Conflicto en Irán

Rival prohibido, sueño roto: el uso político del deporte en Irán

Los atletas iraníes sufren fuertes presiones para no enfrentarse a rivales israelíes, lo que demuestra que el deporte está totalmente ligado a la política.

Mattia Pistoia - Inter
Redactor Tikitakas
Nació en Madrid en 1998. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la UC3M. Entró en Diario AS como becario de Actualidad en 2020, aunque también ha pasado por las secciones de Directos y Más Deporte cubriendo algún evento de ajedrez. Desde agosto de 2022 escribe en Tikitakas.
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El pasado 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva contra las instalaciones militares y nucleares de Irán. El ataque supuso el fin de una tensión que cada vez era más grande y el comienzo de un conflicto bélico que, en tan solo unas horas, ya contaba entre sus víctimas con Ali Jameneí, el Líder Supremo del país asiático. Los ataques se han extendido a más naciones de Oriente Medio (Líbano, Arabia Saudita, Irak, Catar, Emiratos Árabes, Kuwait...) e incluso a Europa, donde un dron iraní impactó el 1 de marzo contra una base británica en Chipre.

Las consecuencias desde el punto de vista social y político son imposibles de cuantificar todavía. A día de hoy, los precios del petróleo están subiendo considerablemente y las bolsas internacionales registran pérdidas. Además, el veto de España al uso por parte de Estados Unidos de sus bases militares en suelo nacional y la condena del Gobierno de Pedro Sánchez al ataque unilateral de Estados Unidos e Israel, sin contar con el Consejo de Seguridad de la ONU, hacen prever la aparición de más diferencias entre Washington y Madrid.

Majid Saeedi

Los problemas entre Estados Unidos e Irán vienen de lejos. Concretamente, hay que viajar a 1979, un año fundamental para entender la historia de la nación persa. Hasta ese momento, Irán estaba regido por el Sha Mohammad Reza Pahlavi, un aliado de Estados Unidos. Sin embargo, la represión contra el pueblo y la pobreza anticiparon que la oposición se reuniera alrededor del Ayatolá Ruhollah Jomeini, quien fundó la primera teocracia islámica moderna al expulsar al Sha. El enemigo sobre el que articuló su discurso está claro: los estadounidenses.

La situación se puso todavía más fea cuando Estados Unidos dio luz verde a que el Sha se tratara de un cáncer en su territorio, un movimiento que desde Irán fue visto como una especie de planificación de golpe de Estado. El punto de no retorno fue la conocida como ‘Crisis de los Rehenes’, cuando un grupo de estudiantes secuestró a 52 estadounidenses durante 444 días en la embajada en Teherán.

¿Qué pasa con los deportistas iraníes?

1979 cambió por completo la posición de Irán en el mapa. Con la llegada de Jomeini, se cortaron todos los vínculos con Israel por la ocupación del territorio palestino. Tan rotunda fue su postura que, desde ese instante, el Régimen prohibió a todos los deportistas nacionales competir contra israelíes, pues para ellos era una manera de reconocer la legitimidad y la soberanía del país hebreo. No promulgaron ninguna ley, mas tampoco hacía falta, pues las federaciones deportivas controlaban y controlan que sus figuras cumplan con lo establecido. Eludir este mandato no solo es una exigencia, sino que encima se incentiva. Los atletas que participan de él son reconocidos como héroes nacionales y suelen recibir premios económicos o simbólicos para compensar sus pérdidas a nivel deportivo.

Por el contrario, no cumplir con lo exigido puede tener unas consecuencias catastróficas. Existen numerosas historias de competidores que se han visto obligados a salir de las fronteras amenazados (ellos o sus familias), han sido privados de libertad o, incluso, sancionados de por vida sin competir. Este último, por ejemplo, fue el caso del haltera Mostafá Rajai, quien fue fotografiado dando la mano al israelí Maksim Svirski en una competición no profesional en Polonia. “La lucha contra el usurpador régimen sionista y los que lo apoyan es uno de los principales pilares de la política estratégica de Irán”, defendió el jefe de la delegación, Hamid Salehinia, tras conocer la sanción.

Parham MaghsoodlooNurPhoto

En 2019, los ajedrecistas Parham Maghsodloo y Amin Tabatabaei, dos de los más fuertes del mundo, incumplieron involuntariamente esta norma en un torneo de partidas rápidas. En ajedrez, uno de los deportes donde más enfrentamientos teóricos entre los dos países se producen, no siempre sabes cuál es el lugar de procedencia de tu rival y más en un torneo de rápidas. Al volver a Irán, los dos fueron castigados a tres meses sin salir de la república islámica, además de enfrentarse a tensos interrogatorios en un lugar desconocido. Las consecuencias, para más inri, no fueron solo para ellos, pues ningún compatriota pudo participar en el Mundial de ese año.

