Una española que vive en Finlandia conquista a una multitud al contar cómo acabó viviendo en ese país
Anna, influencer de espíritu nómada, ha confesado cuál fue el motivo por el que decidió hacer indefinida su estancia en el país nórdico.
Todos los caminos de Anna llevan a Roma. Y a Londres, Buenos Aires, Pekín y Ottawa. Donde sea, pero lejos de España. La creadora de contenido barcelonesa, que hace de sus perfiles en redes sociales un reflejo de su día a día en Finlandia, asume su esencia viajera con orgullo. Y así lo transmite a sus miles de seguidores. En un reciente vídeo ha explicado cómo terminó viviendo en el país nórdico y, sobre todo, por qué se quedó de forma indefinida allí, algo que, debido a su carácter inquieto y nómada, jamás hubiera adivinado.
“Yo siempre he contado por aquí que desde muy pequeña yo quería vivir en el extranjero”, inicia su relato, permitiéndose un pequeño flashback para poner en valor su espíritu imperecedero: “A mí en quinto de primaria me preguntaron qué quería ser de mayor y dije que no lo sabía, pero que iba a vivir fuera de España. Y de hecho todavía no sé qué estoy haciendo con mi vida, pero eso lo dejamos para otro vídeo”.
De Argentina a Noruega; de Noruega al mundo
En realidad, su historia comenzó a escribirse hace tres lustros. “En 2010 llegó mi punto de no retorno. Me sentía asfixiada en Barcelona, y no precisamente por el calor: había muchas cosas en mi vida con las que no podía más y decidí poner distancia”, confiesa. Y eso hizo: “Me fui a Buenos Aires, puse todo un océano de por medio. Allí me lo pasé pipa, me encantó. Conocí a un montón de gente, fue una ‘vidorra’”. Un día, reflexiona señalándose el corazón, sintió, como todos los humanos notan en su interior alguna vez, que no era la capital de Argentina el lugar en el que debía permanecer el resto de sus días. Así que volvió a hacer las maletas.
Volvió. “Pero no a España; a Europa, pero a otro país. Me fui a Noruega. Allí trabajé para un partido político que se llama Venstre [que es la formación liberal socioliberalista de Noruega] y cuando se me terminó el contrato no quise renovar porque quería vivir en otros países“, cuenta, haciendo breve su paso por aquel lugar. Cogió, de nuevo, el globo terráqueo y apuntó su próximo objetivo. “En realidad a mí me hubiera gustado ir a Svalbard, que es esta isla al norte de Noruega, pero no salió, supongo que fue el destino. Entonces me puse a buscar entre Islandia...”, relata, giro de guion incluido: “Y Finlandia, realmente, no entraba en mis planes, pero salió”.
Esa fue la historia de su llegada a Finlandia. Luego faltaba la segunda parte; la de quedarse. “Yo no sabía nada de Finlandia. Sabía que la capital es Helsinki, que le gusta la sauna y poco más”, admite, asegurando que lo que más le impactó fue un ‘pequeño’ detalle de su geografía: “Viniendo de Noruega, que tiene unas montañas imponentes, llegar aquí y ver que es todo plano... Yo decía: ‘pero bueno, ¿dónde están las montañas?’ Y es que no hay”.
Tampoco es que quisiera asentarse allí. Pero terminó haciéndolo. “Yo tenía pensado vivir en otros sitios, pero bueno, conocí al marido y me quedé“, dice. El amor. Como siempre. ”Al principio no me creía mucho esto de que nos íbamos a quedar para siempre en Finlandia", se sincera, llegando, incluso, a admitir que todavía no se lo cree.
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“Pero poco a poco me fui haciendo”, sonríe, cerrando luego con un tajante e irónico: “Esa es la historia, tampoco tiene mucha emoción”. Se quedará. O no. Pero en ningún mapa llevará ninguno de sus caminos a Anna de vuelta a la ciudad condal.
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