El gran salto de Aday Mara
El pívot aragonés está elevando su juego y su perfil NBA en su tercer año universitario, el primero en Michigan, un equipo donde su encaje es excelente.
Se corrió mucho con Aday Mara (Zaragoza, 2005) para situarlo como la respuesta española al baloncesto de los unicornios, la era de los jugadores totales con tamaño de pívots, manejo de bases y tiro de alero. Las cábalas sobre su futuro NBA eclosionaron (ya existían incluso antes) cuando fue plata mundial Sub-17 en Málaga, con una España maravillosa que perdió una final maravillosa contra una Estados Unidos maravillosa: Mara (16 puntos, 7 rebotes, 3 asistencias, 5 tapones, 25 de valoración) lideró a un equipo intrépido y lleno de talento (Sergio De Larrea, Hugo González, Izan Almanza, Álvaro Folgueiras…) en una misión suicida que consiguió molestar seriamente, poner a trabajar a un Team USA con Cooper Flagg, justamente considerado niño prodigio del baloncesto mundial y número 1 del último draft de la NBA, Ron Holland, Jeremy Fears o Koa Peat.
Eso fue 2022, un año antes de que Mara, cuando todavía le costaba tener regularidad en la ACB (sí dejaba flashes asombrosos) porque era, por pura lógica, una torre todavía a medio construir, decidiera marcharse a UCLA. Allí vivió dos años complicados y las proyecciones más optimistas, unas cuantas exageradas, viraron de dirección. Pero la realidad ha estado siempre en el camino, justo delante de los ojos de todos: Mara no era una un aspirante a top 5 de draft pero seguía siendo un jugador de potencial altísimo, que seguramente tendrá su intento NBA y que, si no, puede ser devastador en Europa (con algún grande en España ya muy, muy pendiente de sus decisiones de futuro) y que será, sin duda, un jugador importante en la próxima Selección, la que vendrá dentro de no mucho. Chus Mateo ha estado con él recientemente como parte de su viaje por EE UU para conectar con la ya numerosa comunidad del baloncesto español en ese lado del Atlántico.
Un cambio de dirección trascendental
La cuestión es que Mara, casi cuatro años después de aquella final de Málaga en la que entró en el rango de atención de muchos aficionados, sigue teniendo 20 años. Y, sobre todo, sigue midiendo 2,21. Sus virtudes son obvias: un tamaño descomunal con una envergadura apabullante y, desde esa atalaya, toque para el juego, visión para pasar e instinto para anotar cerca del aro. En UCLA, la casa de Lew Alcindor (Kareem Abdul-Jabbar) y Bill Walton, chocó con un entrenador tozudo, Mick Cronin, que nunca compró esas virtudes y al que le costó mucho encajar a Mara en su estilo. Él veía más sus defectos: lentitud en el desplazamiento lateral, problemas para ejercer de interior móvil en una defensa de cambios, un cierto aroma a vieja escuela que, llegó a parecer, no le auguraba nada bueno en la NBA. Si es que llegaba. Así que después de dos años, Mara hizo las maletas a pesar de que los aficionados, el público del Pauley Pavilion en L.A., le pidió que se quedara, coreó sus últimas jugadas de azul y lamentó su marcha.
“Estaba disfrutando, súper feliz porque todo el público estaba de mi parte, la gente me estaba ayudando mucho. Los Ángeles es un sitio genial, lo voy a echar de menos. Quería dejarlo claro porque han sido dos años pero para mí es como si hubiera sido mucho más tiempo el que he pasado aquí. Sentía que necesitaba un cambio, pero a la vez no me quería marchar de UCLA”, explicó a la prensa de Los Ángeles. Son tiempos en los que el College ya funciona prácticamente como una competición profesional más. Los derechos de imagen (NIL) permiten unos salarios de facto que antes eran anatema, y el transfer portal ha destensado su regulación hasta crear una corriente permanente de movimientos entre universidades. En ese contexto, Mara cruzó el país para jugar en otro escenario mítico, muy mediático: el Crisler Center de Ann Arbor, la guarida de los Wolverines de Michigan. Su sueldo, a través de su valoración NIL, supera el millón de dólares.
