Una NBA con sitio para Aday Mara
La liga estadounidense ha limitado el small ball que parecía dominante hace apenas unos años: los pívots vuelven a importar, sobre todo los que tienen rango de diferentes.
Aday Mara podría estar ya en la NBA. De hecho, cuando saltó a UCLA en 2023, algunas previsiones lo situaban cerca de los lottery picks, el top 14 del siguiente draft, el de 2024. Fue, para el baloncesto español, el mismo al que no llegó Izan Almansa. En el caso de Mara, la mejor opción fue seguir en College y volver a intentarlo después de un primer año difícil, a trompicones, en Los Ángeles. Mick Cronin, su entrenador, prefería otro tipo de jugadores interiores y él necesitaba un obvio periodo de adaptación, física y seguramente también emocional tras el enorme cambio que supuso el salto a Estados Unidos.
Durante los dos años siguientes, otro complicado en UCLA y el de la redención, un reseteo excelente, en Michigan, los ojeadores de la NBA, los expertos en valorar el talento joven que acaba llegando a la gran liga, han seguido con máxima atención los pasos de un jugador que nunca ha dejado de ser el proyecto de un pívot importante: mide 2,21 con más de 2,30 de envergadura así que solo esos datos le abrirían puertas. Pero en cuanto ha tenido minutos, confianza, un rol claro y un sistema de juego adaptado a lo que él puede dar, cortesía de Dusty May en los Wolverines, ha demostrado que tiene trazas de jugador importante, de los que acabarán recompensando la paciencia que se invierta en él. Su perfil físico le hace destacar de forma obvia pero además, y eso es lo importante, Mara tiene una tremenda capacidad de intimidación en los esquemas defensivos adecuados y, sobre todo, una finura en ataque que mezcla movimientos de vieja escuela y visión de juego de unicornio, un talento que le permite expandir su rango de juego como generador para sus compañeros.
Claro que también hay dudas: la NBA de los últimos años no ha sido un ecosistema amable para pívots como Mara, que en otros tiempos habrían sido importantes gracias a unas virtudes que se trasladaban mejor a un baloncesto mucho más cerrado. Se generalizó como fórmula mágica el small ball, los quintetos pequeños con defensores agresivos e intercambiables, y el ataque se centró en el tiro exterior y en sistemas de cuatro o los cinco jugadores abiertos, espacios más horizontales que verticales (los que dominaban los pívots puros) y un cuestionamiento del rebote en favor de las transiciones ultra ágiles, para atacar y para defender. Eso, y un reglamento mucho menos generoso para los interiores que el del baloncesto FIBA, parecían destinar a la segunda ronda del draft a un Mara que, además, en UCLA no tenía la confianza de su entrenador ni tiempo en pista bien administrado para asentar su juego. Y que, también era visible, tenía muchos problemas con el movimiento lateral defensivo y los cambios que le dejaban vendido con atacantes exteriores.
Era la siguiente evolución de un baloncesto en el que no había tenido hueco Edy Tavares, un 2,21 que ha sido el pívot más dominante de la Euroliga en la última década. Un mundo distinto en el que Rudy Gobert (2,16) podía apilar contratos multimillonarios y premios de Defensor del Año pero acababa casi siempre bajo sospecha en playoffs, cuando los equipos sacaban la guía de estilo sobre cómo dejar a un equipo sin su pívot titular. Mara apenas mostraba rango de tiro exterior, y su mecánica no prometía una buena adaptación a la vertiginosa NBA. Como además estaba todavía en formación física, aquellas buenas proyecciones para el draft de 2024 se evaporaron.
Una liga otra vez más heterogénea
Pero la NBA se ha reubicado en un catálogo de estilos más variado porque los últimos campeones (Nuggets, Celtics, Thunder) han ido rompiendo algunos de esos moldes que es estaban volviendo demasiado estrictos. El tiro exterior y la polivalencia defensiva siguen siendo asuntos trascendentales, pero los equipos vuelven a jugar con pívots y frontcourts grandes y ponen otra mucha vez mucho empeño en ganar la batalla del rebote. No es solo Victor Wembanaya, una obvia excepción a casi todas las reglas: un teórico aspirante como los Rockets tenía como una fórmula básica, un arma de primer nivel, para playoffs la coincidencia en pista de Kevin Durant, Alperen Sengun y un Steven Adams que se lesionó para toda la temporada, eliminatorias incluidas. Los Lakers buscan interiores que emboquen por encima del aro los alley oops de Doncic y los Nuggets se desesperan buscando un pívot suplente para Nikola Jokic, uno que les permita recurrir a quintetos pequeños solo como alternativa puntual.
