NCAA

Aday Mara, espíritu redentor: “¿UCLA? Si empiezo, no acabo"

Cambio sustancial de Aday Mara, que ha hecho historia en la NCAA para el baloncesto español, desde que llegó a UCLA hasta que Michigan Wolverines le cambió la vida.

Redactor Baloncesto en Diario AS
Nació en Madrid en 1992. Cursó estudios en Periodismo en la Complutense de Madrid. Entró a AS en 2017 y se zambulló en Baloncesto. Y ahí sigue, entre NBA, ACB, LEB, competiciones internacionales... Ha trabajado, además de aquí, en MARCA, NBAmaniacs, EuroSport, la revista Gigantes o las retransmisiones de Euroliga.
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En el camino de Aday Mara hacia el cielo del baloncesto universitario ha habido piedras y de las que entorpecen enormemente la circulación. Si viajamos al otoño de hace tres años, comprobamos lo alto que volaba el pívot aragonés. Se le iban a abrir todas las puertas dadas las aptitudes con las que cuenta: físico privilegiado, tiro de media y larga distancia con capacidad de mejora, movimientos sensacionales, intimidación, lectura de juego, etc. Entraba dentro de los elegidos de su generación, no sólo a nivel nacional y continental sino mundial. Tomó la decisión de irse a Estados Unidos para elevar su caché, probar la vida que compagina deporte y estudio que allí se estila y tratar de atajar para llegar a lo más alto. Ha costado demasiado.

El 23 es el año en el que da el salto de su Zaragoza natal a la universidad más florida de California. En UCLA aún recuerdan el último campeonato de su historia, hace 31 cursos, y la hegemonía del pasado. Once títulos en las vitrinas. Ilusiones que mantener. Mara tenía como referentes a las dos estrellas más brillantes que pasaron por ese programa: Lew Alcindor y Bill Walton. Con el segundo, incluso, interactuó durante sus primeros pasos en Los Ángeles. Plantel de internacionales, con Bona o Vide acompañando a Aday, y un capitán general con el que todos toparon. Mick Cronin es el gran protagonista de esta historia y no en términos elogiosos.

Cronin apostó por Mara en pequeñas dosis, como es lógico para alguien que necesita adaptarse primero al entorno, idioma, cultura y demás accesorios del baloncesto. De cara a la prensa le vendía genial, como el ilusionante jugador que es, pero después los minutos y la exposición no satisfacían al respetable. El turco Adem Bona era el pívot titular, entendible por edad, y Mara actuaba dando la alternativa: uno era brocha gorda, otro pintaba con pincel. A pesar de que podían contribuir de igual manera, multiplicando los réditos, el técnico hizo de menos al español.

Sólo 9,6 minutos de media para alguien que perfectamente podía estar jugando en la ACB aquellos años. Y lo estaba haciendo menor que en España: 11:47. En el segundo curso, algo más de pista: 13,1 minutos. Bona se había marchado a la NBA (Sixers) y quedaba pista libre. Único ‘5’. Pero para Mick Cronin había algo que aún fallaba. Por ello embarró la situación con Eric Dailey y William Kyle, lejos del nivel de Aday pero que restaban minutos en una rotación plagada de aleros altos. Ahí el 2,20 tomó conciencia de que debería salir para continuar progresando.

Mara había sido una apuesta de Ivo Simovic, el ojeador que llevó a Aldama a Maryland y que reclutó en Los Ángeles a otros talentos europeos. No era lo que Cronin pedía ni necesitaba para su plan de partido. Si bien se aseguró de tranquilizar a los padres de Aday al ver que de inicio no le pondría tanto en cancha, su complicada personalidad fue empapando los meses posteriores de declaraciones fuera de tono con el español y sus compañeros. Nadie estaba a gusto. El segundo año, con todo de cara, Mara dio un bajón tremendo; había que marcharse.

UCLA, amor-odio

Algunas de las palabras que dedicó Cronin a Mara en sus dos años allí:

· "La gente no está acostumbrada a ver a un jugador así. Le harán falta en cada jugada. Mara tiene que estar preparado para eso".

· "Es difícil entrenar a gente que se cree lo que no es. El que se lleva el hueso es el perro que tiene hambre, y nosotros tenemos chicos que se creen mucho mejores de lo que son. Son buenos chicos, pero se engañan completamente sobre qué son. Tenemos que correr por la pista para hacer que jueguen duro, es una locura. Y es así cada día, así que empiezo a estar cansado. Soy el que pone más energía en cada entrenamiento. Así que estoy decepcionado con todo el mundo en ese vestuario, con mis asistentes y con mis jugadores. Tengo 53 años y ya no tengo por qué hacer nada más. He ganado casi 500 partidos, pero soy el que llega cada día y pone más energía y orgullo en lo que hace. Y esa es ahora la verdad, y el problema. No puede ser que el tipo más duro del vestuario sea siempre yo".

