Los Reyes Magos de Miribilla
El Bilbao Basket acaba en Girona con más de un año sin ganar fuera. Pantzar y Frey, colosales.
El cántaro del Bilbao Basket se tiró un año entero yendo a la fuente. Y no hacía más que romperse. En añicos de todos los modos posibles. Con días sonrojantes, de forma cruel, sin merecerlo, con tiros finales, por detalles a veces extraños... Y llegó la jornada en que el recipiente que albergaba una victoria a domicilio quedó intacto. Fue en Girona. El Surne para el contador en 372 días, dice meses y una semana, como si fuera una condena. Desde el Coliseum de A Coruña en 2024 al fortín de Fontajau, de punta a punta por el norte peninsular, se quita el sambenito. La moneda tenía que caer del lado de la cara alguna puñetera vez, no siempre va a negar la fortuna a los ‘hombres de negro’. Como dice aquel no hay mal que cien años dure. El Girona quería alimentar el sueño de la Copa, pero dio un paso atrás tras verse asaltado por el rival que menos asustaba lejos del calor de su gente.
Una actuación magistral de los bases Frey y Pantzar y la fe que parecía extraviada desde hace meses en la distancia elevan ahora la autoestima del equipo de Miribilla hacia una cima altísima. Porque entre ganar y perder hoy había un abismo. El triunfo no solo limpia la cabeza de tanto tiempo de amarguras, por esa racha funesta, es que cura las heridas de la tunda reciente ante el Valencia y, después de tres derrotas seguidas, permite respirar en un calendario terrible. Es como quitarse una enorme losa de encima. Hasta Hilliard, la viva imagen de lo apesadumbrado que andaba este equipo, sacó la cabeza de la alcantarilla para ver la luz.
El partido no tuvo gran chicha que lo salvara, al margen del emocionante final. Había mucha tensión. Dos ráfagas de los locales de 12-1 y 12-3 pusieron a los pupilos de Moncho Fernández con el mando. Todos los balones sueltos eran suyos. Entre los rebotes y el horror en la línea de tiros libres, el Bilbao Basket parecía condenado a otro día de sufrimiento en la lejanía. Ninguno jugaba fácil, el Girona no permitía canastas asequibles y cuando le metían un triple, contestaba con otro. Se centraban ambos en evitar errores, trataban de imponer sus defensas.
Maric leía muy bien lo que había que hacer. Jaworski seguía con su tortura desde el arco: 1/13 en los dos últimos compromisos. Un desastre, pero los tiros libres importantes los clavó. Needham ponía el 77-69 a 7:45 con un triplazo y parecía colocar la proa hacia otra debacle bilbaína. Y no digamos nada con el 82-72 de Livingston, un gran anotador, a -6:12. Porque durante este tiempo en Mordor, los ‘hombres de negro’ se asomaban pongamos que por la ventana de la cocina en busca de la sonrisa tras tantas derrotas y habitualmente les metían un viaje que los mandaban al salón, no acababan de creérselo nunca. Lazarevic se dañó la rodilla y la cosa se ponía aún más fea. El Bilbao Basket actuaba sin cabeza, con malas decisiones y poco criterio. Y entonces Hilliard, con maravillas de pases por la espalda y triples claves, mostró sus galones para llamar a la épica.
El Girona no acabó de cerrar el choque, dio vida al rival y éste se coló por el hueco. Hubo un clic, se levantó de la lona cuando nadie lo esperaba. Cargaron el rebote como demonios Hlinason y un Krampelj que no se rinde jamás, y el cuadro de Ponsarnau recuperó su vieja solidez. Se curaron todos sus males, la herida empezaba a cicatrizar. Tuvieron muchos tiros libres que metieron y aprovecharon pérdidas absurdas de los locales, muchas no forzadas. Hilliard, está vez sí en mido líder, cometió la quinta falta y la épica llamaba a la puerta.
