España acaba con su bestia negra, Portugal, para ser campeona de Europa
La Selección, liderada por un Antonio magistral que anotó un hat-trick y fue nombrado MVP del torneo, vence a Portugal y gana el Europeo 10 años después.
Se acabó la espera, las decepciones, los batacazos. En definitiva, terminó el aura de negatividad que rodeó a la selección española de fútbol sala en los últimos tiempos... y del mejor modo posible: ¡España es campeona de Europa! El equipo que dirige Jesús Velasco, que asumió el cargo de seleccionador hace 15 meses después del fiasco del pasado Mundial en octavos ante Venezuela, conquistó en Liubliana (Eslovenia) la octava Eurocopa de su historia, para poner fin a una sequía de 10 años sin títulos. Se consiguió, además, a lo grande, derrotando a una Portugal (3-5) que en los últimos tiempos había privado de la gloria a España hasta en cuatro torneos internacionales.
Antonio lideró a La Roja hacia el triunfo con una actuación histórica, ya que se convirtió en el segundo jugador de la historia de las Eurocopas que anotaba un hat-trick en la final. El anterior fue el también español Vicente Martínez, quien marcó cuatro en la primera final de la historia de esta competición, que ganó España allá por 1996. El jienense elevó a 7 su cuenta de goles, lo que le hizo terminar como máximo realizador del torneo y llevarse el ‘MVP’. España, al fin, vuelve a su sitio.
La indumentaria dorada de España era toda una declaración de intenciones. La disposición táctica de Velasco, que de entrada usó su cuarteto del Jimbee con Mellado, Cortés y Pablo Ramírez, también lo fue. Si algo funciona, mejor no tocarlo. Y tras respirar hondo con un peligroso mano a mano en el que Dídac le ganó la partida a Pany Varela, España dio un puñetazo encima de la mesa. En la conexión melonera se filtró Antonio, que abrió la lata tras una dejada exquisita de espaldas de Pablo. Un minuto después, en el 3′, Cecilio habilitaba a Raya en la banda tras una recuperación de balón que le permitió al cierre español poner el 0-2. ‘Sinergias Movistar Inter S.L’. El inicio soñado se hacía realidad, pero quedaba un mundo...
La reacción de Jorge Braz fue inmediata desde el banquillo, digna del actual bicampeón de Europa. Adelantó a los suyos con una presión asfixiante y el dominio de la posesión de España, seña de identidad del juego de Velasco, se esfumó de pronto. En cuestión de dos minutos, la selección portuguesa equilibró el marcador, empezando por un gol de Afonso Jesus que llegó tras una caída de Cecilio por un empujón. Los colegiados consideraron que no fue falta y el 1-2 subió al luminoso. Las tablas las puso Góis, con un control orientado soberbio con el que sorprendió a Novoa. La definición posterior fue a parar a la mismísima escuadra. Poco que hacer ante esa genialidad.
En el combate de boxeo entre fajadores en el que se convirtió el choque, La Roja estaba obligada a devolver el golpe como fuera, más allá de mantenerse en pie. Jugada a jugada, balón dividido a balón dividido, los de Velasco fueron decantando la balanza a su favor con muchísimo sudor. Había que alejar los fantasmas como fuera, ya que la historia de los últimos duelos en competiciones se repetía: España se adelantaba al inicio de cada partido, y Portugal siempre conseguía remontar. Al filo del descanso, la fortuna sonreía a la Selección, en una acción en la que Erick golpeó con el brazo en la cara involuntariamente a Pablo. Era la sexta falta y Antonio, con algo de suspense por el toque de Edu bajo palos, no perdonó desde el doble penalti.
La ventaja, por mínima que fuera, hacía que el tiempo jugase a favor de España, que leyó el partido a la perfección en la primera mitad del segundo tiempo. Velasco adelantó la presión para asfixiar la construcción de Portugal y recuperar el mando de la posesión, lo que provocó un aluvión de ocasiones. Las más claras, para Cortés (casi debajo de la portería) y especialmente Adolfo y Cecilio, que se toparon con la madera. Las cosas iban por el buen camino, cuando el optimismo se detuvo cuando menos se esperaba. Frenazo en seco. Cortés cometió una pérdida de balón cerca de los dominios de Dídac, y Pauleta no perdonó: a la escuadra y 3-3. Vuelta a empezar...
La Selección no desistió, y además de su fabuloso juego posicional, su solidaria defensa y su sólida portería, los chicos de Velasco demostraron otra de sus grandes virtudes, esas que no se compran, que se tienen o no se tienen. Y fue el carácter, la actitud. Tras varios minutos de insistencia llegó el merecido premio. Cecilio condujo y tuvo la templanza necesaria para tomar la mejor decisión en las inmediaciones del área. Vio la llegada de Antonio, al que le quedó la pelota de cara. Y el jienense, como cuando Iniesta dijo que escuchó el silencio antes de marcar el gol que nos dio el Mundial de Sudáfrica en 2010, la mandó para adentro. El gol de todo un país. El propio Antonio se quedó con ganas de más, le supo mal que su compatriota Rivillos estrellase un balón a la cruceta que pudo haber sido el gol del torneo. Por eso, cuando el partido agonizaba, se recorrió media pista driblando rivales para servirle el definitivo 3-5 a Adolfo en bandeja de plata. Aunque estos chicos, los de Velasco, ya son de oro.
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