NBA | Dallas Mavericks

El peor traspaso de la historia

Se cumple un año del movimiento que modificó por completo el curso de la NBA. Los Mavericks han cambiado a Luka Doncic por Khris Middleton y dos primeras rondas de draft.

Kevin Jairaj
Actualizado a

El 2 de febrero de 2025 será recordado para siempre como una fecha histórica en la mejor liga de baloncesto del mundo. A escasos días del cierre de mercado, cayó una bomba sin precedentes, de una magnitud enorme, que paralizó por completo la NBA. Los Mavericks habían traspasado a Luka Doncic a los Lakers por Anthony Davis. Un movimiento que de primeras generó confusión, shock, incredulidad, parecía imposible que algo así hubiera ocurrido; incluso se llegó a pensar que Shams Charania había sido hackeado en redes sociales. Sin embargo, él mismo confirmó que era una realidad; una que solo Nico Harrison podía visualizar. Un año después, el bueno de Harrison está en la calle, y el tiempo ha convertido su idea, para sorpresa de pocos, en el peor traspaso de la historia.

Un año después, en una semana muy ajetreada en el mercado, se produjo un traspaso que no solo confirmó una realidad que se veía a leguas, sino que recordó el error imperdonable de Nico Harrison y reabrió una herida enorme que sigue doliendo a todos los aficionados de los Mavericks. La franquicia envió a Anthony Davis a los Wizards, junto con Jaden Hardy, D’Angelo Russell y Dante Exum. En su lugar, en Dallas aterrizaron Khris Middleton, AJ Johnson, Malaki Branham, dos primeras rondas y tres segundas rondas. En otras palabras, los Mavericks cambiaron a Luka Doncic por un Middleton de 34 años que promedia 10 puntos por partido y dos primeras rondas de draft; una completa aberración de gestión en la que nada pudo salir peor.

Todo es perspectiva, y a veces hace falta analizar casos similares para valorar una apuesta en concreto. Si se compara el valor que los Mavericks le dieron a Doncic en su traspaso con el que otras franquicias le dieron a jugadores de una importancia claramente inferior al esloveno, se entiende mejor la barbaridad que ejecutó Harrison. Los Nets recibieron siete picks de primera ronda por Mikal Bridges; los Timberwolves se quedaron con cuatro jugadores titulares y cinco primeras rondas por Rudy Gobert, y los Thunder construyeron un equipo campeón por traspasar a un Paul George que venía de hacer un gran año; Shai Gilgeous-Alexander y siete primeras rondas como retorno. Es inconcebible que un jugador del estatus de Luka haya costado tan poco.

La negligencia es mayúscula, prácticamente inconmesurable teniendo en cuenta que todo ha ocurrido en un periodo de 12 meses. En tan solo un año los Mavericks han pasado de ser un equipo que venía de jugar unas Finales de la NBA a un equipo que se arrastra por el subsuelo de la competición. La idea de Nico Harrison era clara; en su cabeza era imposible ganar un anillo con Luka. En su lugar, creyó en Anthony Davis como el jugador que les llevaría a la gloria, y le otorgó un valor igual o superior al de Doncic; su capacidad defensiva y versatilidad ofensiva eran, en su visión particular, el ingrediente que le faltaba a los Mavericks. Un año después, el ‘salvador Davis’ acaba de ser utilizado como una herramienta para liberar espacio salarial en medio de un proceso de reconstrucción; la caída es abismal.

Si la pregunta es: ¿hacia dónde van los Mavs tras la ‘era de Anthony Davis’?, la respuesta puede ser más simple de lo que parece; esa era nunca exisitió. El rendimiento total de Davis en su paso por la franquicia de Dallas es completamente irrelevante: 29 partidos jugados (solo uno con Kyrie Irving; el dúo por el que había apostado tanto Harrison), de los cuales solo 16 se transformaron en victoria. El principal problema del pívot fue el mismo que le ha acompañado durante toda su carrera: 18 lesiones en menos de un año. Para medir el impacto numérico, existe una estadística avanzada (estimated wins; EW) que mide el número de victorias a las que contribuye un jugador en una sola temporada. En un año entero, Davis contribuyó, según esta estadística, a dos victorias para los Mavs. Doncic en solitario contribuyó a más partidos ganados (12,4) que todos los jugadores involucrados en ambos traspasos juntos. Este año, Luka ha subido su contribución a 14,8 victorias, el tercer mejor registro de la historia en la temporada siguiente a un traspaso.

Parece prácticamente imposible que la franquicia haya sido capaz de llevar a cabo este movimiento después de la temporada que lo precedió. Habitualmente, cuando se toma una decisión de este calibre (que de por sí muy extraño que ocurra) se debe a que algo no funciona de base; la propia inercia de la situación deportiva pide un cambio mayúsculo. No era el caso de los Mavs; se habían quedado a tres victorias de ganar la NBA. La ironía es máxima en este caso; el equipo que casi alcanza la gloria se construyó, precisamente, con grandes traspasos. La adición de Daniel Gafford y P.J Washington en febrero de 2024 cambió por completo la dinámica de un equipo que se convirtió en el más temible de la Conferencia Oeste tras el parón del All Star. Dieciocho meses después, de los doce jugadores que formaban ese equipo, solo cuatro siguen en Dallas; precisamente Gafford y Washington, a los que se suman Dereck Lively II y Dwight Powell, que afronta su duodécima temporada en la franquicia tejana.

El único atisbo de luz que le salva a los Mavs de no ser el peor equipo de la NBA, y que además otorga cierta esperanza de cara al futuro, es sin duda Cooper Flagg. Sin embargo, Flagg fue un regalo del cielo, los Mavs no hicieron nada para elegir su destino, pero una moneda trucada cayó de su lado cuando parecía improbable. En la noche de la lotería del draft, los Mavs solo tenían un 1,8% de posibilidades de quedarse con la primera elección del draft, y un 8,5% de caer entre los cuatros primeros. En un giro de acontecimientos sin precedentes, escalaron de una proyección que les dejaba en el undécimo puesto al primero, batiendo tres posibilidades del 14% (Jazz, Wizards y Hornets), además de otros siete equipos más favoritos que ellos. Pero el milagro ocurrió; nadie antes en la historia había mejorado tantas posiciones entre la predicción y la realidad. Sin Flagg, los mejores jugadores de los Mavs esta temporada hubieran sido Max Christie y Naji Marshall; lo único que les mantiene lejos de un futuro oscuro asegurado es un histórico golpe de suerte.

Lo más triste de esta historia es que Luka nunca pidió el traspaso, su corazón era azul y blanco y su compromiso con la franquicia siempre fue intachable. Se dice que la traición nunca viene de un enemigo, pero Doncic no fue el único que sufrió las consecuencias de una puñalada por la espalda. Los más afectados fueron los aficionados de los Mavericks. “Se suponía que iba a tener una estatua” girtaban prácticamente a lágrimas varias personas durante una manifestación inmediata a las puertas del pabellón tras el traspaso. Un golpe del que es difícil recuperarse; una decisión que cambió el curso de una franquicia que vio de primera mano lo difícil que ascender (13 años desde sus últimas Finales), y lo fácil que es desvanecerse.

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