¡¡¡Bicampeones!!!
El Bilbao Basket revalida el título de la FIBA Europe Cup, tras un ejercicio de solvencia ante un PAOK al que desarboló. Normantas, estelar.
Un tormentón se desató sobre Bilbao dos horas antes de la vuelta de la final de la FIBA Europe Cup. El cielo se partió por la mitad y cayó agua como para duplicar el pasaje en la Ría. Era una señal. Un preámbulo. El anuncio de la tempestad baloncestística que se liberó instantes más tarde en Miribilla. Un estallido de dimensiones galácticas. El Surne Bilbao le ha cogido gusto a habitar por las cumbres más altas del continente. La FIBA Europe Cup ya tiene un rey perpetuo, el que nunca abdica. El único monarca que ha repetido, que no se levanta del trono en dos años consecutivos es esta manada de lobos hambrientos. Da igual que cambien las caras, el DNI, sólo hay cinco que se mantienen de la gloriosa final de 2025. El instinto ganador se transmite. Había ocho cuartos en esta ida y vuelta y la respuesta de los vascos en el penúltimo fue tan concluyente que no dejaron nada en pie, ni las migajas, de lo que se construyó en los seis anteriores. El Olimpo los recibió con los brazos abiertos, estos gigantes vestidos de negro entran en el terreno de la eternidad, como divinidades. Las finales están para ganarlas, ¿quién se acuerda ahora de las de Eurocup, ACB y Supercopa?
Bilbao es la capital del mundo del baloncesto por un día. Sigue la tradición de un equipo español campeón el cualquier torneo, instaurada desde 2016. Van 19 de 7 clubes diferentes desde el último ejercicio en blanco. En Euskadi solo han llegado a este nivel Bilbao BSR en baloncesto en silla de ruedas, Baskonia y Bidasoa en balonmano, el único que también tiene dos oros.
El espíritu de Miribilla es ya temido por el Viejo Continente, anonadado ante un colectivo que ha manejado la pelea de la final de este ya histórico 2026 con una solidez increíble. ¡Bienvenidos al infierno! El equipo ha roto todos los tópicos y gafes, también aquel que dictaba que el que perdía el primer partido se iba de vacío. Supo aguantar la presión del primer cuarto y arrasó sin piedad tras el descanso, con una intensidad defensiva de mil hienas. Se repartieron 10.000 camisetas con la imagen de un lobo y el lema batera (‘juntos, a una’) y eso fue el recinto verde y amarillo, un grito unánime de ’¡Bicampeones!’. La criptonita del PAOK estos dos años. El éxtasis era esto. Miles de almas encendiendo el castillo mágico e impulsando a hacer historia. En el cercano Frontón Bizkaia hubo también una buena marea negra siguiendo cada instante con el alma desatada.
Se van de esta edición por la puerta grande, con una derrota en el estreno, un leve despiste para coger carrerilla, y otra en Salónica subsanada una semana más tarde. El resto, palizas, récords y satisfacciones que resonarán en el futuro. No ha habido que poner a funcionar la máquina de la épica como en la pasada edición. Un trozo del firmamento ya tiene tatuado el nombre de Miribilla, gracias a un grupo reverenciado y fascinante. Ponsarnau, que ayer cumplía 55 años y lo celebra de la mejor manera, es tricampeón, ya que tiene estas gemelas Europe Cup y una Eurocup con el Valencia. Nadie más que Pedro Ferrándiz, Lolo Sáinz y Aito García Reneses tiene más conquistas europeas.
Este torneo ya se queda pequeño, ahora hay que ir a por caza mayor, ya sea la Champions o la Eurocup. Este éxito encadenado debe llevar a sus majestades, con el escudo de FIBA dorado en la camiseta a la altura del corazón de nuevo, a otro nivel, a asentar aún más su proyecto inmortal y mirar al futuro con ambición.
