Baloncesto

¿Y si el Barcelona se planta con la NBA y deja solo al Real Madrid?

Sin nada cerrado y en las semanas que tienen que ser definitivas para el futuro del baloncesto europeo, el club azulgrana vuelve a estar algo más cerca de los postulados de la Euroliga.

DIARIO AS
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Las semanas pasan en las trincheras del baloncesto europeo con un goteo incesante de rumores que, a la espera de las noticias definitivas que lo envíen a su siguiente estado, a una realidad que está por ver cómo será aunque cada uno va imaginando su propio boceto, mueven (como mínimo) los estados de ánimo. Si acaso, dejan miguitas de pan que enseñan el camino que van recorriendo los protagonistas. La cuestión es que esos caminos tienen muchas bifurcaciones y que hay quienes (en su derecho) saltan todavía de uno a otro en una compleja rayuela mientras algunos grandes asuntos siguen sin mostrar su verdadero rostro: sus fórmulas, sus números, cómo van al mundo real las cuentas de las tablas de Excel. Hasta entonces… nadie sabe nada. Pero los vientos cambian. Y lo seguirán haciendo, así que…

Así que hay muy poco que se pueda decir ahora con la mano en el fuego. Desde luego, no se puede hablar sin partir de la certeza de que hay pocas certezas y sin poner por delante el aviso de que todo puede cambiar de forma drástica en las próximas semanas en una confrontación que, en su inercia actual, conduce a una fragmentación del primer nivel del baloncesto europeo que debería aterrorizar (¿preocupar, al menos?) a todos los implicados pero que nadie parece saber bien cómo parar. La teoría sí es sencilla, pero su aplicación obliga a concesiones que ahora mismo parecen, y así ha sido desde hace tiempo, improbables. De cuánto hay en las lindes de esos extremos depende no que se siga hablando, que se seguirá hablando, pero sí que haya posibilidades reales de acuerdo entre la NBA, y su impulso de aterrizar en Europa con la FIBA de su parte, y la Euroliga. Ambas posturas son bien conocidas, y en este primer tercio de temporada 2025-26 las han expuestos en AS tanto Paulius Motiejunas, CEO de la Euroliga, como George Aivazoglou, director general de la NBA para Europa y Oriente Próximo. Hace mucho que las cartas -al menos, las líneas maestras- están encima de la mesa.

La cuestión es cómo se reparten y quién tendrá finalmente la mejor mano. En eso la NBA había abierto una brecha fundamental para transformar el ecosistema porque se ha llegado a dar como casi por seguro el salto de Real Madrid y Barcelona a su nueva competición, que en los planteamientos más optimistas arrancaría en la temporada 2027-28. El gigante estadounidense piensa en ciudades y mercados, así que pone sus chinchetas sobre el mapa en Madrid y Barcelona. Pero a nadie se le escapa que eso implica hablar de Real Madrid y Fútbol Club Barcelona. Qué otra opción podría haber. Y que esos dos equipos son los que podrían provocar realmente un vuelco que no traerían las salidas de ASVEL y Bayern, otras de las más anticipadas, o la que ya se produjo del Alba Berlín, que esta temporada ha cambiado la Euroliga por el entorno FIBA/Champions League.

El Fenerbahçe, como Real Madrid, Barça y también el ASVEL, díscolo pero muchísimo menos trascendente en este juego de poder (en esencia, la Euroliga no lloraría especialmente su pérdida: no de forma inconsolable), es otro que en principio no ha firmado la renovación de los equipos con plaza fija en Euroliga por diez años, hasta 2036. Un asunto clave, que va de la mano de la ampliación hasta esa fecha del acuerdo de la competición con IMG, gigante estadounidense del marketing con el que se sigue pretendiendo ahondar en el quid de la cuestión: cómo monetizar más, mejor, una competición a la que le sale a perder la comparación entre su impacto y su excelente nivel en lo deportivo y la evolución de sus números (al alza, eso sí) en lo económico. A la vista (primero, solo en salones cerrados) esas grietas y esas no firmas, el proyecto NBA Europa atisbó el momento de irrumpir en el tablero con la fuerza de la marca de la mejor liga del mundo. Las conversaciones entre ambas partes se han sucedido, con tramos también de parálisis glaciar pero ese runrún constante: cuánto mejor sería todo si lo óptimo de ambas ideas, los puntos fuertes de cada propuesta, pudieran caminar de la mano.

