Una pareja lleva viviendo 20 años en una isla deshabitada: “Un oasis de felicidad”
Mali y Veli Srakane son dos pequeñas islas croatas donde viven dos y tres personas, respectivamente.
Werner y su esposa Ana llevan 20 años viviendo en la pequeña isla croata de Mali Srakane, conocida por su naturaleza virgen y su ambiente relajado. En ella no hay tiendas, tampoco restaurantes ni servicios típicos de las ciudades, solo naturaleza virgen y salvaje.
El matrimonio decidió mudarse allí hace 20 años, porque su hijo sufría de asma y necesitaba un lugar cercano a la naturaleza. “Vinimos porque nuestro hijo tenía asma y el médico le preguntó: ‘¿Vas a la montaña o al mar?’, y le gustaba bucear. Por eso vinimos. Había mucho vino, verduras, esta isla era rica. Creo que vinimos en una época en la que todavía había vida de verdad, la vida a la antigua usanza”, explica el matrimonio al medio croata Dalmacija Danas.
No hay carreteras, el sonido más urbano es el de las campanas de la iglesia, que resuenan especialmente en la festividad de Nuestra Señora del Monte Carmelo o en situaciones de emergencia para avisar a los habitantes de la isla vecina, Veli Srakane.
“Tienes esa vida sin estrés. Para nosotros, ir a la ciudad es un problema mayor. El ruido, las multitudes, todos tocando la bocina… Llevamos aquí unos 20 años y uno simplemente se tranquiliza. Tenemos nuestro propio ritmo”, señala, por su parte, Igor Rukavina, vecino de la isla Veli Srakani, donde también vive con su mujer Blanka.
A diferencia de Mali, Veli Srakavina tiene tres residentes. El matrimonio Rukavina y un pescador submarino llamado Dubravko Balenovic, que explica que en la isla se tiene lo necesario para vivir. “Tenemos electricidad, agua, internet, pero no hay conexión física. Sin embargo, estas deficiencias se pueden solucionar fácilmente con un poco de buena voluntad y comprensión hacia la gente que vive aquí”.
Al vivir en un paraje natural, los vecinos están expuestos a problemas más humanos como la sequía, la cual provoca, según la temporada, escasez de fruta y verdura. Cuando eso ocurre, los pocos vecinos que hay no pueden cultivar sandías, y se conforman con hortalizas que requieren de menos agua como tomates, pimientos o judías.
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