Benzema vuela con 4 kilos menos que en el Madrid y se propone jugar hasta los 40 años
El delantero, “fino, fino” según su entorno, se cuida a los 38 como nunca —en manos de españoles— en busca de más gloria y títulos antes de regresar a España.
Karim Benzema (Lyon, 38 años) ya ha dejado claro que no abandonó el Real Madrid en junio de 2023 para irse de vacaciones indefinidas a Arabia. Llegó como Balón de Oro a cambio de un acuerdo jugoso por unos 109 millones por año, y sus números hablan por sí solos. Con el Al Ittihad, en las dos temporadas y media que defendió su camiseta, sumó 54 goles y 17 asistencias en 83 partidos, además de levantar los títulos de Liga y Copa. Ahora, con el Al Hilal, ha comenzado aún mejor una relación hasta 2027: un hat-trick fue su carta de presentación.
Pero su desafío personal va más allá de las matemáticas. El francés odia vivir del pasado. Lo suyo es el aquí y el ahora. De ahí su salto al Al Hilal por pura competitividad y ambición futbolística. Más allá de los flecos contractuales que hay en este tipo de acuerdos mastodónticos de uno y otro lado, el delantero llevaba desde julio con la mosca detrás de la oreja debido a la estrategia a corto y medio plazo de su exequipo. Sobre todo, con los planes que trascendían de la parcela directiva. De ahí que pasara a la acción. Pudo mirar para otro lado y seguir siendo la bandera, con el doblete recién conquistado y aferrado a una excelente nómina. Pero eligió seguir ganando y brillando sin bajarse del pedestal.
Con la dirección deportiva del Al Ittihad, en la que continúa Ramón Planes (acaba contrato y ya hay clubes europeos tocando a su puerta), siempre hubo mucha sintonía y afecto profesional mutuo. El problema apuntaba más arriba y tenía que ver con la propiedad. Por eso, pese a la predisposición inicial de Benzema a renovar, hecho que reconoció en noviembre en una entrevista exclusiva con AS, empezó a valorar otras alternativas con sigilo. El objetivo seguía siendo firme: alargar su carrera y desechar las numerosas y seductoras propuestas que le llegan a diario para sustituir el balón por la representación institucional y los eventos. El Al Hilal siempre estuvo ahí. Otras opciones fueron suaves cantos de sirena o simples sueños interesados de dos intermediarios.
Mientras dejaba las negociaciones sobre el futuro a su habitual equipo de confianza, que fue quien decidió cortar por lo sano con el Al Ittihad al ver la oferta de continuidad como un insulto y abrazarse a uno de los eternos rivales, Karim se centró en lo que única y exclusivamente dependía de él: mantener la motivación por las nubes y estar en perfecto estado de revista. Su plan de afilamiento le ha dado muy buenos resultados, en esa obsesión que hay en jugadores tan veteranos por regatear esas lesiones que al inicio de su etapa árabe le tenían contrariado. Así que se ha dedicado en cuerpo y alma, casi más que nunca, a pulir su figura, prevenir achaques y trabajar la fuerza.
Benzema (185 centímetros) pesa ahora 78 kilos, cuando en el Real Madrid, en su última etapa, estaba en 82. “Está fino, fino”, reconoce un entorno que le ve trabajar a diario “como si fuera un juvenil”. Sus niveles de grasa son de atleta. Según los expertos consultados, los jugadores con esa edad suelen acumular los mayores problemas en la espalda, con esa maldita rigidez lumbar y degeneración muscular que a todos pasa factura. Así que él, además de entrenarse como un poseso y cuidar la dieta y el descanso al milímetro, es de los que piensa que para estar más ágil, girar como la seda, le conviene estar cada vez más liviano. Psicológicamente, palpar estas sensaciones es vital para él.
Karim no sólo llega a la Ciudad Deportiva del Al Hilal un par de horas antes de que comience el entrenamiento rutinario. Sino que después, ya en casa, continúa con una preparación exhaustiva. En su nuevo club tiene la suerte de encontrarse con un equipo médico español de primer nivel, con Juan José Jiménez al frente y Víctor García y Juan Miguel Vela integrados en el área de fisioterapia. A ellos se une de forma externa, para el cuidado especial de la estrella gala, una eminencia en la especialidad como Carlos Lozano. Ellos son los encargados de realizar el trabajo de propiocepción y movilidad que desde hace años demanda.
Cuerda para rato
Benzema se ha propuesto jugar con 40 años, imitando a su amigo Modric (Milan), sumándose a la prestigiosa lista de campeones y referentes que lo han logrado. Sin embargo, hay quien no descarta que vaya más allá. Su hambre —vicio compartido con Cristiano Ronaldo— no tiene fin. También ayuda que los planes que tiene encima de la mesa para cuando cuelgue las botas siempre van a estar ahí. Como, de momento, no desea probar las mieles de ser entrenador o director deportivo, su porvenir deberá centrarse en ser imagen de las numerosas multinacionales que ya le esperan con los brazos abiertos. Pero de eso no quiere ni hablar. Ya habrá tiempo. Será imagen del Mundial 2034 y pare eso queda mucho. Y su pacto con el Madrid para ser embajador no caducará esté quien esté llegado el día en la presidencia. El plan es de Florentino Pérez, su gran valedor. Pero siendo una leyenda del club blanco como es, nadie se opondría a que cumpla la promesa de volver.
De hecho, a Benzema le hace mucha ilusión residir de nuevo en Madrid, donde logró 25 títulos de blanco. Ahí, en una de sus ciudades favoritas, continúa haciendo mejoras sin parar en la lujosa casa que tiene desde hace años en Ciudalcampo, una de las zonas más exclusivas del norte. Ya ordenó construir una playa artificial, tiene un Kinépolis de impresión y un parquin que parece un museo del automóvil. Una prueba más de que tiene pensado regresar pronto a casa para seguir viviendo y disfrutando del fútbol desde cerca. En Madrid, incluso llegó a empadronarse en diciembre de 2023, para lo cual tuvo que comprarse otra casa en el centro para cumplir con todo el papeleo protocolario.
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Para entonces, para esa vuelta soñada, quiere dejar las pequeñas cosas que no puede afrontar en estos instantes por temor a que le frenen y le entretengan. La más curiosa, la cirugía que aún tiene pendiente en el dedo meñique de la mano derecha. Deben enderezarle una fea fractura en ese quinto metatarso (lo tiene bastante torcido pero sin dolor) y para ello le tendrán que intervenir e introducirle una especie de aguja (llamadas Kirschner) que haga de guía (técnica pinning). Como el tiempo de baja para este tipo intervenciones es de varias semanas, y aunque alguna vez se ha planteado poner solución, Karim de momento ha elegido esperar que estar sin jugar. Parar en seco y arrancar es más sencillo con 18 años que a su edad. Por eso prefiere seguir con ese vendaje, que ya es casi supersticioso, y no parar de golear. Este viernes, nueva oportunidad ante el Al-Ettifaq. No es Bayern pero le pone igual.
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