Ahora, el Barcelona se lo piensa

¿Qué ha cambiado justo ahora? Ahí entra esa percepción del matiz, de que no hay nada definitivo hoy que no lo fuera ayer ni nada destruido que no se vaya a recomponer mañana. Pero en esa situación inestable, decía, hay vientos: y ahora es legítimo, según pudo confirmar AS, pensar que no se puede dar por seguro que el Barcelona vaya a saltar de la Euroliga a la NBA Europa, en principio de la mano del Real Madrid en ese teórico frente español en el que todo el baloncesto tiene puestos los ojos. Insisto: no es una noticia definitiva ni nada que no pueda cambiar otra vez, como lo ha hecho en sentido contrario, porque la situación es perfectamente líquida, en desarrollo. Pero hace días que comenzaron los susurros que apuntaban a que el del Barça ya no era seguro. Ayer lo anunció Sport24 en Grecia, país que es uno de los puntos ciegos de un proyecto NBA que, en principio, solo cuenta con un equipo en un baloncesto que en su techo, en el gran impacto a nivel continental (uno de los mayores, de hecho) vive de la rivalidad Olympiacos-Panathianikos. Su gobierno, como ya lo han hecho de forma pública en Lituania o Italia, se ha posicionado a favor de la continuidad del modelo Euroliga. A nivel político, en Europa también se quiere saber de dónde saldrá el dinero que construirá la nueva competición y, sobre todo, a dónde iría y en qué formato de reparto el (teóricamente mucho) que generaría.

Después, Donatas Urbonas, una fuente siempre fiable a través de Basketnews, señaló en la misma dirección: el Barcelona está cerca de regresar al redil y firmar, por fin, su acuerdo de 10 años, hasta 2036 con la Euroliga. La noticia esprintó durante toda la tarde de ayer, porque sería una de mucha trascendencia. Pero, otra vez según lo que ha podido saber AS, se puede acelerar el paso pero no echar a correr: todos siguen hablando, todos tienen las puertas abiertas, todo puede cambiar. Pero sí es real lo mollar: el Barça ve con mejores ojos las nuevas propuestas de la Euroliga, que han ido creciendo en lo económico, y no tiene suficientes certezas desde el otro lado, ahora mismo, por lo que se replantea una situación en la que, parece que es obvio mirar también a esa parte de la ecuación, influyen las relaciones institucionales. Como lo hicieron en sentido contrario, cuando Madrid y Barça caminaban juntos en proyectos como el de la Superliga de fútbol, ese entendimiento parece como mínimo mucho más distante tras los dardos de Florentino Pérez en la última asamblea y la respuesta posterior de Joan Laporta. Eso, en clubes de esa magnitud y con el fútbol tan en el primer plano de sus estrategias, también importa mucho.

Así que el Barça sí está ahora mismo cerca de sellar su continuidad en la Euroliga. Esto es tan cierto como que seguramente las cosas no están tan calientes como apuntan algunas fuentes, que hablan de un viraje ya definitivo del club azulgrana, cuyas prioridades en todo caso sí se han movido mucho. Sobre todo, después de reuniones de alto rango entre la directiva azulgrana y Paulius Motiejunas. Desde Grecia, además, también se apunta a que el Fenerbahçe, otro de los que no ha firmado, está más decidido a hacerlo ahora que empieza a acercarse, poco a poco, la fecha límite: el 15 de enero.

Sería otro triunfo para la Euroliga, si bien la situación del actual campeón ha sido más extraña ya que hasta la propia NBA ha manejado otras opciones, la más nombrada el Galatasaray, para su franquicia en Turquía. Pero si finalmente ambos, Barça y Fenerbahçe, firman con Euroliga hasta 2036, y contando con que el ASVEL es un equipo menor por tradición e impacto mediático que -además- podría acabar saliendo en todo caso hacia el ámbito Champions, habría qué ver cómo reacciona la NBA. Y en qué situación quedaría un Real Madrid que como mínimo se vería mucho más solo, si bien sigue siendo el club que más claramente parece abierto al cambio, a abrazar lo que llegue desde el otro lado del Atlántico: a facilitar un nuevo orden. Que se sepa, eso sí que no ha cambiado. Pero habría que ver si las decisiones de otros les afectan, porque si el club blanco aguanta el pulso más allá de ese 15 de enero, especialmente si es el único de los principales que lo hace (una opción posible ahora mismo), la Euroliga (el resto de clubes propietarios) también podría tomar decisiones sobre la participación del Real Madrid. O, al menos, sobre en qué condiciones (desde su actual estatus de propietario) pasaría a producirse. El próximo verano, las licencias actuales de Euroliga habrán caducado, así que los que no se hayan comprometido para la nueva ventana de diez años quedarían, a priori, en el limbo cuando acabe esta temporada.

