcionado o traicionado. O porque he hecho una toma de decisiones en la vida que la ha llevado a sentir que no vale”.

“La depresión no es una gripe que hoy tienes un síntoma, caes malo siete días y te van curando. La depresión es algo que se va gestando a lo largo de la vida. No tiene un origen inmediato en el aquí o en el ahora”, reflexiona la profesional acerca de este trastorno.

Historia vital

Las personas que desarrollan una depresión suelen arrastrar una historia de frustraciones no resueltas. A menudo han experimentado situaciones en las que se sintieron desvalorizadas, traicionadas o ignoradas, sin disponer de espacios seguros para expresar su malestar. En lugar de canalizar ese enfado hacia fuera, lo interiorizan. El resultado es un desgaste emocional progresivo que acaba erosionando la autoestima y la percepción del propio valor.

A diferencia de otras enfermedades, la depresión no suele tener un origen inmediato en el presente. Aunque un acontecimiento concreto —una ruptura, una pérdida, un fracaso laboral— pueda actuar como detonante, lo cierto es que ese hecho suele activar un malestar previo. La depresión no comienza en el momento del colapso, sino mucho antes, en una sucesión de experiencias que fueron debilitando la capacidad de la persona para sostener su vida emocional.

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Esta acumulación de tensiones internas suele manifestarse en pensamientos recurrentes de inutilidad, culpa y autoacusación. La persona deprimida no solo sufre por lo que le ha ocurrido, sino por la interpretación que hace de su propia historia: la sensación de haber tomado malas decisiones, de no haber estado a la altura o de haber fallado de manera definitiva.

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