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El NIL y la ‘nueva normalidad’ del draft de la NFL

La normativa que permite a los universitarios cobrar lleva a muchos a retrasar el salto a la liga. Charles Davies y Jonathan Babineaux analizan el fenómeno.

STACY REVERE | AFP
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
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Lo que se preguntaba el bueno de Joe Strummer en el clásico de los Clash Should I stay or should I go, si quedarse o irse, es la pregunta que desde hace unos años asalta a muchos deportistas universitarios en Estados Unidos. Quedarse un año más en college, una etapa que la normativa NIL (Nombre, imagen y semejanza en sus siglas en inglés) ha hecho muy lucrativa, mejorar y aspirar a ser elegido en una ronda más alta en el draft, o bien dar un salto al profesionalismo que, salvo por un puñado de casos en cada promoción, ni mucho menos garantiza una carrera larga y rentable. Ni siquiera una carrera a secas.

Esas tres letras son resultado de años de litigios entre los atletas y las instituciones educativas que les negaban cualquier tipo de compensación más allá de las becas mientras facturaban miles de millones a su costa (como contó este diario aquí), que terminaron con varios fallos favorables a los primeros. De ahí salió una catarata legislativa que se resume en la posibilidad que tienen ahora de facturar por su desempeño, lo que ha marcado un viraje en la forma en la que se plantea su futuro el talento que debe abastecer a las grandes ligas deportivas del país (NBA, NFL, MLB, NHL, MLS...). Si antes lo normal era que muchos se alistaran a los drafts tras su primera o segunda temporada en la facultad, el contexto actual invita a pensárselo. Y lo que históricamente ha ocurrido con cierta frecuencia en la NBA (ahora lo prohíbe) o la MLB, saltarse directamente la etapa universitaria y pasar del instituto a la élite, el camino elegido entre otros por LeBron James, Kobe Bryant, Kevin Garnett o Sandy Koufax, parece una práctica destinada a desaparecer.

Arch Manning, uno de los mejores proyectos universitarios del fútbol americano, jugará su cuarto años en los Texas Longhorns. Jerome Miron

¿Habría completado Arch Manning, que lleva sonando como número uno del draft de la NFL prácticamente desde que puso un pie en el campus de la Universidad de Texas, todo su ciclo universitario de no percibir los 5,4 millones que el portal especializado On3 calcula que se embolsa en patrocinios cada año el jugador que más partido le saca ahora mismo a las reglas NIL? “Estaba decidido de antemano”, contaba recientemente su padre, Cooper, tras anunciarse que el quarterback no se presentaría finalmente al proceso de selección de este año, que arranca en la madrugada de este viernes (02:00) con la primera ronda (la segunda y la tercera la madrugada del sábado y las cuatro restantes la del domingo, se puede ver todo a través de DAZN). Es inevitable tener cierta impresión de que un jugador de su calibre no habría pasado cuatro años en college hace no mucho.

Este fenómeno ya es un problema para las franquicias, y crecen las voces que lo ponen de manifiesto. “Hay una nueva dinámica con el draft. Los jugadores son más mayores. Empezamos a ver muchos de 24 o 25 años. Empezó con el COVID y ahora se debe al NIL. Los jugadores se quedan en la universidad porque les pagan por jugar allí. Y en cierto modo es problemático para nosotros. Porque tienen menos margen de mejora y al haber jugado más tiempo en la universidad han sufrido más lesiones y tienen más tendencia a lesionarse. Antes de 2024 lo normal era que hubiera en torno a un 4% de jugadores de 24 años o más en el draft, y ahora estamos en el 18%”, exponía recientemente Eric DeCosta, mánager general de los Baltimore Ravens.

Babineaux, a la derecha, con el trofeo de campeones de la NFC conquistado por los Atlanta Falcons en 2016.ERIK S. LESSER

Gracias a una serie de encuentros con medios españoles organizados por la NFL, AS pudo pulsar la sensación que tienen de esta ‘nueva realidad’ tanto Charles Davies como Jonathan Babineaux. El primero llegó a ser firmado como agente libre no drafteado en 1987 por los Dallas Cowboys, aunque no hizo carrera, y desde hace años es analista de la liga para la CBS. El segundo ejerció de defensive tackle para los Atlanta Falcons, equipo ya confirmado para el Madrid Game de este año, entre 2005 y 2016 tras completar una buena carrera universitaria en los Iowa Hawkeyes que le llevó a ser elegido en segunda ronda.

Davies se reconoce “celoso” entre risas. Le habría gustado “nacer más tarde”. Él no vio un centavo durante su periplo con los Tennessee Volunteers. “Bromas aparte, creo que es bueno para el juego que los jugadores tengan la posibilidad de ganar dinero en college. Ahora no tienen que intentar meterse en la NFL antes de tiempo porque su familia o alguien a su cargo necesite el dinero. No tienen esa presión financiera. En muchas formas van a llegar a la liga jugadores más formados, mejores. El problema es que también van a llegar más mayores. Y cuanto más mayor, menor margen de mejora tienes. Si entras en la liga muy tarde puede que consigas dos contratos, pero el tercero igual no llega. Están llegando al draft jugadores con seis o siete años de experiencia en la universidad, que no era nada habitual. La pregunta que se tiene que hacer ahora un jugador es si quiere probar suerte pronto en la liga o permanecer un año más en la universidad, ganar dinero, mejorar como jugador y aspirar a una elección más alta. Personalmente, si deciden lo segundo lo apoyo y lo aplaudo. Creo que al final llegará un producto mejor a la NFL”, apunta, poniendo en foco en el poder para manejar tu destino que ofrece el ecosistema universitario, especialmente desde la implantación del Transfer Portal en 2018 para facilitar la transparencia en los trasvases entre instituciones, que desde 2024 son ilimitados. Eso no ocurre en la NFL, donde el rumbo de cada jugador no solo lo dicta su rendimiento, también las necesidades del equipo. “Si tienes talento y no funciona a la primera, esta liga ofrece más oportunidades, pero entiendo que es complicado porque en college sí tienes la capacidad de decidir a dónde vas”, remata Davies.

Babineaux expone otra arista de la problemática: gente que a menudo procede de entornos vulnerables manejando mucho dinero a una edad muy temprana sin supervisión. “Jugar en el fútbol universitario ahora mismo es prácticamente como tener un contrato y los jugadores están ganando bastante dinero. Para mí, lo más importante es que no tienen, por así decirlo, agentes o personas que les ayuden a tomar las decisiones correctas con su dinero y a gestionarlo, ni a saber cómo ahorrar o guardar ese dinero”, lamenta. “Me habría gustado tener esa oportunidad de jugar y cobrar por ello porque no tienes nada garantizado (en la NFL). Es un deporte muy duro y las lesiones pueden ocurrir en cualquier momento. Es algo positivo que tengan acceso al dinero a una edad tan temprana, incluso antes de llegar a la NFL porque, insisto, no tienes garantizado nada. Es muy difícil y hay muchos factores que tienen que darse a tu favor”, coincide con Davies en que este, les pese o no a las franquicias, es un mal necesario. Podría sanar pronto, en función del recorrido que tenga la orden ejecutiva firmada este mismo mes por Donald Trump para poner coto a esta barra libre de movimientos y dinero en la NCAA. El tiempo dirá.

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