Born Slippy: la canción olvidada de cara B que la película Trainspotting transformó en el latido electrónico de los 90
De ser un single olvidado nacido tras una borrachera en el Soho a convertirse en el corazón de Trainspotting. Así nació el himno que definió una generación, con un bombo hipnótico y una letra fragmentada que Karl Hyde escribió como un grito de ayuda.
¿Sabes qué tienen en común un bar del Soho, una resaca monumental y una película que definió los 90? Una canción que nadie quería y que terminó sonando en cada rave del planeta. Born Slippy .NUXX, de Underworld, no nació para ser famosa. De hecho, cuando salió en 1995 era una cara B perdida en un single que pasó sin pena ni gloria. Ni la banda pensaba que valía para mucho. El propio nombre salió casi por azar: era el de un galgo de carreras que Hyde vio en un cartel. Pero entonces apareció Danny Boyle.
El director buscaba algo que sonara como la vida misma: euforia, caos y un bajón brutal después. Cuando escuchó Born Slippy, dijo que era “el latido del corazón de la película”. Y vaya si lo fue. Boyle la colocó en el clímax de Trainspotting (1996), justo cuando Renton decide dejar la heroína y “elegir la vida”. Ese bombo repetitivo, esa voz que parece un mantra borracho… era la pulsación que necesitaba la escena. No es casual: el tema está construido sobre un bombo de 140 BPM y un bucle minimalista que se repite como un mantra, lo que lo convirtió en un referente del techno progresivo.
Lo curioso es que la letra no tiene nada que ver con drogas. Karl Hyde, vocalista de Underworld, la escribió tras una noche de borrachera en el Soho londinense. “Quería reflejar cómo un alcohólico ve el mundo: en fragmentos”, explicó años después. Por eso las frases parecen inconexas: “drive boy dog boy dirty numb angel boy” (“conduce, chico; perro, chico; sucio, entumecido, chico ángel”). Hyde siempre insistió en que no era un himno a la bebida, sino “un grito de ayuda”. Y se enfadaba cuando veía al público celebrarla levantando latas de cerveza.
Cuando Trainspotting se estrenó, la canción explotó. Underworld la relanzó en julio de 1996 y llegó al número 2 en Reino Unido. De ser una rareza olvidada pasó a convertirse en uno de los himnos electrónicos de los 90. Sonaba sin parar en discotecas, festivales y hasta en anuncios. Hyde decía que le parecía surrealista: “Era una canción sobre sentirse perdido, y la gente la convirtió en una celebración”. Con el tiempo, Born Slippy entró en listas como “Las 50 canciones que cambiaron la música electrónica” (Mixmag), consolidando su impacto cultural.
¿Y por qué funcionó tan bien? Porque Born Slippy no es solo música: es una sensación. Ese bombo constante te arrastra, la voz te hipnotiza y el crescendo final te deja sin aire. Es la banda sonora perfecta para una generación que quería escapar, aunque fuera por unas horas, de la rutina gris. Trainspotting no solo le dio vida: la convirtió en símbolo.
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Hoy, casi 30 años después, sigue sonando como si fuera nueva. Cada vez que arranca ese lager lager lager, vuelven las imágenes de Ewan McGregor corriendo por Princes Street, la voz en off diciendo “Choose life” y la certeza de que, a veces, las mejores historias nacen de los lugares más improbables: una cara B, una borrachera y un director con buen oído.
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