La final del ‘huracán’ y el ‘santo’
Liberto empata ‘in extremis’ y Javi Navarro, tras sostener, obra el milagro en la tanda. Ly adelantó al PSG. La final, el lunes contra el Brujas.
A un escalón de la gloria. Tras sobrevivir, resistir, aguantar, subsistir, perdurar. Elijan el que quieran, todos valen. Ya saben, es Europa y es el Madrid. Uno que dominó hasta que Ly marcó un gol que irá directo al Louvre. Que parecía un muro tan alto como los Alpes que protegen Suiza. Más aún cuando Javi Navarro tuvo que ponerse la capa de los milagros. Pero apareció el ‘huracán’ Liberto. Y, en los penaltis, Javi elevó su condición a ‘santo’ despejando nada menos que tres. De Lausana al cielo. A citarse el lunes con el Brujas (18:45). La Segunda, más cerca. Si la vida es sueño, ellos no quieren despertar.
Una semi decidida por un titán, tras un choque de titantes. Desde el inicio. Porque esa 13ª posición del PSG en Fase Liga era un trampantojo. Mucho más lobo que caperucita. Pero contento de parecer lo segundo para sacar los colmillos. Como el Madrid de tener el balón, de dominar, de querer y parecer poder. El problema, que cuando más lo parecía, cuando más lo acariciaba, llegó la dentellada. Y qué dentellada. De Elijah Ly. Un chico al pronto le colgarán etiquetas millonarias en Transfermarkt. Por cosas como zarpazo de Lausana. Cedió Ayari tras un contragolpe a séptima velocidad y apareció la diestra del extremo de 17 años. Desde la frontal, con rosca: obús a la escuadra.
Ya habían acariciado el tanto Yáñez, Ciria y Jacobo. Con un inicio presionante, pero que no fue impresionante porque le faltó la guinda. Ya saben, sin gol no hay paraíso. Y el que lo tuvo fue el gigante parisino. Que pudo estirarlo más de haber bajo la portería blanca un titán. Porque con La Fábrica aún grogui, Javi Navarro evitó el doblete de Ly con una pierna ‘a lo Arpad Sterbik. Después fue El Nay el que probó que los guantes del meta estaban engrasados. No tanto como el filo en el último tramo de los de Álvaro López, a quienes les faltó finura y contundencia en tierra hostil. La que le sobró a Ly.
No tardó en mover el árbol el Madrid. No en el descanso, sí en el 53′. Para proteger a un Aguado con amarilla (entró Lezcano) y para que Lacosta aportase su llegada (salió Cestero). Y casi como respuesta llegó la primera gran ocasión. De Jacobo Ortega, que se lo guisó con una arrancada fruto de sus años como atleta (lo alternó con el fútbol hasta los 12 años). Pero que no se lo comió porque James le sacó el mano a mano y larguero repelió el rechace.
Y de un salvados por la madera a un salvados por el VAR, implantado para la Final Four (en la víspera, los jugadores recibieron charlas para entender diversos conceptos). Y menos mal, pensaría el Madrid. Porque Boly, un cohete de 16 años que apunta a heredero de Achraf, se fue al suelo ante Valde. En el área, y Barrot no dudó. Como tampoco al ver en el monitor el piscinazo: amarilla. Un resoplido para afrontar el tramo final.
Para hacerlo con fe, con ADN. Ese que tiene el Madrid tatuado, sin importar la edad. Dejando a un lado la cabeza, volcándose con el corazón. Hasta convertir a James en protagonista. También a la zaga parisina. Siempre contundente... hasta que no lo fue. Hasta que se resquebrajó en un rechace múltiple donde el PSG fue de plastilina. Llegó a Liberto y ahí, tras controlar y chutar, empató. Para abrazarse con su hermano Mauro, a unos metros en la grada. Para abrazar la hazaña.
Una que fue posible gracias a Javi Navarro. Del ‘huracán’ al ‘santo’. Que paró todo lo parable durante los 90 minutos. Con intervenciones ‘made in Courtois’. Estar cuando hay que estar, pero también cuando no. Porque paró lo imparable en la tanda. Para sobreponerse a los errores de Ciria y Carlos Díez desde los 11 metros. Con desventaja, emergió él. Pena máxima en París, fiesta en La Fábrica.
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