Así fue la XII Semana Internacional de Montaña de la Villa de Guadarrama
Las jornadas se celebraron durante los días 28, 29 y 30 de noviembre.
Guadarrama fue para los árabes el “río de las arenas” y para los romanos, “la separación de los ríos” (aquae dīrrama). Y desde hace 12 años es la cuna Internacional de Montaña en la Comunidad de Madrid.
Éste es el resumen de lo sucedido los días 28, 29 y 30 de noviembre en la XII Semana Internacional de Montaña de la Villa de Guadarrama, organizada por la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Guadarrama y Miguel Ángel Gavilán, responsable de la Escuela de Montaña de Guadarrama y presidente de Montañeros sin Barreras.
Francisco Blázquez, capitán del GREIM: “La Guardia Civil no cobra por los rescates”
“Empezamos con nuestros ángeles verdes, que son los que nos sacan cuando nos metemos en un marrón en la montaña”, arrancó Gavilán, “el alma máter de estas jornadas”, según el alcalde del municipio, Diosdado Soto.
La apertura contó con el plato fuerte del GREIM, que en los últimos tiempos han acaparado mayor foco mediático, no sólo por la cantidad de rescates que efectúan al año (un total de 1.196 en 2024 y en aumento cada año), sino también por documentales como el de Amazon, “CAEM. La forja del rescate”, o RTVE, “Rescate”.
El capitán Francisco Blázquez Carrera, responsable del GREIM de Navacerrada, compartió con un abarrotado auditorio de Alfonso X los inicios de los Grupos de Rescate Especial de Intervención en Montaña. “Los inicios se remontan al año 1967, cuando se crea un grupo de rescate profesional. Se encomendó esta tarea a la Guardia Civil porque estaba en toda España y un teléfono al que llamar en todos los pueblos. En Navacerrada, en los 70, con Paquito Fernández Ochoa decían que Navacerrada era el Chamonix de España y en 1972 nació el GREIM de Navacerrada con unos recursos y conocimientos técnicos muy diferentes a los actuales. Paquito era el único con fijaciones automáticas y la Guardia Civil iba con correas. Los 12 primeros integrantes de estos grupos de rescate nunca les habían puesto un arnés y de la montaña no sabían nada. Ahora todo ha cambiado mucho”.
En la actualidad, cada vez más gente sale al monte. En 2024, por ejemplo, se registraron 287.072 licencias en montaña en nuestro país (quinta federación con más licencias). “En contra de lo que la gente cree, donde hay más rescates es en actividades de senderismo porque en escalada y otras la gente suele saber dónde se mete”, apuntó el capitán Blázquez.
Precisamente, el GREIM rescató a 20 menores y tres monitores en la Bola del Mundo el pasado 17 de noviembre. “Nosotros participamos en la investigación de los accidentes y sus causas con dos objetivos. El primero por prevención y el segundo por la búsqueda de responsabilidades civiles o penales, que cada vez es más recurrente. No es extraño que compañeros de cordada acaben pidiendo responsabilidades a otro compañero de la cordada y nosotros tenemos que ir a hacer el atestado a petición del juez”.
Y el capitán Blázquez respondió a una pregunta recurrente entre muchos montañeros y que surgió entre el público: ¿La Guardia Civil cobra los costes del rescate? “No, la Guardia Civil no cobra por el rescate, igual que cuando va un Guardia Civil a regular el tráfico durante dos horas en un accidente de tráfico, aunque sea provocado por una persona que dé positivo en el control de alcoholemia. Otra cosa es lo que haga cada Comunidad, que es quien tiene las competencias y algunas han querido cobrar, pero al final lo hacen muy poquitas”.
Mikel Zabalza: “El entusiasmo a veces puede más que la experiencia”
“Es de los cuatro o cinco mejores alpinistas de nuestro país con diferencia”, anunció Gavilán. El auditorio de Alfonso X de Guadarrama escuchó con atención a la voz de la experiencia, la de Mikel Zabalza, con logros como la ascensión a la cumbre norte del Gasherbrum IV en 2008 o la travesía integral de Groenlandia, de sur a norte, completada en 34 días a lo largo de 2.300 kilómetros.
“El Karakórum es mi lugar de peregrinaje desde que fui por primera vez en el año 95 y por última vez el año pasado. En total, 13 aventuras”, explicó el alpinista navarro. “De poco sirve volver por la cumbre si no volvemos todos. El castillo se cae. El orden es volver todos, volver amigos y volver por la cumbre”, subrayó.
