Lao-Tse, filósofo chino: “La vida es una serie de cambios naturales y espontáneos, resistirse a ellos solo crea dolor”
El misterioso pensador, cuya existencia es un debate vivo entre historiadores, fue padre del taoísmo y uno de los más influyentes filósofos de la antigua China.
En la vieja China, así como en la práctica totalidad del mundo antiguo, la realidad practicaba funambulismo entre la leyenda y lo tangible. Y quizá fruto de esa unión nació la filosofía. En las tierras sinas se recuerda la huella de Confucio, pero fueron muchos los pensadores que extendieron el legado de las ideas por mil caminos y uno más. Tras el período de las ‘Primaveras y Otoños’, donde se enmarca el citado filósofo, llegó la convulsa época de los ‘Reinos Combatientes’; y antes de que apareciera un tal Mengke, perteneciente a la cuarta generación de discípulos de Confucio y a quien la historia le conoció como Mencio, adquirió fama un tal Lao-Tse, cuya palabra cambió el rumbo del ideario colectivo asiático para siempre.
Son muchos los que dudan de la verdadera existencia de Lao-Tse, quien vivió el amanecer de la mentada época y la edad dorada del pensamiento: el período de las ‘Cien escuelas del Pensamiento’, que concluyó con el ascenso al poder de la mítica Dinastía Qin y la subsiguiente purga de las ideas contrarias. Cuando aquella quema de ideas llegó, Lao-Tse, cuyo nombre ha sido escrito numerosas veces como Laocio y viene a significar ‘viejo maestro’, ya había escrito el ‘Tao Te Ching’, que es la obra central del taoísmo.
Una inmersión en el taoísmo
Se sabe poco sobre la vida de Lao-Tse. Por no decir que casi nada. Era una personalidad extremadamente misteriosa que parecía observar la realidad y su trasfondo al mismo tiempo. De ahí que muchas de sus reflexiones sean extrapolables a una actualidad que, aunque en ocasiones se antoje tremendamente alienada, bebe del mismo río temporal y humano que aquellos que desembocaban en el antiguo mar de China. Bien lo sabía Laocio cuando decía lo siguiente: “La vida es una serie de cambios naturales y espontáneos. No te resistas a ellos sólo crea dolor. Deja que la realidad sea la realidad”.
Dicha frase esconde la esencia de la doctrina taoísta de Lao-Tse. El pensador hace hincapié en el concepto de ‘Tao’, que significa ‘El Camino’: es el principio supremo e indefinible que origina y guía todo lo que existe; no puede describirse completamente, todo fluye según ello y, en resumidas cuentas, es el orden natural del universo. También es vital en su filosofía el principio de ‘wu wei’, que es el de ‘no acción’ o, en todo caso, ‘acción sin esfuerzo’: esto no implica pasividad, sino fluir con la circunstancia, actuar sin forzar nada y, sobre todo, no imponer la voluntad contra el orden natural.
Dos pinceladas de la basta teoría de uno de los padres del taoísmo y, quizá, pueda leerse la cita con otros lentes: la realidad es cambio continuo, el sufrimiento nace al resistirse a dicho fluir natural y, por tanto, la sabiduría aparece al alinearse con el proceso espontáneo del mundo. No se trata de una invitación vulgar a la resignación, sino de la armonización consciente con el devenir. Así era en la China de Lao-Tse y en cualquier esquina del viejo mundo.
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