Así funciona el boicot

La metodología del boicot depende directamente del deporte en cuestión. Volviendo a las 64 casillas, una vez que el listado de emparejamientos muestra un duelo entre un israelí y un iraní, tiende a darse por sentada la incomparecencia del segundo. Las causas que se argumentan suelen ir vinculadas a dolencias médicas o, directamente, ni se discuten. En la Olimpiada de 2024, en Budapest, la selección femenina de Irán no se presentó a su última ronda contra Israel. En enero de 2026, la Federación Internacional consideró que fue “un boicot deliberado” y les sancionó con 25.000 euros. En este caso, su alegato -que las inundaciones del Danubio les impidieron llegar a la sede del torneo- se desmontaba solo al ver que el equipo masculino sí acudió a tiempo.

La Selección de Israel espera a la de Irán sabiendo que no van a acudirMark Livshitz/FIDE
El árbitro pone el resultado del encuentro que nunca se disputó.Micha? Walusza

En otras disciplinas no hay muchas diferencias. En aquellas donde hay un cuadro de emparejamientos, los entrenadores fuerzan derrotas en rondas previas para evitar las multas y las amenazas de sanciones por incomparecencias. Sucedió en el Mundial de Lucha de 2017, cuando se viralizó en las redes sociales como el entrenador de Alireza Karimi gritaba a su pupilo: “¡Debes perder!”. En los Juegos Olímpicos de 2016, Alioreza Kojasteh se retiró poco después de conocer su sorteo al pronosticar el más que probable duelo con un israelí en la segunda ronda, mientras que Javad Mahjoub se borró de los Juegos Olímpicos de Londres “por una infección digestiva crítica” para evitar competir con Arik Ze’evi. El propio Mahjoub confesó un año antes haber perdido a propósito contra un alemán para evitar enfrentarse al israelí Or Sasson en siguiente fase.

El nadador Mohammad Alirezaei se bajó de los 100 metros braza en Pekín 2008 al compartir serie con Tom Beeri en una práctica idéntica a la que llevó a cabo en el Mundial de Roma 2009 y Shanghái 2011 justificándose con problemas de salud o de visados. En tenis, Amir Vala Madanchi y su pareja de dobles estadounidense se retiraron en las semifinales de un torneo ‘Futures’ en Georgia en 2016 para no enfrentarse con un dueto israelí. En los Juegos Paralímpicos de Pekín, el equipo de baloncesto en silla de ruedas no acudió a los cuartos de final contra Estados Unidos por “insatisfacción con el calendario”, ya que el hipotético cruce de semifinales era contra Israel. El equipo persa estaba invicto en el torneo.

NurPhoto

Ante esta coyuntura, con tantos ejemplos y una tendencia tan clara, muchos atletas iraníes han optado por una triste solución: dejar su tierra natal y su bandera para poder desarrollar sus carreras profesionales. Por ejemplo, los dos mejores ajedrecistas masculino y femenino de Irán, Alireza Firouzja y Sarasadat Khademalsharieh se nacionalizaron por Francia y España para poder competir. “Si volviese a Irán me arrestarían”, reconocía a este diario en 2023 la Gran Maestra en una entrevista. Son las duras consecuencias de una huida sin mirar atrás que, en su caso, tuvo como desencadenante evitar el castigo por jugar un torneo sin hijab. Firouzja, uno de los jugadores más talentosos de la historia, lo hizo cansado de tener que perder por incomparecencia tras ser retirado del mundial por su federación.

Uno de los casos más sonados fue el del judoca Saeid Mollaei. El atleta, plata en Tokio 2020 compitiendo por Mongolia, vio como tanto él como toda su familia eran amenazados y coaccionados para perder voluntariamente en el Mundial de 2019 y no enfrentarse al israelí Sagi Muki. Los funcionarios fueron incluso a casa de sus padres y el viceministro nacional se involucró de primera mano para provocar la retirada. Al perder en semifinales, decidió no volver a Irán y se asiló en Alemania. Paradójicamente, le dedicó su medalla olímpica a Israel por el apoyo durante su exilio y se hizo amigo íntimo del que iba a ser su rival en el Mundial.

Saeid Mollaei con el kimono de MongoliaHarry How
Sagi Muki y Saeid Mollaei

En los Juegos Olímpicos de París 2024, el 40% de los 37 integrantes del Equipo Olímpico de Refugiados eran atletas iraníes tratando de huir de las políticas de su Régimen. Asimismo, Ali Arsalan compitió por Serbia, Mohammad Rashnonezhad por Países Bajos y Kimia Alizadeh, bronce en Taekwondo, con Bulgaria. Casualidades de la vida, la plata fue para su compatriota Nahid Kiani, con quien se fundió en un abrazo que seguro no gustó en Teherán.

Fútbol, un deporte diferente

Aunque la normativa es exactamente igual para los representantes que compiten en disciplinas individuales y colectivas, lo cierto es que en el fútbol parecen existir algunas diferencias. Al conflicto de poder competir contra un rival israelí habría que añadir la posibilidad de compartir equipo con un compañero de dicha nacionalidad. A lo largo de la historia reciente han existido ejemplos de todo tipo, pero los antecedentes de rivalidad sobre el terreno de juego no solo existen, sino que son relativamente habituales. Al menos en lo que a futbolistas se refiere, pues los países es raro que se enfrenten por el veto árabe a Israel que hace que este último sea miembro de UEFA y participe en sus competiciones.