El Karakórum es una cordillera de unos 500 km de longitud en Asia Central, en el norte de Pakistán (Gilgit-Baltistán) y zonas limítrofes con India y China. Nudo montañoso entre Himalaya, Hindu Kush, Pamir y Kunlun, con el Indo como gran eje fluvial al sur. “Es duro. Es un terreno áspero donde pasas mucho calor y mucho frío. Hay cuatro árboles nada más. Es un terreno hostil. La gente que lo habita es especialmente dura”, destacó.
Habló de su primera vez en el Karakórum como ese recuerdo maravilloso e imborrable que dejan las primeras veces. Aquello representó su primera lección de vida: “Siempre hay una primera vez. El entusiasmo a veces puede más que la experiencia”.
Emocionó a los asistentes con la descripción de esa primera ruta, en el año 1995 a la Torre sin nombre. Explicando las paradojas de la vida cuando uno alcanza la cumbre porque las vistas no son tan bonitas como se habían imaginado: “Había muchos largos que nos costaban cuatro o cinco horas para hacer unos 55 metros. Era muy duro para el que aseguraba. Tardamos algo más de dos semanas desde que empezamos a abrir esta vía y llegamos a la cumbre con poca visibilidad y nos llevamos una pequeña decepción porque nuestra ilusión era ver el otro lado de la montaña después de dos semanas viendo el mismo paisaje”.
Con la emotiva descripción de las penurias que sufrió en muchas de sus ascensiones, Zabalza invitó a los jóvenes a seguir sus pasos: “Persigue tus sueños hay pocos imposibles”.
No dijo que fuera fácil. Ni mucho menos. Narró progresiones “agónicas”; vías larguísimas con 40 largos; ascensiones con pendientes de más de 60º; de avalanchas “terribles”; de neveros con peligro de muerte; de compañeros de ‘Al Filo de lo Imposible’ como Juanito Oiarzabal con todos los dedos amputados en su escalada al K2 en 2004.
Resaltó que no es de emocionarse mucho, ni de echar la vista atrás. Pero consiguió hollar el corazón de todos los allí presentes. “No está todo hecho en el Karakórum, ni mucho menos. El que busca aventura, la encuentra. Os animo a perseguir la aventura porque hay muchas rutas por recorrer y descubrir”, finalizó.
La ascensión que nadie quiso filmar: los Marín convirtieron la Eternal Flame en su película más real
¿Qué es el alpinismo? ¿Qué es una cordada? ¿Qué es una familia? Son preguntas que, en algún momento, rondan la cabeza de cualquier montañero. La mejor respuesta llegó en la segunda jornada de la Semana Internacional de Montaña de la Villa de Guadarrama, con la presencia de los Marín: Novato y Edu.
“Mi madre me hizo prometerle en el aeropuerto, antes de irnos al Karakórum, que volveríamos los tres”, confesó Edu, consciente de que a veces la vida obliga a hacer promesas sin certeza de poder cumplirlas. Tampoco lo tuvo fácil ante la ‘amenaza’ de su padre. “Si no me llevaba al Karakórum a hacer la Nameless Tower de Trango, me iba a desheredar”, ironizó Novato, que en 2013 necesitó varios días para decidirse a subir con su hijo los 500 metros de la cima Ovest di Lavaredo Pan Aroma (Dolomitas).
Los Marín se embarcaron en una aventura propia de una película, y nunca mejor dicho: Keep it Burning. Curiosamente, terminaron filmándola ellos mismos, porque el equipo profesional contratado para documentar la ascensión abandonó a última hora al considerar que el riesgo era extremo.
La expedición consistió en la ascensión en libre de Edu Marín a la vía Eternal Flame, en la Nameless Tower de Trango (Pakistán), junto a su padre, Novato, y su hermano, Álex. Una odisea de 28 días. “La Eternal Flame no es difícil por la escalada, sino por el entorno. El clima y la altitud lo complican todo”, explicó Edu, que este verano compartió pared con Urko Carmona y Simone Salvagnin, dos referentes de la paraescalada internacional.
Aquella promesa de Edu a su madre es uno de los mantras del alpinismo: la incertidumbre de no saber si todo va a salir bien. “Esta forma de entender la montaña más que romántica es muy cabrona”, bromeaba Novato, que nunca se había embarcado en un reto alpino de estas características y lo hizo con 71 años acompañado de sus dos hijos.
Sufrieron una avalancha que les destrozó su campamento base. Además, Edu se quedó solo 10 días colgado en la pared esperando una ventana óptima de tiempo. “Quería liberar la vía de manera pura, es decir, que una vez que empiezas a subir no puedes bajar y por eso me quedé. Quien debía liberar la vía era yo, por eso mi hermano y mi padre se bajaron”.
