Xabi desafía la tiranía de Flick
El alemán busca ganar su quinto Clásico seguido e igualar un récord histórico. Mastantuono o Camavinga, la gran duda en el once blanco si no juega Carvajal.
Los Clásicos, siempre examinados con lupa, obligan a los técnicos a tomar decisiones. Si estas son demasiado agresivas hablamos de ataques de entrenador. En la historia reciente se han visto varios. Algunos, con Xabi Alonso como testigo. Sucedió en la época de Mourinho. Después de llevarse una manita en su primer enfrentamiento ante el Barcelona decidió el portugués meter a Pepe en el centro del campo junto al propio Xabi y Khedira. Funcionó, Pepe hizo un gran partido y el Madrid sacó un 1-1 con el que paró la inercia positiva del Barça de Guardiola. En el siguiente Clásico, la final de Copa, repitió experiencia. Esta vez, ganó (con aquel mítico gol de cabeza de Cristiano).
Ataques de entrenador en los Clásicos se han visto de todos los colores. Los hay célebres. Cruyff sentó a Lineker para dar protagonismo a Romerito en 1989 y dos años después puso a un incipiente Guardiola a perseguir por todo el campo al Buitre. El Guardiola entrenador también tuvo los suyos. En su primera visita como técnico al Bernabéu puso a Etoo a la derecha y a Messi de nueve mentiroso, lo que volvió loca a la defensa de Juande Ramos y provocó un histórico 2-6. Hasta el templado Ancelotti sucumbió al síndrome del ataque de entrenador en un Clásico cuando aprovechó una pubalgia de Xabi (otra vez, Xabi) para poner a Ramos en la media o cuando, ya en época más reciente, puso a Modric de falso nueve… pero en el minuto 54 su Madrid ya perdía 0-4.
Los experimentos a veces salen mal y a veces te encumbran. Pero en un Clásico son una tentación para el inquilino del banquillo. Xabi se estrena en partidos de este calado como técnico y tiene, además, la obligación de cambiar una dinámica desastrosa para los blancos, que perdieron los cuatro partidos que se jugaron ante el Barça la pasada temporada. Si el Madrid sale derrotado otra vez se igualará un récord negativo histórico, las cinco derrotas blancas seguidas entre 2008 y 2010 bajo la tutela blaugrana de Guardiola (sigue el partido en directo en As.com).
Cuando se anuncien las alineaciones sabremos si Xabi ha sido víctima o no de un ataque de entrenador como los que él mismo vivió tan de cerca cuando jugaba, pero el resultado no va a ser en ningún caso un drama para el Madrid. La temporada, hasta ahora, está siendo impoluta. Todo victorias excepto el lunar del Metropolitano en 12 partidos, pleno en Champions, líder en Liga… Y aun así todavía queda el poso de que su Madrid no ha hecho ningún partido redondo y de que al técnico le falta dar con la tecla en cuanto al sistema y la ubicación de Güler y Bellingham. Al menos, ha recuperado Xabi a todos los lesionados excepto a Rüdiger y Alaba. Sería extraño ver a Carvajal como titular en el lateral, y eso condena a Valverde otra vez a esa posición. Sobre esa base (que Valverde sea lateral), la gran decisión que debe tomar Xabi es si poner a Camavinga en la media y jugar con cuatro centrocampistas o creérselo y apostar por lo que hizo ante la Juve, meter a Güler en el doble pivote junto a Tchouameni y dar entrada a Mastantuono en la derecha. Si Carvajal fuerza para jugar las opciones se reducen: Valverde junto a Tchouameni en el doble pivote y Güler a la derecha, justo la alineación del desastre en el Metropolitano, pero esta vez con un Bellingham cercano ya a su mejor versión.
En horas bajas
Se presenta en el Bernabéu un Barça involucionado respecto al que brilló la temporada pasada. A una apuesta tan agresiva como la de Flick se le ven rápido las costuras cuando un elemento se ahorra una carrera. O simplemente cuando reacciona una fracción de segundo tarde al ir a la presión. Eso desequilibra todo el ecosistema y abre puertas al rival. Ahí, Güler será fundamental para lanzar a un Mbappé que, afortunadamente para Xabi, está ya ‘en segundo de Flick’. Aún se recuerda aquel primer Clásico suyo de Liga, el 0-4, en el que incurrió ocho veces en fuera de juego por las 12 del Madrid. La verdad es que al técnico alemán poco a poco le van pillando el truco. En las nueve primeras jornadas de la campaña pasada había provocado su Barça 62 ‘orsays’. En estas nueve, sólo 44.
Flick tiene bajas importantes: Gavi, Raphinha, Lewandowski, Dani Olmo y Joan García. Todas dolorosas, pero especialmente diferencial la del portero, porque entre Szczesny y Courtois hay un abismo. El belga está tocado por una varita y para el 60,9% de los balones que le llegan en Liga, esto es, hace 2,5 paradas entre gol y gol encajado. El polaco es mucho más transparente, se queda en un pobre 45,5% de paradas hechas y detiene 1,8 balones entre gol y gol. Frente a ellos, el lesionado Joan García, con un pletórico 77,8% de éxito en sus acciones y 4,5 paradas entre tanto y tanto recibido. Eso da idea de lo sensible que es su baja. Joan sólo había encajado cuatro tantos en seis partidos de Liga antes de lesionarse y Szczesny ha recibido seis en tres.
La gran duda en el once del alemán es si Koundé llega a tiempo. Sin él, Flick tiene la opción de utilizar a Eric Garcia en ese costado y poner a Araújo en el eje de la zaga. El uruguayo, que tantas veces tuvo que hacer de anti-Vinicius. Llega en realidad el Barcelona un poco cogido con pinzas, con De Jong debilitado por una reciente gastroenteritis y con Ferran apuntando a titular sin haber jugador ni un minuto tras su última lesión con España, una dolencia que trascendió ser menor. Jugando tras él, Fermín llega subido en una nube después de hacer, en Champions, su primer hat-trick como blaugrana.
A vueltas con las acciones de estrategia...
Para los amantes del “este tipo de partidos se deciden en los pequeños detalles”, un dato. Quizá Xabi Alonso ha tenido tanto trabajo en hacer que su Madrid sea compacto que aún no se ha puesto manos a la obra con la estrategia. Sólo un gol de córner en los 46 que ha sacado hasta la fecha. El Barça, más hecho, ya ha anotado cinco tantos de esa manera, y convierte uno de cada 13 que lanza. Sobre los avances de Xabi, más allá de hacer mejores a Güler, Tchouameni y Mbappé, apuntemos el hecho de que su Madrid corre menos que el de Ancelotti. Esta temporada, 95 kilómetros de media por los 104 del Barça. Y es todo un elogio, porque quiere decir que con el tolosarra el equipo corre mejor. Está más compacto, recupera más arriba y obliga menos a sus jugadores a hacer grandes esfuerzos hacia atrás, también favorecido, sin duda, por el hecho de que el equipo tiene más el balón.
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Un Clásico es la prueba definitiva para un técnico debutante en este tipo de partidos. Para el Madrid de Xabi representa la oportunidad de definirse tras el drama del Metropolitano. Para el Barça de Flick, el peligro de seguir desdibujándose. El efecto que pueda tener el resultado en los próximos meses de competición para ambos equipos importa más hoy, quizá, que los tres puntos en juego.
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