Giannis y los Bucks: situación límite
La brecha se agiganta en la franquicia, cuya disfuncionalidad ya es indisimulable: la NBA investiga cómo se están gestionando los descansos del ala-pívot griego.
Los Bucks han intentado todo para alargar la era Giannis Antetokounmpo, el jugador más importante de la historia reciente de la franquicia, el que envolvió en papel de regalo, con unas Finales para el recuerdo, el segundo anillo, el de 2021 medio siglo después del que ganaron Kareem Abdul-Jabbar (todavía Lew Alcindor) y Oscar Robertson. Pero han enlazado, después, cuatro años sin volver ni siquiera a la final de la Conferencia Este y ahora se enfrentan a su primera temporada sin playoffs desde 2016.
Los últimos movimientos, sobre todo esa salida con métodos drásticos, y en gran medida suicida, de Damian Lillard, el último gran compañero que no fue de Giannis, han ido cerrando la ventana de competición en Wisconsin con el efecto que suele castigar a las franquicias que viven en all in permanente, con una estrella generacional con la que siempre se busca competir y que, por si acaso, obliga a ser ambicioso con un ojo puesto en el mercado: mientras queman naves en el presente se quedan sin armas para construir el siguiente proyecto, todavía con Giannis o seguramente, más pronto que tarde, ya sin él. Malos contratos, cuentas tóxicas, rondas de draft enviadas a otros equipos… Giannis tampoco ha ayudado porque la salud le ha jugado malas pasadas, de una retahíla de problemas muy inoportunos (y decisivos) en playoffs a la lista de complicaciones de esta dificilísima temporada.
Aunque la lógica dice que nunca-se-traspasa-a-un-jugador-como-Giannis, de esos que caen en tu regazo pocas veces (en ocasiones, ninguna) a lo largo de décadas, la realidad de los últimos dos años ha sido otra: mientras la situación se opacaba y los riesgos para contentar a Giannis, con la lengua fuera, entraban en el terreno de lo ilógico, lo kamikaze, la opción del divorcio con apretón de manos ha sobrevolado cada vez con más peso, en vuelo más bajo y con más defensores, a una franquicia que se ha empeñado en que no, en que Giannis tenía que seguir a pesar de que a partir de este verano habrá otras sartenes con otras manos en los mangos: Giannis acaba contrato en 2027 (si no ejecuta su player option para la temporada 2027-28: 62,7 millones), así que en verano, en un abrir y cerrar de ojos, estará de facto a un año de ser agente libre y poder elegir destino. Salvo que muevan bien sus piezas, tan delicadas, los Bucks han podido perder ya las mejores ventanas para ejecutar un traspaso muy difícil, y muy triste, pero seguramente necesario. El pasado verano hablaron, parece que solo por hablar, con los Knicks. En febrero había varios pretendientes ya en plan serio, pero no se avanzó demasiado por ninguna vía. Giannis, mientras, se ha especializado en una postura pasivo-agresiva que ha afeado parte de esa imagen pública que tanto cultiva y con la que tiene a los Bucks en un sí, sí, sí pero no agotador.
Así que, y como en cierto modo llevaba meses pareciendo que acabaría pasando, las cosas se han puesto feas a medida que se acerca el verano, ahora sí, clave: los Bucks tendrán que pensar si quieren intentar un último órdago para recuperar el corazón de Giannis, que el 1 de octubre puede firmar una extensión de cuatro años y 275 millones de dólares. Desde los despachos ya han filtrado que si no da indicaciones de que la aceptará, optarán por el traspaso. Pero el griego quiere un proyecto ambicioso, de garantías competitivas, para comprometerse. Y ese es el laberinto, un pez que se muerde la cola, en el que están los Bucks. Que esta temporada no quisieron tankear, ni siquiera cuando empezó a parecer la mejor opción (casi la única), para intentar aferrarse al menos a un play in que también se ha escapado porque, sobre todo, Giannis solo ha jugado 36 partidos, el mínimo de sus trece años de carrera NBA, todas con los Bucks.
