Inertia: crecimiento, destrucción y legado de la icónica Plaça dels Països Catalans
El documental de Rackz Gallery y Snt4ever retrata el auge y la transformación del spot de Sants, símbolo del skate en Barcelona durante más de tres décadas.
El 5 de febrero de 2025 la histórica Plaça dels Països Catalans, junto a la estación de Sants, dejó de sonar a ruedas sobre granito. Las obras vinculadas a la transformación ferroviaria del entorno marcaron el fin de una etapa para uno de los spots más influyentes del skate europeo. Pero, como recoge el documental Inertia, impulsado por Rackz Gallery y el colectivo Snt4ever, la esencia de la plaza no desapareció: se desplazó con su comunidad.
Dirigido por Blai Costa y con la participación de Marcos Gómez, Miguel Castro, Marcos Lozano, Axel Serrat, Eduardo Martínez (La Bobila DIY) y Marina Pérez, el film documenta los últimos meses de vida del enclave, desde las sesiones improvisadas hasta el desmontaje colectivo de módulos construidos por los propios skaters. “Nadie se queda atrás”, se escucha en una de las escenas, mientras decenas de manos coordinan el traslado de una de las mesas más emblemáticas. No es solo mobiliario urbano: es memoria material.
La plaza fue, desde principios de los 90, un punto de encuentro intergeneracional. El granito áspero, los bancos y la dificultad técnica del suelo moldearon el estilo de varias generaciones. Lejos de ser un espacio diseñado para el skate, fue apropiado y reinterpretado con el tiempo.
Esa autogestión marcó su carácter. Ante el deterioro progresivo, los propios usuarios reunían dinero para reparar grietas o mejorar obstáculos. De esa iniciativa nació, por ejemplo, el legendario spine levantado a golpe de pico por un skater estadounidense que recaló en Sants y que luego fue ampliado por la escena local.
La creación formal de Snt4ever como asociación permitió que el colectivo participara en los procesos municipales. “Tiene un valor a nivel mundial”, defendieron en las reuniones. La promesa institucional pasa por rehabilitar la plaza respetando su identidad original.
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Inertia evita la nostalgia fácil. Se centra en la comunidad que convirtió un espacio público en hogar, en los “viernes sagrados” que reunían a toda Barcelona y en la convicción compartida de que el skate no depende de un plano urbano. “Es el fin de una era, pero no el final”, resumn. Porque, como insisten en el documental, el arte salvará la plaza.
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