Juegos Invierno | Patinaje de velocidad

Llop cierra el círculo: de no poder andar a patinador olímpico

El español firma una buena serie en su estreno en la cita y acaba en el top-20. Stolz se cuelga su segundo oro con récord olímpico.

Piroschka Van De Wouw
Redactor en Más Deporte
Nació en Madrid en 1995. Doble grado en Periodismo y Audiovisuales por la Rey Juan Carlos. Un privilegiado, hace lo que siempre quiso hacer. Entró en AS en 2017 y se quedó. Salvo un paréntesis en Actualidad, siempre en Más Deporte. Allí ha escrito sobre todo de rugby, golf y tenis. Ha cubierto el British Open, la Copa Davis o el Mutua Madrid Open.
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Nil Llop confirmó este sábado, en su estreno olímpico, que habita en él un potencial medallista internacional si alguna vez el patinaje de velocidad llega a tomarse en serio en España. El catalán de 23 años afrontó en el Speed Skating Stadium de Milán los 500 metros, su especialidad, en la que ha sido sexto de Europa hace escasas semanas y anteriormente plata en los Juegos de la Juventud y los Mundiales júnior. Y dio la cara.

Salió en su serie con el estadounidense Stoppelmoor y le batió con un 34.86 que le metió en el top-20 de la prueba (20º). Medio segundo le separó de ser diploma olímpico en una distancia que, más allá de extraterrestres como Jordan Stolz, se mueve típicamente entre los 34 y 35 segundos. Así que la salida es fundamental, y la de Llop fue buena. Pasó el 100 en 9.75, el 400 (la medida de una vuelta al óvalo helado, como en el atletismo) en 25.11. Trazó bien la última curva y entró en meta con mucho margen respecto a su perseguidor. Mejoró a gente como Joep Wennemars o Cedrick Brunet, de Países Bajos y Canadá, sitios donde el hielo es asunto de estado.

Para Llop esta tarde es la cuadratura de un círculo vital. Porque llegó a estar en peligro su carrera deportiva cuando en 2018, a los 15 años, chocó violentamente contra un árbol mientras patinaba en la calle para no atropellar a un niño que se cruzó en su trayectoria. Se rompió la mandíbula y una mano y perdió durante un tiempo la capacidad de andar, algo que le podría haber hecho una mella irreversible de cara a un deporte en el que un buen tren inferior lo es casi todo.

Llop, pese al accidente y al vacío logístico de un país sin instalaciones para entrenar, lo que le convierte en un patinador errante y a la vez en un deportista admirable como su compañero en estos Juegos, Daniel Milagros, perseveró y ha obtenido recompensa. No solo por alcanzar el sueño olímpico, también porque pudo ser testigo directo de una final épica en la que, la tónica estos días en el recinto, se batieron récords olímpicos.

Primero fue el canadiense Laurent Dubreuil con un 34.26 que le dio el bronce pero no duró ni un cuarto de hora como plusmarca, porque lo mejoraron casi acto seguido los dos contendientes de la manga estrella. La formada por Jordan Stolz, que marcó un 33.77 para hacerse con su segundo oro en estos Juegos (también se llevó el de 1.000 metros), y el neerlandés Jenning de Boo, al que el 33.88 le habría valido para pisar el primer cajón del podio de no mediar el fenómeno estadounidense, que incluso sin una salida súper (la quinta mejor de la final) es capaz de volar por el hielo y, con 21 años aún, va para figura histórica de su deporte.

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