Fórmula 1 | GP de Francia

Ferrari arrasa con Alonso lejos del podio

Felipe Massa alcanzó la victoria después de que Kimi Raikkonen tuviera problemas y se le desprendiera el escape de su Ferrari. El doble campeón español padeció un coche muy lento hasta terminar octavo

Carlos Miquel

En el castillo de Apremont los habitantes de la 'Pequeña Francia' defendían en el siglo XIV los ataques de los ingleses que poblaban la Borgoña. Sus almenas siguen en pie y las habitaciones, muy remozadas, ya no son el descanso de damas de larga cabellera que se peinan junto al espejo. Ahora son el caro alojamiento donde duermen algunos de los invitados VIP de Renault. Ya no hay batallas en las impresionantes tres mil hectáreas de terreno que lo rodean. Ahora la guerra, por suerte estrictamente deportiva, suele disputarse a unos quince kilómetros de sus solemnes piedras extraídas de Nievre, en el circuito de Magny-Cours. Los descendientes de aquellos orgullosos nobles medievales ahora apoyan a su ejército de las carreras, Renault, que ayer sufrió una de sus más severas decepciones.

El capitán de la tropa, Fernando Alonso, estaba dispuesto a reconquistar el territorio del podio. Salía tercero. De hecho, las simulaciones informáticas del equipo daban por segura su tercera plaza a espaldas de los Ferrari, pero el clima cambió (con quince grados menos en el asfalto que se le atragantaron al coche) y el R28 salió mal porque no funcionó el mapeado de motor previsto para los primeros metros. El monoplaza se mostró lentísimo en carrera, la táctica fue un desastre, los repostajes lentos, y, por si fuera poco, su fiel escudero, Nelson Piquet, terminó por pasarle cuando el piloto del coche número cinco se fue largo en la curva Adelaida mientras doblaba a un Force India. Ni siquiera tuvo ganas ya en las dos vueltas que quedaban de intentar enmendar el error ("terminar séptimo u octavo ya no era tan importante", dijo).

El asturiano cayó sin el honor del riesgo máximo de Montreal y Mónaco (al final va a tener razón Fernando en lo de que necesita ir por encima de la lógica para hacer algo). Terminó octavo y Piquet, séptimo. Tres puntos para el equipo galo en la carrera de casa y unas prestaciones inferiores a Toyota y Red Bull. Es imposible diagnosticar ya la evolución de un coche que sólo mejora a una vuelta con calificaciones milagrosas del ovetense y naufraga en las pistas de media carga aerodinámica.

Incertidumbre. Salvo que Alonso sepa a ciencia cierta que el año que viene todo va a mejorar con las nuevas reglas, el mejor piloto de la Fórmula 1 (lo dice Ecclestone y hasta los lectores de 'The Times') no puede seguir otra temporada más pendiente del estado de salud de un paciente de pronóstico incierto. La carrera de la estrella española fue irregular en sus tiempos, con muchos problemas de rendimiento del R28 cargado de combustible (especialmente con blandas) y algunos momentos buenos con poca gasolina (de ahí su octava vuelta rápida en carrera) justo cuando comenzaba a llegar a los dominios de Trulli y Kubica, sus dos verdugos de los primeros metros. El programa de salida no funcionó y ambos le pasaron como tiros en los primeros metros. En la frenada de Adelaida, Jarno y Robert se tocaron, algo que aprovechó Fernando para pasar al polaco de BMW, un equipo desdibujado ayer en su rendimiento. Heidfeld ni siquiera puntuó.

La carrera la ganó Felipe Massa, pero no porque fuera el mejor piloto en pista, sino porque a Kimi Raikkonen, que era un cómodo líder mediada la prueba, su caballo estuvo a punto de descabalgarle. Se le soltó el escape y esto provocó el aumento de la temperatura del motor y una alarmante disminución de rendimiento, de segundo y medio por vuelta. La curva de par se veía muy afectada a la salida de las curvas y tuvo que dejar pasar al brasileño.

Desde boxes le pidieron que retocara la electrónica para limitar las revoluciones. De esa manera preservaron el doblete de Maranello y la integridad mecánica. Esta avería tuvo tintes chapuceros, igual que el método que las escuderías emplean para sellar al chasis las tapas de los pontones, cinta americana. El brasileño es el nuevo líder de un campeonato apasionante y loco, tiene cinco puntos de ventaja sobre Kimi y, lo que es más importante, tres triunfos por los dos del finlandés. Hamilton está ahora a diez, pero puede sacar partido de la fratricida batalla roja que nos espera. Aunque Silverstone, dentro de dos semanas, es un territorio ideal para las cualidades de Raikkonen.

Su gran rival de McLaren se llevó su segundo cero consecutivo después de no poder culminar su ansiada remontada desde la 13ª plaza en parrilla por un error infantil producto de su habitual exceso de ganas. Pasó a Vettel saltándose la chicane en la primera vuelta y no le cedió después la posición al alemán. Los comisarios lo vieron y le sancionaron con un drive through que el final le costó los veinte segundos que le apartaron del podio. Sin Tony Scott Andrews como juez máximo de la FIA este año se le ha acabado la carta blanca a Lewis para hacer lo que le plazca en carrera. Uno de ellos fue este fin de semana el español Joaquín Verdegay.

El héroe de la carrera fue Trulli, que aguantó en pista los ataques de Kubica, Alonso y Kovalainen (este último rueda con rueda) y llevó a Toyota al primer podio del año. En un gesto emotivo le dedicó el trofeo al malogrado Ove Andersson, que falleció la semana pasada en un accidente de tráfico cuando seguía un rally. Mentor de Carlos Sainz, él fue quien inició el proyecto de la firma japonesa en la Fórmula 1 y seguro que ayer desplegó su enorme y socarrona sonrisa desde el cielo.

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