Filosofía

Santo Tomás de Aquino, pensador y filósofo: “Si el objetivo más alto de un capitán fuera preservar su barco, lo mantendría en el puerto por siempre”

Aunque la doctrina del filósofo, pionera en el desarrollo del pensamiento racional en Europa, es densa, pueden extraerse conclusiones propias del día a día.

Redactor de Tikitakas
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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De los afluentes que riegan el río filosófico en el que incurre el presente pensamiento occidental, el que constituye la doctrina de Santo Tomás de Aquino es, sin duda, uno de los más abundantes. El filósofo y teólogo medieval del siglo XIII es figura central de la Escolástica y una de las mentes que mejor representan la idea, posteriormente desarrollada por numerosos filósofos, de que la razón tiene valor propio, incluso dentro de la propia fe. Esto es, Santo Tomás de Aquino puso una de las primeras piedras para el desarrollo del pensamiento racional en el Viejo Continente.

Son tantas las citas que recogen su pensamiento que cuesta escoger una que sea más representativa que el resto, especialmente por los distintos aristas de su filosofía, que podía resumirse, tal y como se ha mencionado antes, en la relación entre la fe y la razón: no se contradicen porque ambas provienen de Dios; la razón puede conocer verdades por sí sola y la fe, por su parte, revela verdades más altas. De ahí que concluyera que la razón prepara el camino para la fe y que la fe perfecciona la razón; y, sobre todo, de ahí sus famosas cinco vías para demostrar la existencia de Dios.

Quien no arriesga, no gana

No obstante, y pese a la densidad de lo explicado, no toda la filosofía de Santo Tomás puede ni debe comprenderse en un marco tan poco tangible. Su planteamiento es perfectamente exportable a asuntos cotidianos del día a día, y así lo prueban numerosas de sus más populares frases. Quizá, en este aspecto, uno de los mejores ejemplos sea la siguiente oración: “Si el objetivo más alto de un capitán fuera preservar su barco, lo mantendría en el puerto por siempre”.

En el apartado puramente filosófico se podría mencionar que encaja a la perfección con su teleología, su ética de la virtud y su comprensión del fin último. En otras palabras, su doctrina vendría a recoger que, dicho de otra forma, no vivir por miedo a perder es ya una forma de perder el fin. Y en lenguaje todavía más terrenal, la cita señala que quien no arriesga no verá los resultados que se proponga. Quien no arriesga, no gana.

En este caso se aprecia la dualidad de su pensamiento, que sirve tanto para describir la relación entre fe y razón como para aconsejar a un buen amigo de cara a cualquiera de sus proyectos. No en vano se dice que Santo Tomás es uno de los padres de la filosofía occidental: se cuela en el día a día sin que uno se dé cuenta.

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