“Tener a tu padre en la cordada es la mejor patada en el culo que uno puede tener”, bromeaba entre risas uno de los hermanos Uber en la película (fueron los primeros en liberar la Eternal Flame). Novato cerró la conferencia de los Marín con una reflexión para todo el público: “La vida no sé si es corta o larga, pero veo a muchos padres con hijos y el mejor regalo es el tiempo que les dediquemos a ellos”. Palabra del Peter Pan de la escalada, que ya está planeando viajar a Yosemite para filmar una segunda entrega de la saga de los Marín...
Nezabudka o Pipi Cardell, la chica inolvidable criada en el Veleta
“Una gran gesta no se consigue de la noche a la mañana”, resaltó Pipi Cardell nada más tomar la palabra ante el auditorio de la Casa de la Cultura Alfonso X el Sabio, en Guadarrama. La alpinista compartió con los asistentes la hazaña lograda el pasado 10 de julio en el Nanga Parbat (8.125 m): la apertura de la nueva vía alpina Nezabudka —“chica inolvidable” en ruso— junto a su compañero de cordada y de vida, Denis Urubko.
Su charla fue algo más que el resumen de una aventura. “De mayor quiero ser como tú”, le confesó Maya, una niña entre el público, al finalizar la conferencia. Aquello la emocionó, porque le recordó el motor de su inspiración: “No perder nunca a la niña que llevo dentro”.
Esa niña interior —o “chica inolvidable” para Denis— ya se había conmovido unos minutos antes, cuando Ramón Portilla, uno de los clásicos del alpinismo español, la sorprendió al coger el micrófono en el turno de preguntas y decirle de corazón: “Gracias por hacernos soñar y por demostrarnos que siguen existiendo personas como tú, que buscan la aventura de forma más pura”.
Ejemplo para las mujeres y para el alpinismo, su manera de entender la montaña y la vida le viene de cuna. Su tía Macu fue la primera que le calzó unos crampones en los Andes ecuatorianos, hace muchos años, mientras en la pantalla aparecían fotos de sus abuelos en las faldas del Veleta (Sierra Nevada). “En 2009 fui a hacer uno de los ochomiles ‘fáciles’ —aunque en montaña no hay nada fácil—, pero me di cuenta del alpinismo que no quería practicar”, contó en la tercera y última jornada de la XII Semana Internacional de la Villa de Guadarrama.
Su gesta —ser la primera mujer que abre una nueva ruta a un ochomil en estilo alpino, cincuenta años después de la pionera de Reinhold Messner y Peter Habeler en el Gasherbrum I (1975)— es fruto de muchas experiencias y, también, de fracasos. “En la montaña hay que saber cuándo decir que no y disfrutar del camino más que de la cima”, enfatizó.
Su salto al alpinismo de alto nivel llegó en 2015, cuando ascendió en solitario al Hombrok (5.470 m), en Pakistán, en total autonomía y por una nueva ruta. A partir de ahí empezó a dar charlas en jornadas de montaña, y en una de ellas coincidió con Denis Urubko. “Tú y yo compartimos la misma visión de la montaña”, le dijo el ruso a la granadina.
Desde ese momento han encadenado aperturas relevantes: la Shashka Route en el Chapáyev (6.371 m) y la Matsoni en el Ushba (Cáucaso) en 2017, el Kashmal en 2022 y una nueva vía al Gasherbrum I en 2023. Este verano afrontaron el Nanga Parbat sin medios artificiales: sin cuerdas fijas, sin porteadores, sin GPS ni teléfono y con renuncia expresa a un eventual rescate. Tardaron siete días en alcanzar la cima, después de superar 33 largos de cuerda, más de 200 metros de corredor expuesto a seracs y avalanchas y unos 300 metros de escalada en ensamble. Exhaustos y sin provisiones, completaron un descenso de 3.300 metros en 12 horas. “El Nanga Parbat es la montaña sobre la montaña”, recordó Cardell citando a Messner. El campo base, a 4.125 metros, es el más bajo entre los ochomiles.
La cordada afrontó además un contratiempo no previsto: la falta de frontal. “Fue un error en el campo base. Solo teníamos uno pequeño de Denis y lo usaba para montar las reuniones. La mayor parte de la subida la hicimos a oscuras”, admitió.
Más allá de las expediciones, la cordada hispano-rusa ha impulsado una escuela de escalada en Skardu, un valle de aguas azules y altas montañas situado a más de 2.225 metros de altitud, en la región norte de Gilgit-Baltistán. “Queremos ayudarles a ganarse la vida como guías. En los ochomiles suelen tener más fama los nepalíes, pero a los gilgit-baltistaníes —muy fuertes y encantadores— no se les ha dado la oportunidad de formarse”, destacó.
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