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Lo nunca visto: Amari Bailey pide volver a la universidad tras haber debutado en la NBA

Amari Bailey quiere disputar un último año en la NCAA para aprovecharse económicamente de los contratos que hay en el torneo. Pero ya ha jugado en la NBA...

Redactor Baloncesto en Diario AS
Nació en Madrid en 1992. Cursó estudios en Periodismo en la Complutense de Madrid. Entró a AS en 2017 y se zambulló en Baloncesto. Y ahí sigue, entre NBA, ACB, LEB, competiciones internacionales... Ha trabajado, además de aquí, en MARCA, NBAmaniacs, EuroSport, la revista Gigantes o las retransmisiones de Euroliga.
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En la revolución del deporte universitario que se ha vivido estos últimos dos años, con la NCAA permitiendo la explotación económica de los jugadores como marca (NIL, siglas de Name, Image, Likeness; en español, derechos de imagen), lo más rompedor queda obsoleto un tiempo después. Los jóvenes -y no tanto, ahí reside una de las claves- se pegan por ir a Estados Unidos a mostrar sus habilidades y, de paso, llenar las arcas desde antes de abrazar el baloncesto como profesión.

La burbuja de esta competición crece y crece. Los contratos con empresas que aseguran millonadas están a la orden del día y todos quieren su porción del pastel. Eso ha llevado a ver situaciones dantescas. Por ejemplo: la pasada Navidad saltaba a la palestra un jugador formado en España, el nigeriano James Nnaji, que fichaba por Baylor; sería normal si no habláramos de un chico de 21 años que ya ha sido parte de primeras plantillas en Barça y Girona y, lo más grave, elegido en el Draft de la NBA. El pívot fue el 31º escogido en 2023, lo hicieron los Pistons, y sus derechos para la Liga ya han pasado también por las manos de Hornets y Knicks. Este último verano intentó que los de Nueva York le ofrecieran un contrato, pero la situación no se dio y buscó esta rica oportunidad en los Bears de Baylor, que sí le abrieron la puerta.

Nnaji es uno de los pocos que ha explorado esta vía con el historial que posee. Para algunos clásicos la deriva es una absoluta atrocidad. Pero esta espiral tiene otro giro todavía más retorcido. Pasen y vean. Un jugador de la misma edad que Nnaji, con pasado en UCLA, ha ido más allá. Amari Bailey no sólo fue elegido en la liga mayor, es que la ha disputado. Hace dos cursos, además. Un total de diez partidos. Y ahora quiere volver sobre sus pasos y regresar al circuito universitario. Una situación difícilmente explicable fuera de un contexto de novedad.

Sería el primer caso de este tipo. Con un contrato dual disputó la NBA de la mano de los Hornets. 2,3 puntos en 6,5 minutos. Más tarde pasaría por los afiliados de Nets y Timberwolves. En total ganó 565.000 en esa etapa de su vida. Aspira a volver hacia atrás y que su elegibilidad para las universidades se active de nuevo. Quiere un último año allí; según las reglas, sería su último. El jugador ha contratado a un agente y un abogado para que revisen los libretos del torneo y exploren la posibilidad. Cuenta con una ventana de esperanza que se llama Charles Bediako.

Bediako ganó a la NCAA en un juzgado estatal y probó que, según la reglamentación, él podía volver hacia atrás. En su caso no había debut que valiera, pero sí había firmado un contrato profesional. Estuvo en el filial de los Spurs en la liga de desarrollo con ese acuerdo especial. Recientemente pasó a la batalla judicial y primero recibió luz verde para disputar el torneo universitario, donde fichó por Alabama, y luego se le prohibió jugar más. La intención de Bailey es seguir esa estela. Las fallas de las reglas y el dinero que hay en juego han provocado todo esto.

La laxitud para pagar a los jugadores se ha acentuado desde el último cambio de reglas. De cobrar lo imprescindible para la manutención a lanzarse a campañas de publicidad, marcas deportivas y, a veces bajo manga, contrato con la propia universidad. La intención no era otra que competir con los formadores de todo el planeta como si los estudiantes, que es lo que son a esa edades, fueran ya profesionales; absolutamente equiparados. Un dato para explicarlo: Cooper Flagg, el número uno del Draft 2025, ganó 28 millones de dólares en la única temporada que disputó con Duke.

“No pretendo tener 27 años y seguir jugando a ser universitario. Sin ofender a quienes sí lo hacen, ésa es su trayectoria. Pero yo ya he sido jugador profesional. Aprendí mucho y pasé por muchas cosas. Esto no es una maniobra publicitaria”, dice Bailey a ESPN además de justificar su intención como la de mostrar a todo el mundo que es capaz de liderar a un equipo hacia la victoria.

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