Ahora, Giannis lleva diez partidos parado, todos desde el 15 de marzo, por una hiperextensión de su rodilla izquierda. Él insiste en que está en condiciones de volver, pero los Bucks no le han dado el alta médica. La postura de la franquicia, incluso si el griego está apto desde el punto de vista médico, parece obvia: ya sin nada en juego (30-47 después de otra triste derrota, 101-133, contra los embalados Celtics), lo más sensato es cuidar pensando en largo plazo, ya sea para que lidere su próximo proyecto o para no rebajar su valor de mercado, a un Giannis que ya tiene 31 años y que ha apilado demasiados problemas de lesiones desde el anillo de 2021. Esta temporada, dos en gemelos, una de aductor y la actual de rodilla. En paralelo, conviene tener una primera ronda de draft lo más alta posible. Otra vez, por dos vías: si sigue Giannis, para poner a su lado un buen talento joven o para usarla en un traspaso por un veterano de nivel; si se va, para poner en marcha una reconstrucción que será, seguramente, peliaguda. Los Bucks, además, no controlan su destino en el draft... o no del todo. Los Pelicans tienen el derecho (por el traspaso de Jrue Holiday en 2020) de intercambiar con ellos sus primeras rondas, aunque ese derecho es en realidad de unos Hawks que tienen el pick de los de Nueva Orleans. Así que, como los Pelicans también están fuera de las opciones de play in, cuanto peor sean la clasificación de ambos más alta será la elección de los Bucks, sea la suya o la intercambiada.
La NBA irrumpe en pleno conflicto
Pero Giannis quiere jugar. Ya dijo en el pasado que no aceptará que le pidan ver partidos sentado si está sano. Que eso no va con él. Y ahora, un asunto que se rumiaba entre bastidores con malas sensaciones y susurros incómodos en Milwaukee, ha explotado en la cara de las dos partes, muy perjudicial para unos Bucks que no pueden perder legitimidad ni fuerza, sobre todo si tienen que sentarse a escuchar ofertas por su jugador franquicia. Ahora, un paso más hacia lo que ya es un conflicto muy serio, y público, la NBA ha abierto una investigación por cómo se ha gestionado la disponibilidad y los descansos de Giannis según sus partes médicos y la PPP (player participation policy) de la NBA, esa cartografía de la preocupación de la liga por la presencia en pista de sus jugadores (sobre todos sus estrellas) y la gratuidad e industrialización de sus descansos en una competición que ha sufrido a nivel mediático, ante el ojo del gran público, un escrutinio precisamente por cuánto juegan los más importantes y cómo de valiosos se consideran muchos partidos de la inacabable regular season que nadie quiere tocar porque menos partidos implicaría, en la cuenta más básica y directa, menos dinero para todos.
La NBA ha detectado “diferente versiones” entre lo que ha escuchado de franquicia y de jugador, y está entrevistando a todas las partes… y a unos médicos cuya opinión será, obviamente, trascendental. Los Bucks aseguran que Giannis no está listo para volver a jugar, pero él dice que sí y que quiere regresar en esta temporada pero que no recibe el alta y, sencillamente, no puede. Antes del partido contra los Bucks, Giannis hizo sonar unos tambores de guerra que, ahora sí, pueden ser el clavo definitivo en el ataúd en el que se ha ido convirtiendo su relación con los Bucks.
“Estoy listo para volver, puedo jugar pero no estoy en pista. Ahora mismo puedo jugar, hoy podría haberlo hecho”, aseguró antes del Bucks-Celtics. “Ya saben con quién están tratando. Que a mí me vengan a decirme que no juegue, que no salga ahí a competir, es como darme un bofetón en la cara. Así que no sé hacia dónde se encamina esta relación, la verdad. Estoy listo pero no me veo entre los doce que juegan, no veo mi nombre en el quinteto titular. No sé qué pretenden aquí, de qué va su juego, pero no quiero formar parte de ello”.
