Ana María Román, ginecóloga: “Permitirse antojos ayuda a reducir el estrés y contribuye al bienestar emocional”
Una dieta equilibrada rica en proteínas, grasas saludables, calcio e hidratación es esencial durante el embarazo y la lactancia.
Durante el embarazo y la lactancia, la alimentación de la madre influye directamente en la salud, el crecimiento y el desarrollo del bebé. Mantener una dieta equilibrada, variada y segura ayuda a prevenir complicaciones gestacionales y déficits nutricionales, además de favorecer una recuperación posparto adecuada.
Esta etapa requiere una atención nutricional específica y un acompañamiento médico completo que aporte tranquilidad y respaldo a las familias. Así lo confirma la nutricionista de Sanitas Verónica Velasco: “Una buena nutrición en el embarazo no consiste en comer por dos, sino en elegir los alimentos adecuados. Las necesidades calóricas aumentan de forma moderada, pero lo crucial son los micronutrientes que favorecen el desarrollo del sistema nervioso, los huesos y la función tiroidea del feto, y ayudan a prevenir la anemia en la madre. Entre ellos destacan el hierro, el calcio, el yodo y el ácido fólico”, añade.
En la etapa de lactancia, el organismo materno utiliza reservas nutricionales para producir leche. Por ello, una dieta equilibrada y rica en proteínas, grasas saludables, calcio e hidratación resulta esencial para mantener una producción adecuada y asegurar la calidad nutricional de la leche.
En cualquier caso, es también importante mantener una relación sana y flexible con la alimentación. “El embarazo y el posparto son etapas exigentes, tanto física como emocionalmente. Debe mantenerse una dieta equilibrada, pero pueden permitirse antojos ocasionales, como disfrutar de un dulce o un capricho puntual, ya que no representan un riesgo para la salud. De hecho, permitirse estos pequeños gestos ayuda a reducir el estrés y contribuye al bienestar emocional, un factor esencial para la madre y el bebé”, señala Ana María Román, jefe de servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.
Cómo cubrir necesidades de madre e hijo
Ante esta situación, los expertos médicos de la compañía sanitaria proponen una serie de recomendaciones concretas para cubrir las necesidades nutricionales de madre e hijo, como aumentar frutas, verduras y hortalizas, ya que su contenido en vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra favorece la digestión y refuerza el sistema inmunitario. Se recomienda tomar al menos cinco raciones diarias, y para asegurar una correcta higiene de los alimentos, un lavado exhaustivo y a ser posible detergente alimentario para prevenir infecciones como la listeriosis o la toxoplasmosis.
Asimismo, es fundamental incluir lácteos pasteurizados a diario. Estos son una fuente fundamental de calcio y proteínas, nutrientes esenciales para el desarrollo óseo del bebé y para mantener la salud de los huesos maternos. “Lo más recomendable es consumir entre dos y tres raciones al día y asegurarse de que sean productos pasteurizados para evitar riesgos microbiológicos, y alternar entre los de vaca, cabra u oveja. Otros alimentos ricos en calcio son las semillas de sésamo, las legumbres como garbanzos, brócoli, pescados de pequeño tamaño con sus espinas o bebidas vegetales enriquecidas”, explica Verónica Velasco.
Asimismo, se ha de priorizar el pescado azul bajo en mercurio. Este tipo de pescado aporta ácidos grasos omega-3, fundamentales para el desarrollo cerebral y visual del feto. Lo ideal es incluir dos o tres raciones por semana, eligiendo especies seguras como sardina, salmón o trucha, y evitando los grandes depredadores marinos (pez espada, atún rojo o lucio), que pueden acumular niveles elevados de mercurio. Y, además, optar por cereales integrales y legumbres, ya que los hidratos de carbono complejos proporcionan energía de liberación lenta y fibra, ayudando a prevenir el estreñimiento. Las legumbres aportan hierro vegetal y proteínas, cuya absorción mejora si se combinan con alimentos ricos en vitamina C, como cítricos o pimientos.
Por otro lado, se ha de usar sal yodada y consultar el uso de suplementos con un profesional. El yodo es esencial para el desarrollo neurológico del bebé y la función tiroidea de la madre. Si la dieta no alcanza los 250 microgramos diarios, una cantidad recomendada por la OMS y la Sociedad Española de Endocrinología, el especialista puede valorar un suplemento. Y, por último, evitar alimentos de riesgo y hábitos perjudiciales. Y es que hay una serie de alimentos no recomendables en esta etapa como pescados, huevos o carnes crudas, embutidos curados sin cocer, semiconservas o quesos sin pasteurizar y alimentos mal conservados o que hayan perdido la cadena de frío. Además, eliminar el alcohol, el tabaco y reducir la cafeína en la dieta son medidas fundamentales para proteger al bebé y mejorar la calidad de la leche materna.
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“Además de la alimentación, es fundamental realizar un seguimiento médico continuo durante todo el proceso del embarazo, el parto y el posparto. Este control no debe limitarse al ámbito ginecológico, sino incluir la valoración de otros aspectos como la salud cardiovascular, la función tiroidea, el bienestar emocional y el estado nutricional. Un abordaje multidisciplinar permite detectar de forma temprana cualquier alteración y garantizar un acompañamiento completo a la madre y al bebé”, advierte Verónica Velasco.
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