Un pescadero resume en muy pocas frases las diferencias que ve cuando atiende a una persona mayor y a una joven
El profesional, que trabaja en una pescadería del Mercado de Villaverde Alto (Madrid), ha teatralizado una situación de lo más cotidiana.
Hay conceptos puramente intangibles que resultan difíciles de describir, cuantificar con exactitud y hasta dibujar. No es sencillo acercarse a estas meditaciones, que no pocas veces penden del hilo de la subjetividad. Sin embargo, debe saber el lector que con frecuencia se muestran en los actos más puramente cotidianos, tales como salir a pasear o ir a la pescadería.
Véase el ejemplo del salto generacional y la forma en la que lo describe uno de los pescaderos que trabaja en la pescadería Curado Morales, del Mercado Villaverde Alto (Madrid). El profesional ha dedicado un vídeo compartido a través de la cuenta oficial del sitio a reseñar las “diferencias que hay ahora mismo entre cuando viene una persona mayor y una joven a comprar”. Y, como Goyo Jiménez, no lo ha dicho: lo ha hecho.
El paso del tiempo, entre lubinas y mariscos
La publicación es en sí misma una escenificación, una cascada de teatralizaciones. “La persona mayor viene y te dice: ‘Hola cariño, buenos días. ¿Me puedes poner esto?’ Y una persona joven te dice: ‘Hola, ¿qué pasa tío? ¿Me das uno de estos?’“, dice, en primer lugar. El segundo caso va un poco al hilo del primero: ”Una madre, cuando viene te dice: ‘Ponme un kilo de esto, o un kilo de aquello o kilo y cuarto’. Y un chico te dice: ‘Ponme lo que tú veas. Lo que tú quieras’“.
Se deduce de sus palabras que las generaciones previas a la actual tenían un criterio que la presente no. “Una madre siempre te dice: ‘Déjame las cabezas y las espinas para hacerme un caldito’. Y uno joven me dice: ‘¿Espinas? yo para qué quiero eso. Tíralo’. Y que, en definitiva, al actual le da igual lo que le vendan: “También una madre te dice: ‘¿Pero estará bueno?’ Y antes de que le contestes te dice: ‘Bueno, ¡tú qué me vas a contestar!’; y un chico joven le dices que si le pones de este o de este y te dice: ‘Ponme lo que tú quieras, da igual’.
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En la caja de comentarios han aplaudido la sinceridad del hombre, a la par que le han advertido de un contenido que, quizá, pueda alejar a sus clientes. Pero ha sido tajante y atrevido. Ya se sabe que no es fácil definir lo intangible; y él, entre lubinas y mariscos, ha puesto letras al paso del tiempo.
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