El cambio ha acabado siendo excepcional para él. Después de chocar permanentemente con Cronin, ha encontrado en Dusty May a un entrenador que confía en él, tiene un sistema en el que encaja y fue a buscarlo cuando perdió a su gigante de la pasada temporada, el ruso Vlad Goldin. En una planificación ultra ambiciosa, los Wolverines fueron al transfer portal y cazaron al número 1 de los que cambiaban de equipo, el forward Yaxel Lendeborg; también a Mara, al rocoso interior Morez Johnson Jr y al base Elliot Caudeau. Y por la vía tradicional, la de captar a un gran freshmen desde los institutos, llegó el escolta Trey McKenney. Era una nueva Michigan, pero una asombrosa: a punto de ganar la fase regular de la poderosa Big Ten; con un balance de 13-1 y una de las favoritas de cara a los torneos, primero el de su Conferencias y después el nacional, el March Madness. Tanto en el prestigioso ranking de AP como en la valoración de los entrenadores, es segunda del país, por detrás de Arizona y por delante de Houston.
En UCLA, Mara jugó 61 partidos pero solo fue titular en nueve. Ahora, en Michigan, lleva 24 y lo ha sido en 23. Ha doblado sus minutos (de 11,5 a 22,8) y también su producción: de 5 puntos, 3,1 rebotes y 1,2 tapones a 11,4, 6,9 y 2,8. Está puliendo su cuerpo, ahora más ágil y más fuerte, sigue siendo una presencia inmensa en la protección del aro en defensa y su talento en ataque funciona en un equipo que juega rápido y se mueve mucho. Ahora, además, está empezando a tirar de tres: en UCLA no lanzó ni un triple en dos años, en la paliza de Michigan a Ohio State (mucha rivalidad) firmó un 2/3 en su gran parte del curso, por ahora: 24 puntos, 6 rebotes, 2 tapones. Él ha asegurado que entrena mucho para no dudar, para lanzar cuando esté abierto en el exterior. Cuando embocó esos tiros, Bruce Pearl, exentrenador de Auburn y analista de CBS, se mostró maravillado: “Madre mía, todos los ojeadores de la NBA han tomado nota”.
May ha tenido que dejar claro que su equipo no es un lote de mercenarios, la sombra de los NIL y el transfer portal, sino una plantilla de lujo ensamblada con los recursos (y las circunstancias) que ahora tienen las universidades, especialmente las poderosas: “Parece que lo que hay que hacer es firmar a un puñado de freshmen llegados del instituto, perder muchos partidos y dejar que vayan aprendiendo. Pero aquí nuestro trabajo es ganar, y para eso trajimos a un grupo de jugadores bien elegido y equilibrado. Los entrenadores ya no tenemos el control sobre ciertas cosas que teníamos hace unos años, nos tenemos que preparar para cómo son las cosas ahora. Queremos ayudar a que estos jugadores se preparen para lo que vendrá, y que estén aquí lo que quieran, mientras sientan que desean representar a Michigan”.
La cosa, desde luego, funciona. A medida que se han apilado los partidos, McKenney ha ido soltándose en el nivel College y empieza a ser un arma anotadora de primer rango para el juego exterior. Pero la joya de la corona es uno de los mejores frontcourt de América: Landebrg (un tres-cuatro que hace literalmente de todo), Mara y un Johnson Jr que no para de mejorar y ampliar un juego que parte del trabajo duro en las zonas y la energía física que a veces le cuesta todavía poner al español.
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Y la NBA, claro, está muy atenta: según la última ronda de previsiones de los principales mock draft, Landeborg (aunque tiene ya 23 años) será lottery pick (top 14) y los otros dos se cuelan también en primera ronda. Mara aparece en el pick 25 de NBA Draft Room (“un jugador único con un tamaño increíble y mucho talento ofensivo”), en el 31, justo el inicio de la segunda ronda para No Ceiling, en el 29 para ESPN (“Michigan ha ayudado a que luzca su combinación de físico y calidad”), en el 27 para CBS y Tankathon… unas proyecciones que mejorarían todavía más, sin duda, si Michigan llega lejos en el torneo nacional… y tiene los mimbres para hacerlo. Así que, sí, solo había que tener un poquito de paciencia con Aday Mara, que solo tiene 20 años, todavía... sigue midiendo 2,21.
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