Kilian Jornet y la pelea contra su propia mente: “¿Quién es ese que me sigue?”
El ultracorredor publica un informe sobre los extremos del cerebro y las alucinaciones en el que repasa varios episodios mentales vividos durante sus retos.
El día a día de Kilian Jornet (38 años) dista mucho del de cualquier otro ser humano. Sus retos en la montaña ponen al límite la capacidad física de su cuerpo y la parte mental de su cerebro. Precisamente la parte psicológica es donde ha decidido poner énfasis en un informe que ha publicado. El ultracorredor español se preocupó por esto tras coronar los 82 cuatromiles de los Alpes y los 72 de Estados Unidos en un mes.
“¿Qué sucede cuando el cerebro es llevado al extremo? ¿Por qué a veces vemos cosas que no podemos entender? ¿Por qué tenemos alucinaciones? ¿Y cómo diablos suceden estas cosas? El cerebro usa en reposo el 20% de la energía total del cuerpo, pero sabía que estaría empujando los límites de mi cerebro en estas actividades”, escribe en forma de preludio. Y las experiencias a modo de conclusión son verdaderamente impactantes.
Una de esas alucinaciones la sufrió en el Everest tras llegar a los 8.300 metros en un fenómeno que se conoce como ‘el tercer hombre’: “Había sido un día largo, sin comer ni beber mucho. No recuerdo nada durante un buen rato. Un agujero negro en mi memoria. No sabía dónde estaba. Pensé: ‘Alguien me sigue, siempre a unos 20 metros de distancia. No le veo la cara. No lo reconozco’. Sé que es una alucinación, pero no puedo ignorarla. Me siento responsable de esta persona; necesito llevarla a un lugar seguro. Estoy enfadado con él por hacerme ir despacio, por sacarme de la ruta por la que bajaba para ir a rescatarlo... Cuando me di cuenta de que me estaba llevando a la muerte me detuve. Necesitaba descansar, encontrar algo de claridad. Me senté con la cabeza entre las piernas y cerré los ojos. Dormí un momento, unos segundos, tal vez un minuto, y desperté con la mente más despejada”.
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Al regresar a casa, Kilian consultó con un profesor de psicología y llegaron a la conclusión de que durante la fatiga y el estrés extremos, el cerebro puede desactivar ciertas funciones, como la formación de la memoria, para conservar energía y centrarse en tareas esenciales de supervivencia. Otro de esos fenómenos mentales, el de la ralentización con la que el cerebro procesa y almacena la información durante una crisis, lo vivió cuando escalaba la cascada de hielo de Khumbu en el Everest. “Rompí una avalancha que me arrastró hacia abajo y dentro de una grieta. Me detuve en un puente de nieve diez metros dentro. Durante la caída recuerdo que el tiempo se ralentizó. Todo sucedió en menos de diez segundos, pero para mí fueron minutos”.
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