En 2017, los futbolistas Ehsan Haji Safi y Masoud Shojaei, este último capitán de la Selección nacional, jugaron en Atenas contra el Maccabi Tel Aviv. “Es seguro que nunca serán invitados a unirse al equipo nacional porque violaron la línea roja”, aseguró en la televisión estatal el viceministro, Mohammad Reza. “Aceptar jugar un partido contra atletas de un régimen que no ha dado a la humanidad nada más que ocupación, asesinato, agresión y traición es una falta de respeto a los derechos de miles de mártires y de los desplazados y afectados por el régimen sionista ocupante”, agregó el parlamentario Hossein Naghavi-Hosseini.

Wana News Agency

El veto llegó a oídos de la FIFA, quien amenazó a Irán de que, si les expulsaban de la Selección, les prohibirían participar en el Mundial de Rusia (un torneo donde se enfrentaron a España). Advertido de las consecuencias, Irán dio marcha atrás y negó oficialmente la prohibición. El Comité Olímpico Internacional ha actuado de forma similar a la FIFA posicionándose contra los boicots, si bien, como hemos visto anteriormente, hecha la ley, hecha la trampa.

El único futbolista iraní que milita en el fútbol profesional español es Amir Abedzadeh, portero del Castellón que antes militó en la Ponferradina. En sus temporadas en España, Amir se ha medido hasta en cuatro ocasiones al delantero Shon Weissman sin que ello haya implicado necesariamente un castigo a nivel deportivo, pues su última convocatoria internacional fue en 2022 y su primer duelo con el ariete israelí data de 2021.

Más sonado fue el caso del delantero Mehdi Taremi. El iraní, actualmente en las filas de Olympiacos, se enfrentó al portero israelí Omri Glazer en el duelo de Champions entre el Inter y el Estrella Roja. En el minuto 81, Lautaro Martínez le cedió un penalti que, a la postre, se convirtió en el cuarto gol del encuentro. Vale que el argentino ya había marcado y que su compañero había repartido dos asistencias, pero el gesto se pudo interpretar como algo mucho más simbólico que un detalle de compañero.

Gesto de capitán de Lautaro, dejándole el penalti a su compañero.Ciancaphoto Studio
Taremi anotando un penalti a GlazerCiancaphoto Studio

Al igual que hay antecedentes de partidos, también los hay en la dirección contraria. Alireza Jahanbakhsh, el actual capitán de la Selección de Irán y futbolista del Dender belga, se bajó de la convocatoria en dos duelos contra el Maccabi Tel Aviv en 2015 y llegó a un acuerdo con su club (Feyenoord) para no ir convocado contra el Maccabi Haifa en 2021. El próximo enfrentamiento de su equipo contra el Saint-Gilloise está en el foco ante el hipotético cruce del extremo contra el delantero israelí rival Anan Khalaily.

Como contraposición, Jahanbakhsh compartió plantilla en 2018 en el Brighton con Beram Kayal y Tomer Hemed (israelíes) con total normalidad. En la misma línea, su compatriota Sardar Azmoun formó junto con Munas Dabbur una de las duplas ofensivas más peligrosas de la liga de Emiratos Árabes Unidos en el Shabab Al-Ahli. Los dos han seguido siendo internacionales con su selección, lo cual demuestra cierto aperturismo, al menos, con el deporte rey. El problema es que las leyes siguen sin estar escritas y los crueles castigos pueden aparecer en cualquier esquina.

El cuarto principio fundamental del Olimpismo define la práctica deportiva como “un derecho humano” al que todas las personas deben tener acceso “sin discriminación de ningún tipo”. Su símbolo, los cinco anillos entrelazados, representan cómo los valores del deporte unen a los ciudadanos de cualquiera de los cinco continentes. Sin embargo, como hemos visto, hay excepciones como la de Irán donde queda claro que esta comprensión es pura utopía. La inmensa dedicación que requieren carreras profesionales como las anteriores quedan opacadas por decisiones políticas en las que ellos no tienen nada que ver y que provocan un inmenso exilio de talento e identidad en la que solo Irán sale perdiendo.

Hector Vivas - FIFA

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La guerra que ya ha estallado y lo que está por venir deja a los talentos iraníes en una situación todavía más compleja. Si todavía sigue habiendo un veto a enfrentarse a israelíes, ¿qué impedirá hacer lo propio en un futuro con estadounidenses o con ciudadanos de los países que se posicionen próximamente del lado de Donald Trump en el conflicto? El miedo se apoderará de los deportistas en un sorteo que, en vez de bolas calientes, será una especie de juicio donde solo haya dos opciones: la gloria o el exilio. Una elección más propia del Coliseo romano que del siglo XXI que demuestra que, pese a que muchos se empeñen en desligarlos, la política y el deporte, desgraciadamente, casi siempre van de la mano.

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