Estaban en la grada empujando el lehendakari Pradales, un sinfín de autoridades políticas y Unai Gómez, jugador del Athletic. También los presidentes de la Federación Española, Elisa Aguilar, y Griega, Vangelis Liolios. Mumbrú, Rigo, Unai Calbarro, De Ridder, el baskonista Khalifa Diop, lesionado en un partido en este recinto, el actual técnico del Gipuzkoa y exayudante de Bilbao Sergio García... muchas caras conocidas. Lazarevic fue el descartado. Alguien tenía que ser, es así de duro, pero lo saboreó como uno más porque la copita también es suya. Como de los canteranos que han disfrutado de esta travesía: De Castro, Madariaga, Errasti y Mintegui, participantes en la ceremonia de entrega de medallas doradas, lógicamente. El PAOK mandó en el arranque del partido, el primer tiro fue suyo, errado, de Tyree de tres, no podía ser de otra manera, y también inauguró el marcador, tras rebote ofensivo de Persidis y anotación de Moore. La tensión no tardó en hacer acto de presencia, a los dos minutos y 35 segundos de juego, después de una falta de Beverley a Hilliard por detrás y una reacción de éste empujándole. Fue Omoruyi a meterse en el fregado sin que nadie le hubiera llamado a ese entierro y se resolvió con antideportiva para éste y Hilliard.
Los vizcaínos no se manejaron bien en el gobierno de la presión, parecía que querían meter la segunda canasta sin hacer la primera para llegar a los siete puntos requeridos en un ataque. Pero no estaban muertos, que andaban de parranda. El primer cuarto se cerró con un inquietante 19-23 y la sensación de que era el quinto acto del Palataki, una continuación, que se jugaba a lo que Boutskos quería: se movían a partir de Tyree y Beverley y en defensa cambiaban, iban metiendo cosas, haciendo pensar al base que estaba liberado e invitándole a entrar y luego ahí le tendían una emboscada. El pívot se quedaba muy atrás y el pequeño forzaba hacia él. Te piensas qué van a hacer ambos y colapsas, dudas. Lo mejor es tirar rápido a media distancia, esa acción casi olvidada. El equipo local no acababa de ser él mismo, su identidad no aparecía y Pantzar se sentía muy solo.
Pero la cosa empezó a cambiar cuando se unió al base sueco Normantas, un jugador que conoce este tipo de citas internacionales y se desenvuelve como los ángeles. Suyo fue el empate a 25. Con 32-33 hubo dos oportunidades para ponerse al fin por delante, esa barrera siempre psicológica y más en una final: un triple desde la esquina de Krampelj y una bandeja de Jaworski. Dos acciones sencillas erradas, lo que elevaba la ansiedad de Miribilla aún más. Normantas anotó un triple para llegar por fin a esa ansiada ventaja: 35-34, a 3:50 para el descanso. Jaworski se subió a ese tren desbocado que ya era el partido de vuelta y la ventaja creció hasta el 42-39, a mitad de travesía de los 7 necesarios. Eso sí, Bagayoko cometió la cuarta y como Hlinason estaba con dos, salió a echar una mano el único que no había jugado hasta ese instante: Sylla. En el descanso el marcador lucía con 43-41. Una parte del trabajo estaba realizada y el plan parecía que iba saliendo.
El inicio del tercer cuarto fue clave. Nada más salir del vestuario anotó un triple Hilliard y luego sacó una falta a Omoruyi para plasmar el 47-41. Eliminatoria igualada, todo comenzaba de cero. El nigeriano falló dos mates por un exceso de ímpetu, que podían haber valido su peso en oro. La final se desató al fin con bombas lejanas de todos los colores. El PAOK reaccionaba, de la mano de Dimsa, hasta empatar y el Surne volvía a pisar el acelerador: 55-49. Era una segunda avalancha que ya aniquiló al cuadro tesalonicense. La sentencia llegó con un triplazo de Normantas que al fin derribaba la barrera tan perseguida: 60-53, a 15:17 para acabar. Era el momento, lo habían encontrado. Trinchieri, que va a coger el proyecto el año próximo, torcía le gesto en la tribuna de prensa. Se desencadenó el cuadro vasco, con más jugadores sumándose a la causa, como Petrasek, demoledora muñeca, con un 2+1 (63-53). Había muchos más recursos y versatilidad en los vascos, que pusieron en marcha una apisonadora defensiva, liderada por Hlinason. Inconmensurable esfuerzo y sacrificio. El PAOK lo fiaba todo a los unos contra uno, no se pasaban la pelota, jugo individualista, por eso solo registraban 6 asistencias en el 70-57.
