Alcaraz llega con épica a su primera final en Australia
El murciano, con calambres, aguanta ante Zverev y está a un paso de ganar el único título Slam que le falta. Se enfrentará a Sinner o a Djokovic.
“Creer. He ganado porque he creído. Tienes que creer en ti mismo”, dijo Carlos Alcaraz nada más vencer en un partido épico a Alexander Zverev, en las semifinales del Open de Australia. Lo había conseguido contra todo, después de sufrir una deshidratación que le provocó calambres, mediado el tercer set. “Físicamente es uno de los partidos más exigentes que he jugado”, reconoció. Y no le faltaba razón, porque para vencer al alemán tuvo que traspasar el umbral del dolor y tirar de corazón cuando no le iban las piernas. Así ganó por 6-4, 7-6 (5), 6-7 (3), 6-7 (4) y 7-5 en 5h27, en la semifinal más larga de la historia del torneo. Y jugará por primera vez la final en Melbourne en busca del único título de Grand Slam que le falta, con el que ya tendría el pleno de carrera. Es el 12º jugador en la Era Open que llega tan lejos en todos los majors y el que lo logra siendo más joven (22 años y 272 días), por delante de Jim Courier (22 y 321 en Wimbledon 1993). El domingo (09:30, Eurosport) se enfrentará, en otro reto mayúsculo, a Jannik Sinner o a Novak Djokovic.
“He estado en una situación como esta antes. Sabía que tenía que poner todo mi corazón en el partido. He luchado hasta la última bola; sabía que tendría mis oportunidades. Estoy muy orgulloso por la forma en que he peleado y he remontado”, añadió Alcaraz, que disputará su octavo partido con un trofeo de Slam en juego, cuarto consecutivo. Y es el quinto español que lo hace en el oceánico, tras Nadal (6), Gisbert, Gimeno y Moyá. Su gesta recordó a la que hizo en Roland Garros 2025 y a aquella de la leyenda balear (que está en Melbourne, por cierto) también en las antípodas, con su histórica remontada en la final de 2022, contra Daniil Medvedev. Zverev, que lamentará durante mucho tiempo esta ocasión perdida, se aleja de la posibilidad de ganar un gran torneo.
Una montaña rusa
Como estaba previsto, el saque ayudó mucho a Zverev en el inicio del partido. De hecho, solventó dos de sus tres primeros turnos de servicio en blanco. Solo cedió dos puntos hasta el séptimo juego, en el que Alcaraz consiguió encontrar fisuras en el plan del teutón. Ahí tuvo la primera opción de quiebre, que se le escapó. Pero ya había recopilado pistas sobre cómo hacer daño a su rival, que empezó a quejarse por la tensión del cordaje de sus raquetas, con golpecitos, pellizcos… Carlos, que estaba sacando mejor (80% de efectividad con primeros y solo cinco puntos perdidos), se animaba constantemente, muy concentrado y, la segunda ocasión que tuvo de romper, no la desaprovechó. Visiblemente molesto, hablando desde la lejanía con su equipo, Sascha se dejó ir y le entregó el primer set al de El Palmar.
Zverev corría el peligro de irse el partido y lo pasó mal para solventar su primer saque en la segunda manga, al tener que afrontar un punto de break tras una derecha paralela maravillosa de Alcaraz. Sin embargo, se agarró a la pista, comenzó a moverse mejor, Carlos se relajó un poco y zas: rotura y el de Hamburgo por delante. Eso sí, tenía que consolidar su ventaja (5-2) y se arrugó de mala manera cuando sacaba con 5-3. La presencia imponente del español, más por carisma que por corpulencia, se le hizo gigante y cedió. Luego vino un desempate en el que fue superior Alcaraz. La victoria la tenía encarrilada antes de que llegara un inesperado giro de guion.
Cuando el tercer set marchaba igualado, Carlos empezó a tener problemas. Primero se le revolvió el estómago durante el sexto juego. “He vomitado, he vomitado ahí. No sé qué me pasa. Igual tengo que tomar algo”, le dijo a su gente. Después, calambres, seguramente por deshidratación a causa del calor y la humedad (29 grados y un 46%). Alarma. Fue atendido en un tiempo médico por el que protestó Zverev, porque los calambres no se consideran lesión. “¡Esto es una mierda! Estáis protegiendo a estos dos tíos todo el rato (en referencia a Alcaraz y a Sinner)”, le gritó, en alemán, al supervisor del torneo. Y con habilidad y recursos (saques abiertos, dejadas, juego directo…) ganó dos juegos y estuvo muy cerca de cerrar el encuentro ante la inoperancia y la falta de inteligencia de Alexander. No pudo hacerlo, porque físicamente le era imposible apoyarse bien para sacar y moverse rápido en la cancha.
Valiente y sabiendo la oportunidad que tenía de llegar por primera vez a la final en Australia, Alcaraz continuó luchando. “Venga, sonríe ahí”, le decía su entrenador, Samuel López. Y el titán se fue recuperando. Aunque su cara no lo transmitía, pese a los ánimos que le llegaban, también desde la grada. En el décimo juego de esa cuarta manga, se vino arriba tras un ganador de derecha. Su objetivo era llegar, al menos, al tie-break. Y lo consiguió. Aunque no con las suficientes garantías como para apuntárselo. Así el partido se igualó y pasó a manos de un Zverev, ahora sí, más centrado y práctico.
Final de infarto
La situación se convirtió en límite para Carlos, que encajó un break en la salida del quinto parcial. No le quedaba otra que seguir creyendo en sí mismo y en su grandeza. Los antiinflamatorios le hacían efecto. Mientras, su contrincante, incomprensiblemente empeñado en no tirar golpes paralelos, debía aguantar, que no era poco, tirar de su experiencia en partidos a cinco sets (23-15) y recordar las tres veces que había logrado remontar dos en Slams. También le puso fe para levantar dos bolas de quiebre y siguió presionando al resto, desgastando a un Alcaraz que no se rendía y le pedía energía al público. Cruzando menos los tiros, el hamburgués protegió sus servicios ante los ramalazos de garra del murciano (no se pierdan su contradejada en el sexto juego), que volvió a tener un break point. Y lo salvó otra vez Sascha.
La emoción era ya casi insoportable. Y en esas llegó otro puntazo de Carlos y otras dos pelotas de rotura. Y otra escapada de Zverev con un winner de drive eléctrico. El epílogo tenía que ser dramático. El alemán, que llevaba un rato defendiéndose y fue un tanto conservador, servía para vencer. Con 15-40, el ganador de seis majors le echó arrestos y niveló el marcador. E imbuido de un espíritu guerrero indomable, sentenció al resto a su oponente con una derecha en carrera de genio. Si alguien podía conseguirlo, contra todo, era él.
Noticias relacionadas
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp.
¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí