Federico Carelli, experto en grafología: “Cuando una persona firma con su nombre completo nos habla de una persona honesta”
La rúbrica constituye también una expresión personal, y analizarla ayuda a conocer más sobre la identidad y las intenciones de la persona firmante.
La firma de una persona es mucho más que un simple trazo destinado a validar documentos; constituye una expresión personal que combina identidad, intención y, en muchos casos, rasgos de la personalidad. Desde la grafología, la firma se interpreta como la representación del “yo social”, es decir, la manera en que el individuo desea ser visto y reconocido por los demás. A diferencia del texto manuscrito común, que suele reflejar comportamientos más espontáneos, la firma tiende a ser un acto consciente y simbólico, cargado de significado.
Si una persona firma con su nombre y su apellido de forma clara y legible, suele interpretarse como un indicador de coherencia entre su identidad personal y su identidad social o familiar. El nombre representa al individuo en sí mismo, mientras que el apellido lo vincula con su linaje, su historia y su entorno.
Así lo explica el grafólogo Federico Carelli en un vídeo divulgativo en sus redes sociales: “Cuando una persona firma con su nombre completo, de manera legible, esto, en general, nos habla de una persona honesta, para empezar. Porque es una firma legible y, por lo tanto, es una persona transparente, franca. En general, bastante leal también”.
“Después, el hecho de que pongas también tanto tu nombre como tu apellido habla de que el nombre refiere al yo al infantil, mientras que el apellido refiere al yo adulto. Entonces, va a haber un equilibrio entre tu yo infantil y tu yo adulto, por lo tanto, la capacidad de ser emocional, sensible, un apego hacia la madre, que también tiene que ver con esto, con el nombre, la capacidad haber berrinches, ciertos caprichos, con el yo adulto, o sea, con un racionalismo, con una personalidad más práctica, con unas búsqueda de aprobación social y emocional”, añade.
Un gesto intencionado
Asimismo, la legibilidad en la firma puede indicar transparencia y deseo de comunicación directa. Una firma que se puede leer sin esfuerzo transmite apertura y accesibilidad, mientras que una excesivamente complicada o cerrada puede sugerir reserva, necesidad de protección o incluso desconfianza. En el caso de la firma con nombre y apellido bien definidos, suele percibirse una intención de mostrarse tal como se es, sin demasiados velos.
No obstante, también es importante considerar el estilo, el tamaño y la proporción entre el nombre y el apellido. Si el nombre destaca más que el apellido, puede interpretarse como una fuerte afirmación del yo individual; si ocurre lo contrario, puede reflejar un mayor peso de la familia, la tradición o el rol social en la construcción de la identidad. Cuando ambos mantienen un equilibrio armónico, suele hablarse de una personalidad estable y bien estructurada.
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En definitiva, firmar con nombre y apellido no es un gesto neutro. Es una elección que comunica cómo la persona se posiciona frente a sí misma y frente a los demás. A través de ese trazo final, se revela una forma particular de asumir la identidad, la responsabilidad y la presencia en el mundo.
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