· "No importa lo alto que seas si no puedes mantenerte firme y hacer que tu tamaño sea un factor determinante. Y él lo sabe".

· "Los entrenamientos de pretemporada en el baloncesto universitarios son duros. No sólo es ponerte en línea y correr, nos vamos a la cancha y jugamos duro. Son tres o cuatro horas y se pierde peso. Como Aday no ha sido capaz aún de hacer eso, se ha quedado al margen haciendo pesas, flexiones o abdominales. Está totalmente implicado en su cuerpo. Tiene una gran personalidad. Es un chico divertido. Siempre hace flexiones para que las vea y me dice que su novia está notando cómo le crecen los bíceps. «Créeme, entrenador, se da cuenta». Es un chico divertido, pero además está trabajándoselo. Lo más importante es que uno mismo se conciencie. Él lo ha hecho, sabe que mejorar en términos de acondicionamiento y fuerza además de como jugador. Los chicos que no tienen esa mentalidad no mejoran, sólo puedes ayudar a los que están implicados. Los entrenadores no mejoran a los jugadores, son los jugadores los que se mejoran a sí mismos. Que sepan en qué áreas deben trabajar. Ése era mi temor. Porque él estaba muy arriba en los ‘rankings’ y a lo mejor pensaba: «Me tienes que poner a jugar porque estoy muy arriba». Ha tenido la visión para darse cuenta de que no estaba preparado del todo, que tenía que madurar. Para una persona joven no es fácil darse cuenta. Su actitud es buena y por eso soy optimista".

A pesar del dinero que maneja UCLA, los Wolverines de Míchigan llegaron en 2025 con una oferta que al jugador le pareció aceptable. Entraba en su tercer año de cuatro posibles (salvo prórroga por culpa del transfer portal) y las opciones de la NBA empezaban a decaer como su nombre en las listas. La reacción fue la mejor. Este pasado fin de semana, en la Final Four de la NCAA a la que un hombre español ha accedido por primera vez en la historia, explicó brevemente los aspectos en los que todo ha mejorado para él desde que dejó Los Ángeles y las doctrinas de Mick Cronin. “Si empiezo, no acabo. Ha cambiado en confianza, estilo de juego, compañeros... Tantas cosas que, hablándolo con mis padres, me hacía gracia de cómo te puede cambiar la vida en tan poco tiempo. Estoy contento porque creo que tomé la mejor decisión posible”, dijo en palabras que recoge College 360.

Mara, de Cronin a May y a los cielos

De un Cronin de carrera escueta en Cincinnati y el trabajo de una vida en UCLA, por el que recibe cuatro millones anuales, a Dusty May en los Wolverines de Míchigan. Procedente de Florida Atlantic, donde nada más irse aterrizó otro prospect español como Baba Miller, el técnico ha encontrado oro con Mara. Finalmente. Crecimiento mutuo. Porque, para alguien que prometía un top-5 y cayó fuera de las agendas de los directivos de la liga mayor, subir de nuevo a los 10-20 elegidos de primer orden es un alivio. Recuperar el sitio que le pertenece en el draft era imprescindible para el jugador, que vive de eso. Pero eso no ha ocurrido por casualidad. May ha entendido de qué va todo: le utilizan para pantallas que sirven de verdad a los exteriores para lanzar en mejores posiciones, no sólo los pases directos o indirectos para canasta que pueda dar; emparejarle correctamente en defensa para que asuste, sea a la corta o con el chico que penetre. Por poner dos ejemplos. Es cuestión de maximizar el impacto. El desdoble Bona-Mara que pudo ser y no fue en UCLA aquí se replica con Morez Johnson, físico e intenso, que casa perfecto con el juego por alto que se propone con Aday. Así sí dan los números. El doble de minutos, 23′2, y resultados comprobables. En lo individual: 12′2 puntos, 6′8 rebotes, 2′5 asistencias, 2′6 tapones y un 67% en tiros de campo. En lo colectivo: balance de 36-3 en la fase regular, 1º en la conferencia y 3º mejor equipo del país. El aragonés ha sacado el espíritu redentor, la fuerza que dice aportarle la Virgen del Pilar, para ir de la nada al todo en un año espectacular. Ahora toca ver qué le depara el futuro (¿NBA?).

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