Como muchas veces, Giannis no quiso quemar todos los puentes y dejó un mensaje del que se puede extraer algo de optimismo: “Tenemos que ir a terapia de pareja. Ir, sentarnos, hacer terapia. Decir lo que pensamos cada uno, encontrar alguna solución. De forma amigable, ¿no? Esa es la cuestión, encontrar una solución conjunta". Pero, más allá, fue más agresivo que nunca al hablar de su situación en los Bucks: “Definitivamente, ahora no estamos en la misma línea. ¿Me estás diciendo que la próxima vez que juegue va a ser en octubre? Yo quiero jugar ya. Llevo aquí trece años y entiendo cómo funcionan las cosas. Ya no estamos en playoffs así que descansa, cuida tu cuerpo, prepárate para la próxima temporada, para lo que venga después y deja que crezca la siguiente generación de jugadores, los jóvenes. Que tengan minutos. Lo pillo. Pero no estábamos en eso cuando empezó esto, y eso es lo que me disgusta. Es como si hubieran sacado la bandera blanca. Y lo siento, pero eso no es como yo hago las cosas. Ni como las haré nunca".
Además, aseguró que los Bucks no le han querido dar más explicaciones en los últimos días: “Tuve una primera conversación con los que tenía que tenerla, el entrenador (Doc Rivers) y el general manager (Jon Horst), y les dije que quería jugar. Desde entonces, no he vuelto a hablar con nadie más. Nadie más se ha dirigido a mí para explicarme nada ni decirme cuál es el plan. He oído a gente decir que voy diciendo que quiero jugar pero que en realidad no quiero. Lo primero es que no sé de dónde salen informaciones así, habría que ser idiota para poder jugar con tu hermano y no querer hacerlo. Un hermano que tiene ocho años menos, que tenía once cuando yo debuté en la NBA y al que básicamente crie cuando murió mi padre. El que crea que no quiero salir a la pista y jugar con él, es que es idiota. ¿Entiendo las circunstancias? Sí. Ya no podemos llegar a playoffs, a la vista de algunos ya no merece la pena correr el riesgo de que juegue, pero para mí, va contra mi naturaleza. Nunca he visto el caso de un jugador, uno de mi puto calibre, que tenga que salir a decir públicamente que quiere jugar, ¿os dais cuenta? Creo que nunca he visto algo así. Así que si lo que hace falta es que haya una investigación, pues genial. Debería haberla. No sé, que la haya. Hasta que se sepa qué está pasando".
Doc Rivers, por su parte y en una situación nada cómoda, también se vio obligado a dar su versión de los hechos. Mientras crecen los rumores de que su tiempo en el banquillo de los Bucks toca a su fin y de que en el vestuario ya apenas se cree en su libreto, el veterano técnico intentó poner algo de tranquilidad discreta: “Esto es cosa de tíos mayorcitos, hombres hechos y derechos, y se tiene que gestionar como tal. No me gusta lo de que si este ha dicho y el otro ha contestado. Y no me gusta que una y otra vez tengo que sentarme aquí y hablar de ello. Tenemos que hacer algo al respecto. Me pilla en medio y no puedo hacer nada. Esto no es cosa de los entrenadores, no tomamos este tipo de decisiones. Pero en esta liga somos los que tenemos que dar la cara. Salir y contestar a preguntas sobre estos asuntos. Creo que hay dos versiones, dos partes, pero no quiero involucrarme en ello más de la cuenta".
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“He escuchado todo y me gustaría que todos estuvieran en la misma línea, porque lo merecen. Creo que no hay ninguna mala persona en este asunto, nadie de la gente con la que hablo. Todos son buenos, pero tenemos que conseguir que esas buenas personas vayan en la misma dirección, y es algo interno”, terminó un Rivers en cuyo discurso también se filtra, pese a su intento de poner un poco de paz, lo complejos que son los engranajes que se mueven entre bastidores y que, después de muchos amagos, podrían haber tocado definitivamente las teclas de la melodía que acabará con Giannis fuera de los Bucks. Veremos si es así, en que términos si es el caso y, como primer paso, qué tiene que decir la NBA cuando complete su investigación. Alguien saldrá malparado y pinta a que, de una forma u otra y porque se están jugando cómo se escribirá su futuro, serán los Bucks.
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