Cuando subió la intensidad y el acierto del Bilbao Basket se vio quién tenía la confianza por las nubes. Suya era la copa y no estaban dispuestos a que se la quitaran de las manos. Los enfervorecidos 600 hinchas helenos presentes iban bajando los decibelios. Hubo un conato de movida cuando gritaron Puta Bilbao y subió la Ertzaintza a ponerlos firmes. Si los de Ponsarnau encontraban esa energía atómica que mostraron a partir del bochorno ante el Valencia a comienzos de año, los rivales no iban a ser capaces de contener semejante apoteosis. Bajo el caparazón de tipo duro del equipo griego había un grupo quebradizo. No hubo capacidad de respuesta cuando se desató el campeón vigente. Beverley desfiló por fatas en el minuto 32 y la rendición ya fue total por parte de los del Palataki.
La diferencia se fue ensanchando hasta el 80-58, después de tres tiros libres de Normantas, el amo de la noche. Se fugaron por el horizonte del delirio. Hasta un ex como De Ridder, ahora en la NCAA, saltaba invadido por el éxtasis de la grada y se escuchó el grito de guerra en su honor: ‘Follow De Ridder, Ridder, Ridder’. Hilliard cogió el testigo de 2025 de Pantzar como MVP de esta final, contabilizando ambas citas. La fiesta se cerró con la deportividad por bandera, con el equipo visitante saliendo a recoger la medalla de subcampeón y los gritos de ‘PAOK, PAOK’ por parte de la hinchada local. No parecen tan despreciables como se trató de vender desde Murcia. La pirotecnia alcanzó su cénit con los ‘hombres de negro’. Los amos de Europa en 2025 y 2026. De dos en dos mola más. Garbajosa, presidente de FIBA Europa, entregó la ansiada copita a Hlinason, que emuló a Rabaseda hace doce meses. La levantó como el cíclope que es desde su pedestal de 2,15 metros, mucho más cerca del cielo que nadie. La Orejona no abandona su hogar. Doblete europeo. Suena bien. Era de justicia divina poder montar el guateque en casa. Mañana, recibimiento por todo lo alto por parte de una ciudad que se ha habituado a meter canastas y levantar trofeos. Bendita costumbre.
Ponsarnau: “Hemos ganado desde el sacrificio y la defensa”
Ponsarnau tuvo que interrumpir y suspender la rueda de prensa al cumplirse la habitual tradición de la plantilla y el resto del cuerpo técnico irrumpiendo en medio de la misma con champán en la mano. Destacó, tras revalidar el título, que el choque se ganó “desde el sacrificio y la defensa, batera (juntos)”.
“Ha sido increíble. El ambiente, el equipo, este grupo es maravilloso. Ha sabido vivir los malos momentos del partido y hemos sabido buscar los buenos”, indicó. Para Ponsarnau “era importante entender que quedaban cuarenta minutos, que quedaba mucho partido”. “Creo que teníamos más banquillo y, si manteníamos un nivel de energía bueno, el partido era para nosotros”, explicó. Sobre el gran ambiente vivido en Miribilla, destacó que “esta gente ha apoyado siempre, estamos super agradecidos. Es de mérito que este título se ganase aquí”.
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Por su parte, el capitán Hlinason afirmó nada más proclamarse campeón que había sido “un partido muy duro, pero muy bonito”. “Estamos muy contentos”, confesó. El pívot islandés agradeció el apoyo de la afición bilbaína, que llenó Miribilla en este partido de vuelta ante el PAOK. “En los momentos duros, al principio, cuando estuvimos sufriendo, pudimos notar su apoyo. Vamos a seguir luchando siempre para llegar a lugares así de bonitos. Es algo nuevo para mí. Estoy muy satisfecho con el trabajo de estos chicos, han trabajado increíble estos días”, valoró el pívot. Por su parte, Hilliard, el MVP de la final que se fue a por uno de sus hijos nada más proclamarse campeón, se mostró radiante: “Estoy muy feliz, estos chicos se merecían el título, es uno de los momentos más alegres de mi carrera, espero jugar más partidos en Europa con este equipo el año próximo”.
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