Max Payne 2 - Capítulo III

Tras su primera aventura, Max Payne dejó la DEA y volvió al departamento de policía de Nueva York como detective de homicidios.Una noche, mientras patrulla, capta un aviso sobre un tiroteo en un almacén, un almacén que sabe que pertenece a Vladimir Lem, el traficante de armas que conoció hace poco. Como no podía ser de otra manera, Max va hacia allí y...

No tuve mucho tiempo para contemplar aquella escena dantesca que parecía sacada de la más oscura de las novelas negras. Un grupo de comandos entró en la habitación y provocaron una gran explosión con sus disparos, que impactaron en los explosivos que también se apilaban.

Max Payne II

La onda expansiva de la primera detonación me lanzó por los aires. Estaba aturdido y necesitaba salir de allí cuanto antes, y por eso respondí a Mona de aquella forma. Recogí los analgésicos que vi en un botiquín justo antes de salir y huí de allí por el único camino posible.

Cuando llegué enfrente de un suelo hundido solo pude entrar por la puerta de la derecha, y volver a salir al ver que un enemigo me esperaba y era lanzado por los aires a causa de una explosión. Pasé a través del boquete creado y disparé a los explosivos que habían sobre una mesa para abrir una brecha en el muro y salir por ahí al exterior.

Rodeé la estructura semiderruida que se tenía en pie por los pelis para pasar al otro lado y seguí recto dejándome caer por los huecos y teniendo cuidado con los explosivos. Lo más sabio era quedarse quieto en cuanto veías que un grupo de cajas explotaban como una traca, una detrás de otra.

Finalmente me dejé caer por otro hueco en el que me esperaban 2 enemigos. Pasé por allí extremando las precauciones, ya que el techo se derrumbó por la parte izquierda, justo enfrente de la puerta, pasada la cual me esperaba otro tipo con su Ingram apuntando a mi posición.

Tras liquidarlo atravesé las llamas saltando por la mesa y llegué a una puerta doble. Allí me esperaban 3 enemigos, que pude liquidar fácilmente disparando primero al barril rojo para que explotase. En esa habitación se había hundido el suelo y esa era mi única salida, pero abajo tenía a todo un grupo de gente con cara de pocos amigos.

Así pues, lancé primero una granada, esperé a que detonasen todos los explosivos de abajo y entonces sí, salté al nivel inferior ocupándome de los supervivientes. Seguí bajando y al llegar a un pasillo los gritos de un limpiador quemándose vivo a la izquierda me dio a entender que esa no era la dirección que debía tomar.

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Por la derecha llegué a una pared caída y pude pasar a través de ella. Una serie de explosiones convirtieron aquello en un infierno que me resultó demasiado familiar.

Pasé corriendo entre las llamas, saltando sobre las mesas, ignorando el mundo que se derrumbaba a mi alrededor. Finalmente vi una ventana a través de la que pude saltar y agarrarme a la estructura de un andamio. Pero una última explosión me lanzó al vacío.