Y se podría seguir: Donovan Clingan es un 2,18 que fue elegido en el número 7 del draft de 2024 pese a que muchos dudaban de su adaptación a la NBA. Por ahora, está evolucionado de forma brillante entre los profesionales. Su equipo, los Blazers, usó un año después, en el pasado draft, el número 16 en Yang Hansen, un 2,16 al que apodaban el Jokic chino… solo por si acaso. En esta generación de 2025, y con Hansen todavía lejos de tener trazas de jugador NBA, sí están enviando buenas señales pívots como Ryan Kalbrenner (2,13) y Maxime Raynaud (2,16). Así que sí: la NBA tiene sitio para los pívots, y más para uno con las condiciones de Mara. Con su capacidad de intimidación en la defensa en drop de los bloqueos y con ese toque en ataque y la capacidad para fluir en el ritmo del equipo. Es obvio que también hay riesgos y posibles problemas, ya citados, y es probable que el aragonés necesite un período de adaptación y construcción física todavía mayor del que requirió en College. Pero alguien va a apostar por él, y con razones fáciles de entender. Falta que ese alguien tenga además un plan, aunque sea a medio o largo plazo (puede que incluso eso sea lo mejor). Y que exista conexión entre lo que quiere el entrenador y lo que le darán en los despachos. Entre el que elegirá a Mara y el que tendrá que gestionar los primeros pasos de su carrera.
Lo que dicen Estados Unidos
Antes de las actualizaciones posteriores al March Madness, casi todos los mock draft de medios especializados ubicaban a Mara entre los puestos 13 y 24 del draft. ESPN asume las dudas que puede generar su adaptación a la NBA y dice que el español es “un gusto adquirido” para los encargados de scouting, un jugador a cuyas virtudes han tenido que ir abriéndose más allá del miedo a sus limitaciones: “Es imposible ignorar su rol en el éxito de Michigan. Su envergadura gigantesca le permite crear un muro muy efectivo en la pintura, y tiene feeling, capacidad de creación de juego en ataque. Tiene problemas si tiene que cambiar en la defensa exterior y su tiene que ser defendiendo en drop. Tendría que ganar fuerza en el tronco, pero es un jugador único en el que algunos equipos querrán invertir, sobre todo si consiguiera tener un tiro de tres decente. Su mecánica parece decente en los entrenamientos, pero se ha trasladado bien todavía a los partidos. Tampoco desde la línea de personal".
NBA Draft Room destaca “el talento como pasador” desde su “increíble tamaño”, pero una vez más pone el contrapunto en los problemas que podría tener en la NBA para defender, sobre todo en sistemas de cambios continuos. Y Yahoo parte de que esta temporada se ha convertido en “uno de los mejores pívots verdaderos del baloncesto universitario”: “Lee lo que pasa en la pista como un base, finaliza con las dos manos y tiene un timing de elite para poner tapones. Las complicaciones vendrán porque no tiene tiro exterior, no llega al 60% en tiros libres y los rivales van a sacarlo al perímetro para atacarle ahí. Pero el tamaño importa”.
Sports Illustrated también cree que alguien con margen para dedicar tiempo a su desarrollo debería apostar por él en el draft: “Combina finura en ataque para acabar jugada en el aro e instinto de creación para sus compañeros. Tiene que mejorar su velocidad de pies y su fuerza, pero su inteligencia en pista mitiga esas preocupaciones. Una amenaza permanente por encima del aro con mucho margen de mejora, puede acabar siendo uno de los pívots grandes con más talento en el nivel NBA”. Bleacher Report cree que, como mínimo, puede ser un jugador de rotación con impacto en situaciones de juego muy concretas: “Te convence su finalización de jugadas y su intimidación, pero si puede ser top 20 es por su capacidad de pase y sus movimientos en el poste. Sería un lujo de 2,21 como jugador de rotación aunque a algunos equipos les frenarán sus pérdidas tontas y sus problemas con los tiros libres”.
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“Es un gigante incluso para los estándares de la NBA”, asegura por último CBS. “Su impacto es innegable, pero además es muy listo cerca del aro en ataque. Y como pasador y poniendo bloqueos”.
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