45 años del 23-F: “Parecía una escena sacada de una película de Torrente”
Los jugadores de 1981 cuentan a AS cómo vivieron el golpe de Estado de Tejero. “Dudamos si coger las maletas y marcharnos al extranjero”, rememoran.
El “¡Se sienten, coño!”, acompañado del ruido de los disparos al aire, enmudeció a un país. Incrédulo. Asustado. El 23 de febrero de 1981 España entera contuvo la respiración, cuando un grupo de guardias civiles tomaron el Congreso de los Diputados con la intención de dar un golpe de Estado. El asaltó fracasó, pero todos los españoles temieron por la entonces recién nacida democracia. También los futbolistas vivieron aquellas horas con tensión. “Lo viví con una mezcla de inquietud y temor”, rememora José Miguel Polo, cuyo sentir fue compartido por otros muchos jugadores de aquella época.
Al día siguiente, veías que algunos compañeros tenían miedo, otros callaban y a otros les parecía bien”.
Tanco
Aquel lunes, a escasos minutos de las 18:30 horas, la historia de la España moderna pudo cambiar. Antonio Tejero, teniente coronel de la Guardia Civil, encabezó el asalto al Congreso, mientras se decidía la sustitución de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno en favor de Leopoldo Calvo Sotelo. Un intento de golpe de Estado del que el mundo del fútbol no permaneció ajeno. “Volvíamos de haber jugado con el Sporting el domingo y nos enteramos ya llegando a Almería. En casa lo hablamos y dudamos si coger las maletas y marcharnos al extranjero”, relata a AS Francisco Tanco, central aquella temporada del Almería, quien prosigue: “Yo había hecho declaraciones... Además, tenía un amigo que había vivido la dictadura de Pinochet y me contaba que entraban en las casas de artistas, futbolistas de izquierdas y se los cargaban. Afortunadamente, esto no fue a más, pero estuve toda la noche sin dormir. Era una incertidumbre muy grande”. Sin embargo, no todos lo vivieron igual. “Al día siguiente, en el entrenamiento, veías que algunos compañeros tenían miedo, otros callaban y a otros les parecía bien. Eso te demuestra la diversidad de opiniones que conviven en un mismo vestuario”, expone Tanco.
Nos dio miedo quedarnos en casa con nuestro hijo de 2 años”.
Rial
Bartolomé Rial, entonces jugador del Rayo, desvela en el libro Felines, un gigante de 1,62 (Qurtuba, 2025) su temor a ser detenido aquel día por segunda vez. El franjirrojo había participado en la creación del sindicato AFE y fue nombrado vicepresidente del mismo, lo que le llevó a ser arrestado en 1978 por la amenaza de una huelga de futbolistas: “Un día llamó la Policía a mi casa, porque me quería ver el ministro de Cultura, Pío Cabanillas. Bajé y un coche de los grises me llevó a la sede de la RFEF, en la calle Alberto Bosch, 13. Se había convocado una huelga de futbolistas y el ministro no estaba por la labor. Me pidieron desconvocarla, pero yo no tenía competencias. El presidente, Quino, vivía en Cádiz. Me tiré toda la noche encerrado. Finalmente, la Real Sociedad jugó y no hubo huelga de facto. ¡Pero menudo susto se llevó mi mujer Carmen, que estaba embarazada!”.
Aquella situación era esperpéntica”.
Anero
Por eso, aquel 23-F fue la mujer de Rial quien llamó al club cuando estaba entrenando para que le alertasen: ”Al terminar el entrenamiento en Vallecas, me avisó el utillero de que había llamado. Nada más ducharme, hablé con ella y me dijo: ‘Ten cuidado y no vuelvas por la Castellana, que está cortada porque ha habido un golpe de Estado’. Al llegar, pusimos las noticias y nos dio miedo quedarnos en casa con nuestro hijo de 2 años. Temíamos que nos detuvieran porque me había significado con el sindicato de futbolistas”.
Llamé a mi mujer para que no llamara al perro por la calle... se llamaba Kremlin”.
Alcázar
Miedo y preocupación. Esas dos palabras describen el estado de ánimo no solo de los jugadores, sino de toda la sociedad civil española. España pasó aquella tarde y noche pegada al transistor. “Estábamos todos pendientes de la radio y de la televisión. Lo viví con curiosidad, con preocupación y quizá con un poco de inconsciencia porque no pensaba que eso fuera a salir adelante. Aquella situación era esperpéntica”, explica Antonio Anero, defensa franjirrojo. Su compañero, el guardameta Alejandro Alcázar, tuvo otro temor: “Cuando terminamos de entrenar subí a las oficinas del Rayo para llamar a mi mujer y la dije: ‘Si sacas al perro no le llames en alto por la calle...’. Y es que se llamaba Kremlin”.
No volvimos a esa España en blanco y negro”.
Polo
El sentimiento era compartido, independientemente del equipo y de la camiseta. “Era consciente de lo que estaba pasando. Había un ambiente raro, un runrún constante. Aquello no fue de un día para otro. Aquella escena parecía sacada de una película de Torrente”, dibuja Polo, autor de dos libros y ávido lector, que recomienda Anatomía de un instante de Javier Cercas: “Narra el golpe de Estado desde sus raíces y desvela cosas que la gente de la calle no sabía. El resultado fue lo que la mayoría quería, no volver a esa España en blanco y negro”. Así fue. La democracia siguió creciendo y cumpliendo años, enterrando aquel golpe de Estado en el oscuro pasado.
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