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Rivers pierde el sentido en Milwaukee: “Buscadme en Google”

‘Doc’ Rivers escurre el bulto con jugadores y aficionados del mal final que va a tener Giannis Antetokounmpo en Milwaukee Bucks: “Esto es un funeral”.

PATRICK MCDERMOTT
Redactor Baloncesto en Diario AS
Nació en Madrid en 1992. Cursó estudios en Periodismo en la Complutense de Madrid. Entró a AS en 2017 y se zambulló en Baloncesto. Y ahí sigue, entre NBA, ACB, LEB, competiciones internacionales... Ha trabajado, además de aquí, en MARCA, NBAmaniacs, EuroSport, la revista Gigantes o las retransmisiones de Euroliga.
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El dislate en el que se han convertido los Bucks este curso no es una casualidad. El mal tratamiento del divorcio con Giannis Antetokounmpo, que todavía se ha producido pero día que pasa y día que se aleja más de la franquicia, ha erosionado una entidad que hace apenas cinco años estaba en lo más alto del baloncesto mundial. Una cima conquistada tras medio siglo de sequía. Milwaukee se apaga ante los focos de todo el mundo, que ha comprobado una vez más que Rivers antepone excusas peregrinas a hacer una verdadera autocrítica de un rumbo que no se sostiene.

Porque la superestrella que han esculpido en oro los últimos trece años se ha cansado de esperar. La franquicia no le ha servido los jugadores necesarios para mantenerse en los puestos de honor de la Conferencia Este. Primera vez en una década, la última fue la 2015/16, que no accederán a los playoffs. De aquel plantel del Anillo, que se consiguió con Mike Budenholzer a la cabeza del banquillo, al actual no hay casi nada que rememorar. Holiday, Lopez, Middleton y demás son historia; Giannis está a punto de serlo. 13 años que finalizarán con un mal sabor de boca. La falta de mano de los Bucks para manejar al griego, que lo más seguro es que se acoja a la opción de 62 millones que tendrá en junio para quedarse otro año, ha hecho que todo explote.

Los Bucks se encuentran en mitad de una batalla por el relato de las que no llevan a ningún lado. Proteger las opciones del equipo de seguir cayendo, una carrera contracorriente que desgraciadamente es habitual en la liga norteamericana, no casaba con el gusto de Antetokounmpo, que prefería arriesgar su salud a cambio de unas monedas de plata. En la prensa ya ha saltado la liebre con este tema: por disputar la mitad o más de la fase regular se embolsaba un ingente bono de Nike, su marca de ropa, que no va a disfrutar esta vez porque le faltan cinco partidos para cumplir ese cupo.

Esto último es parte de los que entresaca de un reportaje publicado por el periodista Shams Charania en las últimas horas. De la camarilla de Giannis y sus agentes, por cierto, que aquí siempre conviene unir los puntos. Frases como “esto es un funeral” o “no tenemos identidad” pintan fea la situación en los Bucks, que apuntan al jugador y éste a los directivos de hacer invivible esta temporada. En la mente del luchador heleno, que cumplirá 32 años pronto, está otra cifra: 275 millones; es el contrato máximo por cuatro temporadas al que aspira en octubre si renueva o seis meses después de irse si hay un cambio de equipo. Está más por lo segundo que por lo primero.

Los Anteto han sido un paquete indivisible en Milwaukee, donde se aceptó a Thanasis y Alex para mantener contento a Giannis. Ni esa licencia poética va a salvarles de perder a uno de los jugadores más importantes de la historia de la franquicia, quizá sólo equiparable a Lew Alcindor. Tampoco los esfuerzos en el mercado de traspasos para que el nivel no decayera, algo que en realidad sólo se ha notado de manera notoria en la actualidad. El jugador tiene decidido dar poner el punto y final a la relación que le une con los de Wisconsin y simplemente queda comprobar cómo será.

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El ambiente se ha enrarecido, además de por la falta de conexión con el entrenador, por ese afán de Giannis de jugar medio lesionado y de los Bucks de impedirlo. La NBA entró de lleno a investigar la situación. La Liga, recabando información, ha sabido que al griego se le citó para un entrenamiento 3x3 como parte de la recuperación de la rodilla izquierda y éste declinó participar, lo que desmontaría su teoría de agradar al público con su presencia. Como se relataba antes, la disputa es clara: dinero para el jugador y posibilidades para la franquicia. Y 11º en la conferencia, fuera del play-in, con un balance de 31-49. Un rumbo que se perdió hace tiempo. “Giannis ha querido manejar esto de manera profesional, siendo muy sincero con el equipo. Esto podría haber tenido una resolución feliz, pero en cambio va a terminar en una ruptura desagradable. No vas a ganar cuando tu mejor jugador tiene un pie dentro y otro fuera”, filtran desde el lado del ‘34′ a ESPN.

Las excusas de Rivers

En el centro de esta historia también se halla ‘Doc’ Rivers. El técnico de Chicago ganó la NBA en 2008 con Boston Celtics y desde entonces vive de las rentas. Además va a ser incluido en el Salón de la Fama de Naismith este 2026 por su contribución como entrenador, no como jugador. Tiene pedigrí. Y se ha encargado de mostrárselo a los Bucks en fechas recientes. “Buscadme en Google. He llevado a ‘playoffs’ a equipos que no parecía que llegarían. Creía que éste sería uno de ellos”, espetó a los chicos durante una sesión de vídeo en la que trataba -de aquella manera- de motivarles. Vuelven a resonar las palabras virales de J.J. Redick (ahora es el técnico de los Lakers; en su día era discípulo como jugador en los Clippers) cuando ejercía la labor de analista en, para un giro más macabro, ESPN: “He visto la tendencia durante años: siempre poner excusas, siempre es culpar a alguien más. Este tipo nunca es el responsable de nada”. Tampoco tolera críticas: Kuzma defendió a viva voz en el vestuario a Ryan Rollins y Kevin Porter, que se estaban llevando una bronca por su juego demasiado individualista, y Rivers lo resolvió dejándole sin jugar el siguiente encuentro. Con la guerra Giannis-Bucks por jugar partidos, lo mismo: “Esto es cosa de tíos mayorcitos, hombres hechos y derechos, y se tiene que gestionar como tal. No me gusta lo de que si este ha dicho qué y el otro ha contestado. Y no me gusta que una y otra vez tengo que sentarme aquí y hablar de ello. Tenemos que hacer algo al respecto. Me pilla en medio y no puedo hacer nada. Esto no es cosa de los entrenadores, no tomamos este tipo de decisiones. Pero en esta liga somos los que tenemos que dar la cara. Salir y contestar a preguntas sobre estos asuntos. Creo que hay dos versiones, dos partes, pero no quiero involucrarme en ello más de la cuenta”. Y eso que a los pesos pesados les aseguró que los dueños no querían derrotas a propósito, al mismo tiempo que empezaba a reservarles para quitarles exposición. Clippers y Sixers, como los Bucks, estuvieron trufados de talento bajo su mando y no hubo premios suficientes. Ahora sabe que el objetivo le apunta a la sien, porque la prensa especializada ya desliza su salida, y él toma posiciones: “Ahora tengo siete nietos y todos menores de ocho años. Probablemente ya es hora de ir a verlos más a menudo”. Qué final más indeseado.

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