La eternidad de Carlos Ares
El artista gallego se consagra como uno de los grandes de la escena musical española con un directo arrollador capaz de llevar a la catarsis.
Hay actuaciones que quedan por siempre prendidas a una sala. Como un adjetivo. El recuerdo de una noche para siempre. Atada a un artista, a un sonido, a un concierto. El de este enero ha sido Carlos Ares, tres noches dentro del ciclo Inverfest, el festival de invierno en Madrid que cuenta con el apoyo de Vibra Mahou, la plataforma de música de Mahou Cinco Estrellas que impulsa experiencias cinco estrellas en torno al directo. Un directo como el de Carlos Ares, alguien que acaricia el arte con sus canciones.
Hace meses que, como el crítico musical Fernando Neira, resumía en un post de Instagram una de sus noches en Madrid , dejó de ser un artista revelación para convertirse en “un fenómeno deslumbrante capaz de reventar”. Reventar como lo hicieron todas aquellas personas que llenaron Las Rivieras, las tres sold out desde hace meses, durante esas tres noches. La catarsis colectiva. En la última, incluso, hubo una petición de mano sobre el escenario. Una chica le pidió matrimonio a su chica entre canción y canción de Carlos Ares. Porque Carlos Ares es música popular, sintetizadores y texturas ambientales. Ese adjetivo en sí mismo. Su nombre. Carlos Ares. Y un cuerpo abierto en canal a través de la música.
Si todo comenzó con el sonido envolvente, su guitarra y esa primera estrofa (“Y se quedó sin reflejo…”) de ‘Días de Perros’, el artista gallego, multiinstrumentista, compositor y productor, fue creando un universo propio a medida que iba regalando y desgranando canciones sobre el escenario. Brazos en alto y piel de gallina envueltos en vanguardia y en folk. Más un regalo. Esa canción que hasta septiembre permanecía escondida, aún sin publicar, de las 12 que forman su último disco, ‘La boca del lobo’, editado en mayo de 2025, un año después de ‘Peregrino’ (2024) y premio INMIR a mejor disco pop. La duodécima. La que hacía clic y completaba todo. Esa que Carlos Ares había guardado con mimo para esta cita. La de las salas. Acabada ya la temporada de festivales. Se llama ‘Collar’, una balada de larga duración que cierra este álbum y se posa como el rocío sobre la vulnerabilidad y la superación. Bellísima. Antes habían estado esas dos hermanas, canciones tan distintas como inseparables, ‘Un beso del sol’, junto a Begut, y ‘Con un solo dedo’, además de ‘Amigo’ o ‘Materia prestada’. Luego llegarían ‘Importante’, ‘Peregrino’ o el cierre con ‘Páramo’.
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Un concierto que fluctuó como una ola entre la energía y el carisma que se le cae de los bolsillos sobre el escenario. Un animal salvaje de los escenarios. Artista del año en Galicia. Sus escuchas mensuales creciendo en línea recta hacia el techo en Spotify. Puro éxtasis alrededor de actuaciones que te dejan afónica porque te han llenado la garganta y la piel. En tres noches para siempre en La Riviera. Este viaje solo acaba de comenzar. Súbanse.
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