Llevamos mucho tiempo diciendo que se acerca el momento decisivo. Pero ahora es así, no queda más tiempo: se acerca el momento decisivo. Por ese deadline de renovaciones en la Euroliga y porque la NBA Europa, si tiene que ser ya en 2027, tiene que empezar a ser ahora. Enero tiene que ser un mes clave. Porque se supone que la nueva competición pasará a la búsqueda pública de inversores y a mover realmente la llegada de sus equipos y, claro, la propiedad de estos. Los grandes nudos del asunto. Pero también porque eso implicaría que por fin se conozcan detalles que no se conocen, que no han trascendido ni a los implicados de forma interna en lo que es un factor de duda que está influyendo en replanteamientos como el que está haciendo el Barcelona. Por esa misma regla de tres, un plan de negocio preciso, detallado y con un fundamento muy prometedor podría volver a hacer que cambien muchas cosas. Los vientos volverían a virar.

Cuando la NBA llama a la puerta, todo el mundo escucha. Eso es un hecho obvio, que hasta la Euroliga ha reconocido. Que su especialidad está donde ha flaqueado el baloncesto en el Viejo Continente, en la mercadotecnia y la generación de hype (e ingresos), también. Pero más allá de cuestiones referidas al formato de competición y una selección de equipos que para lo nuclear cambia el paso y deja atrás (algo difícil de entender para muchos) bastiones históricos (Belgrado, Kaunas…) y piensa (no sin cierta lógica) en grandes mercados comerciales ahora no explotados (Londres, Roma, una París a la que la Euroliga llegó hace menos de dos años…), falta más claridad sobre cómo se van a llegar a unos objetivos económicos que invitan a soñar pero que de los que no se conoce la base. No todavía. Se ha hablado de que cada equipo nuevo tendría que llevar con una inversión de entre 500 y 1.000 millones. Pero no está del todo claro cómo se materializaría algo así porque obviamente, más allá de la llegada de ciertos fondos de inversión y capitales de un perfil que a cualquiera le viene rápido a la mente, los clubes europeos no pueden plantearse, a priori, una salida a la casilla cero con ese dinero encima de la mesa.

En la NBA, que ahora ha firmado por unos históricos 76.000 millones para once años, los grandes acuerdos televisivos son el gran sostén, el motor de un crecimiento económico que lleva lustros siendo permanente y extraordinario. En Europa sería muy difícil no ya acercarse a esos números, simplemente multiplicar mucho los actuales toda vez que la nueva competición llevaría a la NBA en su nombre pero no en su entraña en lo que se refiere. al menos, al gran aficionado: no estarían Lakers, Knicks y compañía, no en el corto ni el medio plazo y no más allá de que algún equipo de la rama europea interactuara con la gran Liga, por ejemplo, en la NBA Cup. Circulan ideas como esa, que no cambiarían la separación en lo troncal de ambos universos competitivos. Otra vez, a priori.

La NBA, por ejemplo, también requeriría unas condiciones en los pabellones para adaptarlos a sus estándares, y hace unas semanas Basketnews apuntó a que este, en el trazo fino, podría ser un factor que acabara retrasando todo el aterrizaje del proyecto. Y que puede ser también significativo para un equipo como el Barcelona, cuya proyecto de nuevo pabellón no ha dejado de retrasarse en los últimos años. También para decepción de una Euroliga que en todo caso, y como reconoció Motiejunas en su charla con AS, sigue optando por la paciencia con el que sigue siendo uno de sus socios más importantes: Cada año creemos que está más cerca. Hemos hablado y hemos visto los planes que hay. Barcelona necesita un buen pabellón. Sabemos que primero están reconstruyendo el estadio de fútbol, pero tiene que llegar justo después. Entendemos que el fútbol va primero, pero el baloncesto tiene que ir a continuación. Cruzamos los dedos y sabemos que el club tiene un plan”. Para el Barça podría ser otro problema que el nuevo proyecto confirme su estreno en 2027 y que este le pille, como sería el caso ahora mismo casi con toda seguridad, en el viejo Palau, con sus deficiencias y anacronismos y, un posible pecado capital, su reducido aforo.

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No se trata de que la NBA, obviamente, no tenga o pueda tener ideas que sí desarrollen y materialicen estos caminos, que respondan a todas estas dudas. La cuestión es que están por exponer. Y, en eso, las próximas seis u ocho semanas también tienen que ser definitivas. El hecho de que los implicados todavía no tengan ese plan financiero detallado es un arma de doble filo: hace que nada sea definitivo, porque si llega y es brillante sí que habrá un acelerón radical hacia un nuevo mundo; pero también provoca que haya dudas y que los movimientos que sigue haciendo, en su nivel, la Euroliga, estén cambiando el paso en casos como el del Barcelona. Y eso, aunque (por enésima vez) no implica nada para el largo plazo, sí tiene trascendencia en el día a día que acabará dibujando el lienzo final. Puede que mucha. Aunque solo sea, como algunos seguimos esperando aunque cada vez con la esperanza más debilitada, para que todas las partes sigan hablando y, aunque ahora cueste vislumbrar el punto de apoyo, puedan acabar entendiéndose. Tiempo hay, pero cada vez menos.

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