La fórmula recurrente de los dos bases funcionó una vez más. Frey y Pantzar se pusieron al volante y Hlinason generó muchísimo por dentro. Su labor oscura fue clave, por los bloqueo que pone, los lanzamientos que cambia y lo que atrae en ataque. Una asistencia del pívot islandés a Krampelj cuando estaba rodeado de gente allanó el camino al triunfo. El esloveno lo agradeció con un matazo.
La paciencia y la inteligencia, recetas que parecían extraviadas, les acompañaron en ese tramo definitivo. Seis jugadores estuvieron en diez puntos o más. La vida se ve de otro color con este regalo de Reyes Magos para la buena gente de Miribilla. Con 89-91, Geben, el MVP de la jornada 13 y casi un héroe en Fontajau, tuvo el triple del triunfo a tres segundos para el último bocinazo, pero la fortuna alguna vez tenía que lanzar un guiño a los de negro. Busquets hizo una falta a la desesperada después para parar el reloj. La suerte estaba echada. Ahora toca hacer borrón y cuenta nueva. Y esperar que no pase otro año para levantar los brazos a domicilio. La Navidad les sienta bien.
Se acaba una racha de 16 derrotas consecutivas lejos de casa. Hasta el logrado este domingo en Fontajau el último triunfo como visitante de los ‘hombres de negro’ se remontaba al 28 de diciembre de 2024 cuando venció por 79-100 al Coruña en el Coliseum de la capital herculina. Desde esa fecha el Surne Bilbao firmó un 2025 en blanco como visitante. El equipo de Jaume Ponsarnau perdió en los diez desplazamientos de la temporada 2024-25 (Tenerife, Barça, Breogán, Manresa, Valencia, Real Madrid, Andorra, Unicaja, Joventut y Baskonia) y los seis primeros de la 2025-26 (Unicaja, Joventut, Manresa, Real Madrid, Baskonia y Breogán).
Moncho Fernández: “Les hemos dado vida”
Moncho Fernández ha lamentado tras la derrota que el equipo ha dado vida al rival cuando tenía una ventaja que podía ser “casi definitiva” de diez. “Ha habido momentos donde podíamos romper el partido y coger una buena ventaja que hemos tenido pérdidas absurdas”, ha admitido.
En este sentido el entrenador gallego ha reconocido que las pérdidas “no forzadas” han hecho “mucho daño en momentos claves” y también ha señalado el acierto en los triples del Bilbao en el último período y la diferencia en los tiros libres: 15 a 33.
“No es una crítica a los árbitros, sino a nosotros mismos porque no hemos sabido defender la pintura como queríamos y hemos hecho muchas faltas y por esta situación no hemos podido correr como nos gusta”, ha asegurado.
Ha reivindicado que “a pesar de todo esto” el Girona ha estado “a un tiro de ganar”, un triple de Martinas Geben, pero que el Bilbao ha tenido “paciencia” y ha estado “muy bien para coger la victoria en el momento apropiado”.
Moncho ha concluido que su equipo ha vuelto a luchar “hasta el final” y que ahora hay que “pasar página y seguir”, con la lección de que en la Liga Endesa “todos los rivales son complicados y si no estamos a nuestro mejor nivel perderemos”.
Ponsarnau: “El mérito es haber estado mentalmente bien”
Ponsarnau ha reconocido que el mérito “más importante” de la victoria es haber estado “mentalmente bien” para ganar después de la “tunda” contra el Valencia Basket (72-116). En este sentido ha admitido que el equipo venía “enfadado” después de una derrota que hizo “daño”, con un marcador de 37-79 en la segunda mitad.
El entrenador de Tàrrega ha reivindicado que cuando el partido parecía decantado a favor del equipo local (82-72) el Bilbao ha estado “sólido en defensa” y ha sabido atacar “con paciencia” y con “mucha inteligencia” para conseguir un triunfo clave en un encuentro “igualado”.
Después de romper una racha de más de un año sin ganar a domicilio en la Liga Endesa, Ponsarnau también ha explicado que el equipo ha fallado en el tiro libre y en la defensa en la primera mitad, pero que después del descanso ha “aprendido a defender” los ataques del Girona y sobre todo ha estado “mucho mejor” en el rebote y ha podido “tener ritmo”.
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