La Super Bowl en la que el pasado se hace presente
Patriots y Seahawks se enfrentan esta madrugada en la 60ª edición de la Super Bowl, en la que Seattle es el favorito y New England busca su séptimo anillo. Bad Bunny será la gran estrella.
En una liga que funciona a ciclos como es la NFL, un día puedes estar arriba y luego estar abajo durante un largo periodo de tiempo. Pero New England Patriots y Seattle Seahawks, que fueron los dos equipos más dominadores en la pasada década, apenas han degustado lo que es estar en los infiernos de la liga antes de regresar a lo más alto. Después de unos años gloriosos, los dos equipos despidieron a su generación dorada, y en lugar de encarar una profunda reconstrucción han sabido regresar a la senda del éxito en un abrir y cerrar de ojos. Por eso, esta madrugada, como en la Super Bowl de 2015, los Patriots y los Seahawks se juegan levantar el trofeo de campeón de la NFL (00:30, DAZN y Cuatro) en una final que ha hecho que el pasado se convierta en presente para ambas franquicias.
Durante la década de 2010, entre New England y Seattle se repartieron siete apariciones en la Super Bowl (cinco de los Patriots y dos de los Seahawks), y entre ambos conquistaron el trofeo Vince Lombardi en cuatro ocasiones (tres y una, respectivamente). Cierto es que los Patriots de Brady fueron más ganadores, pero aquellos Seahawks de la Legion of Boom estuvieron también siempre en la pelea por el anillo. Y para el recuerdo dejaron la final de 2015, una con uno de los desenlaces más emocionantes de la historia, con Malcolm Butler interceptando a Russell Wilson sobre la zona de anotación cuando apenas quedaban 20 segundos. La victoria, milagrosa, fue para los Patriots, que sumaron el cuarto de los seis anillos que ganaron bajo la era de Tom Brady y Bill Belichick. Ahora, aspiran a convertirse en la primera franquicia de la historia que alcanza los siete títulos, con los que desempataría con los Pittsburgh Steelers como los más ganadores de siempre.
Las cosas han cambiado, los protagonistas de la final de hoy en el Levi’s Stadium de Santa Clara son distintos, y también lo es el favorito: las apuestas señalan a los Seahawks, el equipo más completo a lo largo de la temporada. Los de Washington tienen una defensa aterradora gracias a la labor de Mike Macdonald, que apenas lleva dos años dirigiendo al equipo, y el ataque es liderado por Sam Darnold, un quarterback que no es ninguna estrella de la liga pero que está demostrando ser capaz de tomar las riendas de una ofensiva muy eficiente. Para llegar a este punto, a su primera Super Bowl desde la trágica derrota de 2015 y la cuarta en su historia, los Seahawks tiraron todos sus cimientos recientemente. Hace dos cursos se marchó Pete Carroll, entrenador del equipo durante 14 años, los más dorados, y el pasado verano salieron figuras clave como Geno Smith o Metcalf. El soplo de aire fresco ha funcionado para Seattle, que tiene por estrellas a Jaxon Smith-Njigba, uno de los mejores receptores, el corredor Kenneth Walker o los defensores Devon Witherspoon, DeMarcus Lawrence o Nick Emmanwori.
Como sus rivales de esta noche, los Patriots también se vieron obligados a sacudirse del glorioso pasado para despertar. Hace ya seis años que salió Brady, y la búsqueda de un relevo digno costó bastante hasta que hace dos temporadas aterrizó Drake Maye, el gran protagonista de esta Super Bowl, que con 23 años puede convertirse en el quarterback titular más joven de la historia en ganar el anillo. Maye, segundo en la votación a MVP del año, ha explotado esta temporada, la primera en la que Mike Vrabel es el entrenador de unos Patriots que separaron su camino del de Belichick hace dos campañas. Y estos Patriots de Vrabel también se caracterizan por una defensa durísima. Sus opciones pasan por resistir a las ofensivas de Seattle y, sobre todo, necesitarán a un Maye de sobresaliente para poder hacer daño a la defensa rival.
Cientos de millones de personas seguirán un evento deportivo inigualable, la mayor exposición de lo que es el show de la cultura estadounidense. En esta edición, sin embargo, se colará también la hispana, y es que el concierto al descanso correrá a cargo de un Bad Bunny que incluso genera más expectación que el partido en sí. El puertorriqueño, el artista más escuchado del mundo, no deja indiferente a nadie y apunta a protagonizar una actuación que dará de qué hablar en la Super Bowl del nuevo presente.
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