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Heroico Lillard: gana el Concurso de Triples aún lesionado

El de nuevo jugador de los Trail Blazers consigue el tercer título de campeón del Concurso de Triples. Menuda hazaña la protagonizada por Damian Lillard.

RONALD MARTINEZ
Redactor Baloncesto en Diario AS
Nació en Madrid en 1992. Cursó estudios en Periodismo en la Complutense de Madrid. Entró a AS en 2017 y se zambulló en Baloncesto. Y ahí sigue, entre NBA, ACB, LEB, competiciones internacionales... Ha trabajado, además de aquí, en MARCA, NBAmaniacs, EuroSport, la revista Gigantes o las retransmisiones de Euroliga.
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Para un jugador legendario como Damian Lillard era un hito alcanzable ganar por tercera vez el Concurso de Triples de la NBA. Subir escalones en la escalera de los tiradores más letales de la Liga nunca está de más. Le vimos irse con el trofeo en 2023 y 2024, arrebatándole Tyler Herro el honor el año pasado en San Francisco en un chasco enorme porque no pasó de la primera ronda. Pero levantarse tenía altas dosis de épica para él. No ha jugado ni un sólo partido esta temporada con los Blazers, la franquicia donde fue grande y a la que ha regresado, porque se encuentra en plena recuperación de la lesión más grave que un jugador de baloncesto puede afrontar a día de hoy: la del tendón de Aquiles. Renqueante todavía, el eléctrico base dejó una muestra más de que mencionándole hablamos de la más absoluta élite del básquet.

Con este triunfo la NBA ya tiene a una terna de hombres en el cajón más alto del Concurso de Triples. Lillard acaba de igualar las hazañas de Larry Bird, que ganó los primeros, y Craig Hodges, que lo hizo posteriormente y también de manera consecutiva, como únicos con tres victorias parciales en el palmarés. El de Oakland, además, se pone a la par con Dominique Wilkins, vencedor en cinco concursos del All-Star; Lillard se había llevado en dos ocasiones el Concurso de Habilidades, extinto al menos en esta edición. Dame, de 35 años, esbozó todo sonrisa después de verse ganador casi a una pierna.

Lillard accedió a la ronda más importante junto a Kon Knueppel, un chico de primer año en los Hornets, y Devin Booker, ganador en la anterior década y estrella de los Suns. Este último, además, fue el único que pasó la barrera de la treintena de puntos en una sola ronda en toda la jornada. Esto no es como empieza, es como acaba, Lillard fue más regular y dio en la diana no sólo en el momento oportuno sino con las posiciones y balones que le iban a hacer ganar. Que desde que hay más lanzamientos y de mayor valor, de ahí que sea complicado comparar el concurso hoy en día con lo que veía al principio, resulta crucial.

Otros de los participantes -que cayeron eliminados al principio- fueron Bobby Portis (15), Tyrese Maxey (17), Jamal Murray (18), Norman Powell (23) y Donovan Mitchell (24). Los puntajes pueden variar con un sólo tiro, debido al valor doble de los balones blancos y que encima tienen un carro completo y de la introducción de dos tiros casi frontales desde más allá de la distancia mínima del triple. Por ello, y contando con que a Powell se le vio peleándose con su mecánica desde los intentos iniciales, el que se quedó a muy poco fue Mitchell, patrón de unos Cavs en los que acaba de aterrizar un rey del triple sin corona: James Harden.

Booker se vistió de líder en la ronda inaugural. Él la lideró. Cimentó su clasificación para la final al anotar nueve de los diez primeros lanzamientos. Lillard, por su parte, lo hizo completamente al revés: el tirón, con esos mismos números, lo consiguió al rematar. Uno por encima del otro. El mismo tanteo que el de los Blazers se lo apuntó Knueppel, que abrió fuego no sólo del concurso sino de toda la noche. La Liga ha preferido cambiar el orden y que uno de los dos grandes eventos abriera el sábado. Kon, ajeno a la presión, puso a los asistentes a carburar con su catedrática mecánica y también pasó de ronda, aunque después sí le pudo la presión. Tiene años por delante.

Knueppel marcó 17 al final. Dos veteranos, a la pelea. Booker tenía la ventaja de lanzar en último lugar, al haber encestado más antes, y no lo aprovechó. Lillard sumó cuatro en el primero, cinco más cinco en los carros laterales y encestó el de en medio al completo, a lo que hay que agregar un tiro desde el logo que vale otros tres tantos; en el final, 3x2 que hacen otros seis. 29 en total. Devin salió a escena con una difícil tarea. ¿Asumible? Espantó la presión con nueve de diez aciertos para empezar. Después metió una de tres en el logotipo de State Farm, el patrocinador. El penúltimo carro lo embocó entero. Lo tenía en sus manos, era algo factible. En el decisivo, el de las bolas blancas que valen doble, metió los dos primeros. Estaba a dos de distancia. Un acierto le hacía empatar; dos, ganar. Y falló ambos con tiempo aún en el segundero. Ese pequeño tinte cruel se pasa enseguida que recuerdas que el triunfador era Lillard, que todavía se está probando para volver siquiera a entrenar en grupo en una Portland que le adora y volvió a apostar por él estando en muletas. El reloj vuelve a dar la hora de Lillard.

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