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Arantxa Marenyà, mediadora: “El bucle infinito del ‘tu me dijiste, yo no te dije’ es una lucha de poder eterna”

La creadora de contenido ha confesado en ‘Rac.1′ la importancia de emplear la comunicación no violenta en el mundo actual.

Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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Cuando uno realiza el ejercicio puramente arqueológico de imaginar la vida dentro de un yacimiento debe recoger mentalmente los distintos restos del sitio para recrear en su cabeza, entre otras cosas, cómo era la comunicación de estas personas entre ellas y entre su entorno. Uno aprende así que, en realidad, mucho antes de que las bibliotecas asombrasen al mundo y de que las distintas lenguas permitieran la floración cultural y social, la comunicación siempre estuvo ahí.

Quien sabe mucho del fenómeno comunicativo en sí mismo, así como del método de la comunicación no violenta (CNV) que elaboró Marshall Rosenberg, es Arantxa Marenyà, formadora y mediadora que ha resuelto algunas incógnitas de su campo de estudio en una reciente entrevista concedida a Rac.1. El primer paso era definir qué es exactamente la CNV, que ella, tras aclarar que la sociedad se comunica “con un lenguaje desconectado de las necesidades”, explora con profundidad.

El ‘CNV’ y alejar los malos hábitos comunicativos

Se ha escrito mucho acerca de la CNV, pero ella resume todos los caminos en una máxima sencilla: se trata de un proceso de cuatro pasos que “ayuda a poner la mirada en aspectos a mejorar para realizar un cambio de conciencia”; consiste en hacer que la comunicación “tenga en cuenta la relación”, y esto se realiza mediante sentimiento, observación, necesidad y petición. “Poder hablar desde un lugar de calma y autenticidad”, describe el objetivo, englobando este fenómeno en pasar “de la reactividad a la respuesta”.

Marenyà insiste en que lo natural no es la CNV, sino un lenguaje lejos de la empatía que se aprende desde la escuela y el hogar hasta en el trabajo. “Según Rosenberg, es un lenguaje alienado de la vida porque está desconectado de lo que me pasa a mí y echa siempre balones fuera”, cuenta acerca de la comunicación no violenta, defendiendo que se trata de “un lenguaje que debemos reaprender, pero que todos llevamos dentro y es como conectar de nuevo con nosotros”. Es decir, se tiene que hacer un ejercicio por dejar de lado el reproche y apostar por una conducta empática.

Este proceso de conversión de la conducta comunicativa es, precisamente, el que define el trabajo de Marenyà, que se encarga de ayudar a personas a realizarlo. “Vengo de una familia en la que, como seguramente en la mayoría, se esconde mucho el malestar y en la que todo está bien siempre. A mí no me gustaba esa manera de relacionarme, siempre me han dicho que era muy exagerada, que quería hablar de cosas incómodas y no gustaba que, cuando era pequeña, quisiera explicar las cosas que me pasaban”, cuenta, desvelando de dónde viene su visión. Cuando descubrió la CNV fue como “descubrir un mapa de dentro”; y esto, deja entrever, la salvó.

Sin embargo, las malas prácticas comunicativas han terminado por permear en la conducta general y, finalmente, han abierto la puerta a una serie de hábitos negativos en la comunicación, tales como “la filosofía barata, el consejo no pedido, cuestionar, el juicio, la crítica, posicionarse o ‘mi historia’”. Y esto dinamita todo. “Los errores en la comunicación cortan el flujo de la comunicación y la persona que está comunicando no puede elaborar su proceso”, explica.

El “bucle infinito”

Para mejorar esto, dice, hay que “detectar qué estoy haciendo yo que no me gusta y qué no está funcionando” y “aprender a escuchar; y, una vez me he dado cuenta de lo que estoy haciendo que no me gusta, empezar a practicar y entrenar la escucha interna y la escucha del otro”. Como ejemplo está el clásico bucle que inicia tantas discusiones: el “tú dijiste que” y el “yo no lo dije”. Dicho escenario manifiesta una evidente “lucha de poder” en la que las intenciones reales se van por el desagüe.

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"El bucle infinito del ‘tú has dicho, yo no he dicho’ es una lucha de poder eterna", detalla, a lo que añade que, a diferencia de este conflicto, “la comunicación no violenta da importancia al problema real”; aprender a “aceptar un ‘no’ con deportividad” y “leer el ‘sí’ detrás del ‘no’”. Y todo esto, insiste, “se entrena”.

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