Beatriz Cazurro, psicóloga infantil, al obligar a los pequeños a dar besos y abrazos: “Luego son mayores y se atreven a decir que no”
Validar las emociones de los niños cuando empiezan a relacionarse ayudará a que de adultos puedan poner sus propios límites.
Enseñar a los niños que pueden decir “no” es uno de los aprendizajes más importantes que podemos ofrecerles para su vida adulta. Desde pequeños, muchos niños son presionados a dar besos o abrazos aunque no se sientan cómodos, con la idea de que es una muestra de educación o cariño. Sin embargo, cuando un niño aprende que debe ignorar su incomodidad para agradar a otros, interioriza el mensaje de que sus emociones y su cuerpo no son del todo suyos.
Por lo tanto, validar que un niño pueda negarse, especialmente en situaciones de contacto físico, es enseñarle que su cuerpo merece respeto y que sus sentimientos importan. Tal como explica en una entrevista Beatriz Cazurro, psicóloga infantil: “Cuando son muy pequeñitos y vas a casa de la abuela, la tía, quien sea, y van a darles un beso y les cogen, tú ves la cara que tienen de ‘yo no estaba queriendo esto’”.
Según esta experta, es importante aprovechar este momento para validar sus emociones, poniéndoles nombre y abriendo un espacio de diálogo con preguntas como “¿Tú querías ese abrazo?”. Asimismo, sugiere que, mientras son pequeños, seamos los adultos quienes pongamos a otros mayores los límites por ellos, al explicarles que no quieren ese contacto, hasta que sepan gestionar este tipo de situaciones por sí mismos. “A veces dicen: ‘Sé que no quiero el abrazo, pero a la abuela le hace ilusión, pues te los doy y sigo para adelante’”.
Para la psicóloga, si se validan sus emociones preguntando si querían ese gesto o si les ha gustado, el pequeño interioriza que tiene la posibilidad de poner límites: “Luego son mayores y se atreven a decir que no porque tienen el permiso y se les ha quitado el peso de decir que no como si fuera algo horrible”.
Dificultades en la adultez
Permitir que los niños expresen que no quieren un beso o un abrazo no significa criarlos sin límites ni volverlos desconsiderados. Más bien todo lo contrario: los límites que no se respetan en la infancia suelen convertirse en grandes dificultades en la adultez. Muchas personas adultas que no saben decir “no” crecieron en entornos donde su incomodidad fue minimizada o ignorada. En cambio, un niño al que se le permite poner límites se convierte en un adulto con mayor autoestima, capaz de identificar situaciones que le hacen daño y de establecer relaciones más sanas y respetuosas.
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Validar no implica eliminar el afecto, sino ofrecer alternativas. Un saludo con la mano, una sonrisa o un simple “hola” también son formas válidas de conexión. Al respetar las decisiones de los niños sobre su cuerpo, les enseñamos que el respeto es la base del cariño y que decir “no” no los hace menos amorosos. Acompañar sus emociones hoy es formar adultos más seguros mañana, capaces de decir “sí” solo cuando realmente lo sienten y de vivir sus relaciones desde el respeto.
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